Pandora, un satélite astronómico de la NASA que fue lanzado al espacio el 11 de enero de 2026, completó su fase de comprobaciones y ajustes y ahora ya está haciendo observaciones sin precedentes de planetas de fuera de nuestro sistema solar y de las estrellas alrededor de las cuales orbitan.
Pandora tiene por misión observar al menos 20 planetas conocidos en órbita a otras estrellas con el objetivo de determinar la composición de sus respectivas atmósferas, así como la presencia de brumas y nubes.
Los datos que Pandora obtenga ayudarán a interpretar mediciones realizadas por el telescopio espacial James Webb y también muchas de las que se realicen en otras misiones encaminadas a la búsqueda de planetas habitables.
De hecho, el detector en la banda del infrarrojo cercano que tiene Pandora era originalmente un recambio para el Webb.
Es posible analizar a distancia la atmósfera de un planeta cuando este pasa por delante de su estrella, desde la perspectiva visual de la Tierra. Cuando ocurre esto, que se conoce como tránsito, parte de la luz de la estrella pasa a través de la atmósfera del planeta antes de llegar al observador. Este contacto permite a la luz interactuar con las sustancias atmosféricas, y las huellas ópticas dejadas por la química de esas interacciones (descensos de brillo en longitudes de onda muy características) quedan impresas en la luz.
En un tránsito, los telescopios reciben la luz de toda la estrella, no solo la pequeña cantidad que roza el planeta. Las superficies estelares no son uniformes. Presentan regiones más calientes e inusualmente brillantes, denominadas fáculas, y regiones más frías y oscuras, similares a las manchas de nuestro Sol, que crecen, se encogen y cambian de posición a medida que la estrella gira. Como resultado, estas señales cambiantes en la luz observada pueden dificultar la distinción entre la luz que ha atravesado la atmósfera de un planeta y la luz que varía en función del aspecto cambiante de una estrella. Por ejemplo, las variaciones en la luz de la estrella anfitriona pueden enmascarar o imitar la señal del agua, un ingrediente clave que los investigadores buscan a la hora de evaluar el potencial de un exoplaneta (planeta de fuera de nuestro sistema solar) para albergar vida.
Valiéndose de innovaciones técnicas desarrolladas conjuntamente por el Laboratorio Nacional estadounidense Lawrence Livermore y la empresa Corning Specialty Materials en Keene, New Hampshire, Estados Unidos, se ha conseguido capacitar a los detectores de Pandora para que capten el brillo y el espectro de la luz visible y de la luz en la banda del infrarrojo cercano de tal modo que la combinación de datos permitirá al equipo científico determinar las propiedades de las superficies estelares y separar claramente las señales estelares de las planetarias.
La estrategia de observación aprovecha la capacidad de Pandora para observar continuamente sus objetivos durante largos periodos.
En el momento de escribir estas líneas, la nave está en perfecto estado y todos sus instrumentos funcionan correctamente.














