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sábado, agosto 22, 2026

Resuelven un misterio estelar de treinta años

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Se ha detectado de manera inequívoca un campo magnético que envuelve firmemente el flujo de gas que emana de una estrella en formación. Este hallazgo resuelve un enigma de décadas sobre cómo las estrellas jóvenes dan forma a los potentes chorros de materia que las originan.

La investigación en la que se ha hecho este descubrimiento es obra de un equipo internacional de astrónomos que incluye, entre otros, a Tao-Chung Ching, del Observatorio Nacional de Radioastronomía en Socorro, Nuevo México, Estados Unidos, y a Josep Miquel Girart, del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC) y del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE), dependiente esta última institución del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en España.

Los autores del estudio utilizaron el radiotelescopio ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), del cual es socio el Observatorio Nacional de Radioastronomía (NRAO) de la Fundación Nacional de Ciencia (NSF) de Estados Unidos.

La investigación se ha hecho sobre NGC 1333 IRAS 4A, un joven sistema estelar binario integrado en la nube molecular de Perseo, a unos 960 años-luz de la Tierra.

Un «embudo magnético invisible» hecho visible por el radiotelescopio ALMA

Las estrellas recién formadas crecen atrayendo gas y polvo de un disco de material circundante. Al hacerlo, también expulsan parte de ese material de vuelta al espacio en chorros rápidos y estrechos de materia, y en flujos más amplios y lentos. La ciencia sospecha desde hace tiempo que este proceso está moldeado e impulsado por campos magnéticos que se retuercen formando una especie de embudo alrededor del chorro de materia.

“Por primera vez, estas observaciones del ALMA han captado este embudo invisible de campos magnéticos”, afirma Ching. “Esto es emocionante porque demuestra una teoría de hace décadas sobre cómo nacen las estrellas, como nuestro propio Sol, y cómo emiten potentes chorros cósmicos”, añade.

El equipo ha utilizado la excepcional resolución del ALMA, aproximadamente 30 veces superior a la de observatorios anteriores, para medir la débil polarización del gas de monóxido de carbono que irradia desde el flujo de salida alrededor de IRAS 4A. Esta señal de polarización permitió a los investigadores rastrear la morfología y la intensidad del campo magnético que atraviesa el flujo de salida a distancias de tan solo unos cientos de unidades astronómicas (1 unidad astronómica es la distancia promedio entre la Tierra y el Sol) de la joven estrella.

El equipo descubrió que el campo magnético medía unas pocas milésimas de gausio (modesto en comparación con un imán, pero inmenso en la escala del espacio interestelar) y que envolvía el flujo de salida como una bobina, perpendicular a la dirección del flujo de gas y ajustándose a su rotación. Esta geometría es la característica distintiva de un campo magnético toroidal (o en forma de anillo), tal como habían predicho los modelos teóricos durante décadas, pero nunca se había confirmado directamente con este nivel de detalle.

“Este estudio representa la primera observación y de mayor resolución de campos magnéticos toroidales con una intensidad de miligausio a una escala de cientos de unidades astronómicas desde una protoestrella”, añade Ching.

«Sabíamos que IRAS 4A era un caso de libro: hace 20 años, en un trabajo publicado en Science en 2006, descubrimos que esta región seguía el colapso impulsado magnéticamente que se esperaba teóricamente», señala Josep Miquel Girart, coautor e investigador del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE) y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC).

Esta ilustración muestra el campo magnético en forma de embudo (representado por líneas espirales blancas) que el observatorio ALMA detectó rodeando el flujo de gas que emana de una estrella joven en NGC 1333 IRAS 4A.
Una nueva herramienta para cartografiar campos magnéticos

El equipo también descubrió algo inesperado, que atañe a una relación matemática sencilla, basada en el principio físico conocido como la ley de Ampère, que vincula la torsión del campo magnético con las corrientes eléctricas que fluyen a través del gas. Dado que esta relación sigue un patrón lineal y predecible, ofrece a la comunidad científica una forma nueva y más directa de determinar la dirección de los campos magnéticos en las nubes de gas y polvo donde nacen las estrellas, una medición notoriamente difícil de realizar.

Comprender cómo los campos magnéticos dan forma a las eyecciones estelares ayuda a explicar un paso fundamental en la formación estelar: cómo las estrellas jóvenes se deshacen del exceso de material y momento angular para poder seguir creciendo, en vez de desintegrarse por efecto de la rotación. Se cree que este mismo proceso físico se desarrolla a escalas muy diferentes en todo el universo, desde estrellas recién formadas como la estudiada en esta investigación, hasta los agujeros negros supermasivos que alimentan galaxias lejanas.