El exabrupto de Cruz Pérez Cuéllar amenazando con demandar a quienes lo llamen narco-candidato, sirve para ratificar lo que había dicho días atrás; el mote de narco-partido y todas sus derivaciones semánticas será narrativa preponderante en las campañas del año que viene. Con los recientes mensajes a propósito de la ley aprobada por diputados de oposición que definía causales de nulidad cuando el crimen intervenga en elecciones, vetada por la Corte, la gobernadora Campos puso el tema sobre la mesa. Lo retomaron haciendo sonaja Marco Bonilla, Daniela, Álvarez, diputados y otros líderes de Acción Nacional. Es su estribillo.
Supongo que Pérez Cuéllar se percató de la desventaja discursiva e intenta eliminarla de la campaña, cuanto antes. Lo entiendo, estoy de acuerdo con él en tanto que no es un político con fama de criminal ni de ser asociado directo de criminales. A lo más lo han vinculado con el ahora detenido Carlos Velázquez, sospechoso de actividades delictivas que de la noche a la mañana fundó una empresa de limpia para prestar servicio al municipio de Juárez y relacionado mediáticamente con el tema de los narco-túneles. No recuerdo ni conozco más antecedentes.
Las observaciones públicas de corrupción, de las cuales iremos hablando más adelante, son punto y aparte. En cuanto a vínculos criminales objetivos no existen datos suficientes para llamarle narco-candidato. De lo que sí existe abundante información, es sobre relaciones de su partido con organizaciones criminales y de haber realizado las peores prácticas de corrupción conocidas en la historial del país. Cruz Pérez Cuéllar es, en consecuencia, candidato de un partido político cuyos altos integrantes forman parte de grupos criminales y han sido señalados como activos saqueadores del país. El mote de narco partido, no se lo quita jamás, así haya mil prohibiciones legales.
Sin embargo intentan eliminarlo del imaginario colectivo, recurriendo a los órganos electorales para que lo prohiban. Es precisamente lo que buscá Cruz. Difícil, toda prohibición genera un principio de tentación; ah, me lo prohíbes, entonces hago exactamente lo contrario. Infinidad de casos podemos citar, el más reciente y parecido cuando Andrés Manuel López Beltrán, en un momento de angustia por el descrédito social y político, pido que no le llamen Andy. El resultado lo conocemos, Andy te dicen y Andy te llamaremos, fue la respuesta popular.
Hubiese sido más efectivo para el candidato del oficialismo presentar las denuncias sin hacer aspavientos, confiando en recibir una respuesta favorable pues sabe que las instituciones de justicia están a su servicio. Al hacerlo en público y con tono de molestia, deja ver su vulnerabilidad, la misma de su partido; que los vinculen a organizaciones criminales. Ni como quitarse, es la característica principal del partido que lo postuló. Quién debería marcar pauta en la campaña, por ser supuestamente el favorito, empieza reaccionando a provocaciones del adversario.
En el otro lado, el PAN da un primer paso desafiante al anunciar que la ceremonia donde Marco Bonilla protestará el cargo de candadito (no me gustan los eufemismos para darle la vuelta a las leyes, por eso lo dejo en candadito, es lo que son ambos) en Ciudad Juárez. Es una provocación abierta en la plaza que Morena considera de su propiedad, donde el PAN, según ellos, no tiene posibilidades ni siquiera de competir. Ahí les está plantando cara, envian el mensaje de que vienen a reconquistar la Ciudad donde Morena tiene su mayor fortaleza.
Son los primeros movimientos con los dos candidatos destapados, por supuesto, pero el PAN ha dado claramente el primer paso; obligó al candidato de la demagogia a reaccionar contra el calificativo que los desquicia. Estos son hechos objetivos e incuestionables que ahí están para empezar el recuento en la extensa campaña que definirá el resultado, lo apunto porque muchos afirman sobre supuestos extravíos de la oposición, con la narrativa de que están perdidos y no hacen lo que deben hacer. Lo primero que vimos es a un PAN proactivo y a un Morena reactivo, ¿dónde esta el ogro electoral invencible y dónde el opositor perdido?.
Después vendrán las comparaciones edil a edil, de las que también Morena intentará sustraerse. Marco Bonilla fue, por mucho, mejor edil que Cruz Pérez Cuéllar, el trabajo de cada uno habla en Chihuahua y Ciudad Juárez. La capital es una ciudad con orden, obra y transparencia administrativa; Juárez un caos, servicios deplorables y su administración envuelta en abundantes señalamientos de corrupción. Cierro aquí este primer apunte, con el dato de que las encuestas de Morena dan una ventaja de nueve putos y los del PAN sólo de tres. Otras encuestas serias van de doce a cinco puntos para Morena.
Por ahora tampoco estas cifras dicen mucho, la campaña formal ni siquiera ha iniciado. Lo que pretendo decir es que hace sólo unos meses Morena daba por hecho que únicamente era cuestión de tiempo para llegar al gobierno de Chihuahua, hoy la moneda está en el aire según sus propias encuestas. Y, ojo, el oficialismo y su candidato están topados, Bonilla y el PAN tienen mucho por avanzar. En una elección democrática no tengo ninguna duda de que la oposición ganaría con holgada ventaja. Con el arbitro, el dinero y muy probablemente el crimen a favor de Morena, el PAN necesita hacer más esfuerzos de los normales para evitar un fraude que les arrebate un posible triunfo. Abusados, ese fraude ya está en marcha, blindarse de mil maneras, sobre todo en las urnas, es igual o más importante que las campañas en sí mismas.
Rompeolas
















