Cada año, los agricultores de todo el mundo gastan ochenta mil millones de dólares en pesticidas para proteger sus cultivos. Estos pesticidas no solo afectan a los insectos dañinos, sino también a las abejas y a las bacterias beneficiosas del suelo. Además, pueden contaminar los cursos de agua y dañar el medio ambiente. Y, cada vez más, se les relaciona con enfermedades como la de Parkinson y el cáncer.
Ante la creciente concienciación sobre estos problemas, los pesticidas elaborados con microorganismos vivos están ganando popularidad. Desafortunadamente, estos pesticidas microbianos suelen ser menos efectivos, lo que obliga a los agricultores a elegir entre el posible daño ambiental y mayores rendimientos de los cultivos.
Ahora, una empresa llamada Robigo, cofundada por Andee Wallace, antigua estudiante del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos, está dotando a microorganismos presentes en la naturaleza de capacidades más potentes para combatir las plagas que afectan a los vegetales de interés agrícola. La empresa se vale de tecnologías como el ARN de interferencia y la CRISPR, más comúnmente asociadas con usos médicos, para obtener microorganismos autorreplicantes que atacan a los patógenos de las plantas con mayor precisión que los pesticidas químicos y con mayor eficacia que otras soluciones biológicas.
“Los pesticidas químicos han sido un pilar fundamental de la producción agrícola durante los últimos 70 años, hasta el punto de que resulta casi imposible imaginar un sistema agrícola sin ellos”, reconoce Wallace. “Pero nosotros buscamos proporcionar a los agricultores nuevas herramientas que permitan un sistema alimentario productivo, resistente, seguro y en equilibrio con el medio ambiente”.
En ensayos de campo realizados en cinco estados de Estados Unidos, la empresa ya ha demostrado que sus microorganismos ofrecen resultados comparables a los de los pesticidas químicos. En uno de estos ensayos, en el que se comparó el producto de Robigo con otro producto microbiano comercial, el de Robigo produjo un aumento del 250% en el rendimiento de los cultivos.













