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miércoles, octubre 14, 2026

La sonda espacial Solar Orbiter rastrea el origen de unas misteriosas estructuras del Sol

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El Sol posee un campo magnético intenso y agitado. Este campo no solo influye en la actividad de la estrella, sino que también es arrastrado hacia el exterior a lo largo de sus líneas de campo por el viento solar, un flujo de partículas cargadas y calientes (plasma) que emana continuamente del Sol hacia el espacio. En su recorrido por el sistema solar, estas líneas pueden retorcerse, romperse o plegarse sobre sí mismas. En conjunto, el viento solar y sus dinámicas líneas de campo generan todo tipo de actividad que puede estudiarse para conocer mejor lo que sucede en nuestra estrella y qué efectos tiene esto en el vecindario del Sol.

Unas enigmáticas estructuras magnéticas descritas como “pliegues magnéticos” han venido siendo detectadas, a menudo cerca del Sol, sin que su origen haya estado nunca claro. Estas estructuras aparecen en el campo magnético del viento solar.

Gracias a unas mediciones realizadas por la Solar Orbiter, unos científicos han conseguido localizar el origen de los pliegues magnéticos.

El análisis de dichas mediciones lo ha realizado un equipo encabezado por Jesse Coburn, del University College de Londres en el Reino Unido.

La Solar Orbiter, de la Agencia Espacial Europea (ESA) y entidades colaboradoras, partió de la Tierra en 2020, con el objetivo de estudiar el Sol.

El Sol, captado por la Solar Orbiter. Hay bucles de campo magnético visibles aproximadamente en las posiciones de las 2, las 4, las 8 y las 10 en punto (imaginando la esfera del Sol como la de un reloj de manecillas).
La Solar Orbiter logró volar a través de uno de esos enigmáticos pliegues magnéticos, escrutando las partículas que circulaban por su interior, y el análisis de sus mediciones ha permitido corroborar la forma de los pliegues magnéticos y determinar su origen.

Las observaciones confirman que los pliegues magnéticos tienen forma de “S”, tal como algunos científicos habían predicho.

Analizando las características de las partículas del interior del pliegue magnético, se ha conseguido determinar que su origen está en la superficie del Sol.

Las partículas detectadas constituyen un conjunto muy específico de partículas cargadas de oxígeno y carbono, que solo pudo formarse de un modo: dentro de tórridos bucles de campo magnético en la superficie del Sol.

Existen dos teorías principales y contrapuestas sobre cómo se forma un pliegue magnético y, por extensión, el viento solar. La combinación específica de partículas detectada por la sonda Solar Orbiter constituye la prueba definitiva de un proceso de formación conocido como “reconexión por intercambio”.

Este tipo de reconexión ocurre cuando interactúan zonas del Sol con propiedades magnéticas diferentes. En la atmósfera solar, las regiones abiertas presentan líneas de campo que se extienden hacia el exterior como autopistas, permitiendo que el material se desplace velozmente a lo largo de ellas hacia el espacio. Las regiones cerradas poseen líneas que inicialmente se proyectan hacia el espacio pero que más adelante se curvan y regresan al Sol, formando bucles cerrados. Cuando una región abierta interactúa con una cerrada, las líneas pueden comprimirse, romperse y reconectarse de diversas formas, permitiendo que el plasma previamente atrapado en un bucle escape hacia el espacio.

Esto es lo que sucedió con este pliegue magnético.

Pero eso no es todo. La teoría alternativa sobre la formación de los pliegues magnéticos involucra procesos relacionados con ondas y turbulencias (del tipo que, según ha descubierto la Solar Orbiter, desempeñan un papel fundamental en el calentamiento y la aceleración del viento solar). “Lo más llamativo es que también observamos indicios de estos fenómenos, aunque probablemente solo una vez que el pliegue magnético se adentra en el espacio”, explica Stephanie Yardley, de la Universidad de Northumbria (Reino Unido) y coautora del estudio. “Una vez que el pliegue magnético se ha alejado del Sol, las ondas y la turbulencia toman el relevo y determinan su movimiento. En conjunto, parece que ambos procesos (el de la reconexión por intercambio y el impulsado por ondas y turbulencias) intervienen en la formación y el desplazamiento de los pliegues magnéticos a través del espacio. Nuestro hallazgo reconcilia ambas teorías, demostrando que simplemente actúan en etapas diferentes de la vida de un pliegue magnético”.