La nave de rescate LINK de la empresa Katalyst Space, que fue lanzada al espacio el 3 de julio pasado con la misión de viajar hasta el observatorio espacial Swift de la NASA y evitar su caída a la Tierra, pero que a finales de ese mes sufrió fallos técnicos que provocaron el giro descontrolado de la nave sobre sí misma, no podrá ejecutar el rescate planeado.
El equipo de Katalyst Space encargado de la misión hizo frente a la crisis enviando una serie de órdenes a la LINK que consiguieron, mediante el uso de uno de los propulsores iónicos de la nave, reducir paulatinamente la velocidad de rotación, hasta alcanzar un valor adecuado.
Además, los ingenieros de Katalyst transmitieron a la LINK una importante actualización del software de vuelo que incluye un nuevo sistema de control de posición, expresamente diseñado para la configuración actual de la nave.
Por su parte, el equipo técnico responsable de la nave Swift aplicó una innovadora estrategia de maniobras con la que consiguió reducir la resistencia al avance sufrida por la nave y ralentizar el ritmo de pérdida de altitud.
La misión de la LINK ya iba contrarreloj, pero ahora, debido a todo lo que ha sucedido, los responsables de la NASA y los de Katalyst han determinado que ya no es factible el rescate previsto.
La LINK sí podrá aproximarse lo suficiente a la Swift como para facilitar una posible inspección del estado de este observatorio espacial, pero ya no podrá afianzarse a él ni elevar su órbita. En consecuencia, la Swift reentrará a la atmósfera terrestre a finales de año, destruyéndose en el proceso.
El satélite astronómico Swift, puesto en órbita en 2004, ha estudiado los estallidos de rayos gamma (las explosiones más potentes del universo actual) y otros fenómenos cósmicos y objetos astronómicos.
















