Nunca sabremos que habría sido de México con Cuauhtémoc Cárdenas de presidente en lugar de Carlos Salinas, pero tengo la percepción que hubiese sido un mejor país. Reconozco en él a un político de convicción democrática, sentido de responsabilidad institucional y amor por su Patria. El poder, sin embargo, hace salir del hombre sus demonios más profundos y a Cárdenas no pudimos conocerlo empoderado. Se lo negó el grotesco fraude del 88, la caída del sistema que operó el hoy beatificado Manuel Barttlet, un antes y un después en la vida pública nacional.
Cubrí aquella campaña siendo reportero novato en el desaparecido Novedades de Chihuahua. Pasaba casi inadvertido en las estrechas calles de Juárez, hablaba con vehemencia en reducidos mítines de Parral o Cuauhtémoc, se reunía con pequeños grupos o caminaba por las calles principales de Jiménez, Camargo, Delicias, Cárdenas. Era un candidato casi estoico que no despertaba pasiones, pero él seguía, avanzaba tesonero sin que pareciera importarle hablar frente a tres o trescientos, le daba igual. Supongo que encontraba hosco al norte derechista, aunque no lo demostraba.
En Chihuahua nadie lo conoció mejor que Jaime García Chávez, convencido y sincero cardenista. En la campaña del 94, segundo intento, Jaime me ofreció la exclusiva de subir al camión del candidato y entrevistarlo durante el trayecto entre Chihuahua y Parral. Era la misma campaña, ranchando decían sus detractores, y el mismo candidato, sereno y paciente. En esa gira cerró con mitin en la plaza de Armas, menos de dos mil personas. No pudo hablar por que se derrumbó el templete, sin que nadie saliese lastimado, afortunadamente. Ironías del destino, la estructura se deslizo hacia la derecha y colapsó vencida por el peso de tanto mirón y acomedido sin oficio que logró encaramarse. Lo se porque estuve ahí.
Tengo respeto por Cárdenas, es un símbolo de la democracia mexicana. Viejos como él, Luis H. Álvarez, Heberto Castillo, Porfirio Muñoz Ledo, Diego Fernández de Cévallos, Maquío y otros, contribuyeron de manera determinante a la construcción de la ventana democrática que vivimos los mexicanos del 90 al 2018, espacio entre el autoritarismo priista y el esbozo de dictadura que tenemos hoy. Cárdenas ocupa un lugar destacado entre todos ellos, es parte de la historia, sin aquel fraude no se hubiese precipitado la apertura democrática que doce años después permitió ganar a Fox, otros doce volver al PRI con Peña Nieto y seis más instalar en el poder a López Obrador. Esa es la importancia de aquel momento en el 88 Cardenista, restarle méritos sería mezquino.
Los demagogos populistas de hoy lo elevarán como su héroe, les urge su panteón de figuras públicas propias. Pero Cárdenas era otra cosa y no lo digo porque ya está muerto, durante su vida demostró ser un hombre sensato y muy congruente. Se distanció de López Obrador desde mucho antes de que fuese presidente, conocía su proclividad hacia el autoritarismo y el apetito incontenido de poder. García Chávez me lo dijo un día, cuando faltaban años para que fuese presidente; “López Obrador es un intolerante autoritario al que no se le puede contradecir en lo mínimo, es de los que forman brigadas de incondicionales dispuestos a todo” (no es literal, es lo que recuerdo). Tenía razón, todo México pudo comprobarlo años después.
Registro lo anterior para distinguirlo de López Obrador y de sus radicales, ahora que intentarán subirlo a los altares de la transformación. Rompió con ellos porque también los conocía, tuvieron muchos desencuentros, el más directo cuando el entonces presidente puso a Cárdenas entre los traidores a la Patria. “Vivimos un momento de definiciones y esta ancheta está muy angosta y no hay para donde hacerse, Es estar con el pueblo o la oligarquía, no hay más”, lo dijo declarándolo su enemigo cuando pensó que se uniría al “Colectivo por México”, junto a Vázquez Mota, Labastida, Narro y varios más. Estaba en la borrachera de su poder y todo aquel que disintiera era enemigo del pueblo y por lo tanto traidor.
Cárdenas fue muy decente, no se enganchó en los insultos, criticó al Movimiento por su falta de congruencia. Pero en sus últimos años, todavía siendo diputado de Morena, Porfirio Muñoz Ledo, otro que lo ayudó a empoderarse, habló por lo que no quiso hablar el Ingeniero: “Yo no tenía idea de que Andrés fuera lo que es ahora: un mentiroso porque miente como habla… No responde a un acto de valientes porque es un cobarde”. Ellos son la semilla de Morena y pilar histórico en el triunfo de los radicales que destruyen las instituciones del país. Ambos terminaron reprobando al movimiento y a su fundador; Muñoz Ledo con esas sentencias lapidarias, Cárdenas lamentando la ausencia de rumbo y de proyecto.
Ninguno aceptaría estar en un altar donde los devotos sueñan con poner a López Obrador en la parte superior. lo infiero de sus hechos y palabras que dejaron por legado. No pretendo glorificar a Cárdenas, pudiese también enfocar la conversación desde un sentido crítico. Razones no faltan, solo aquellos héroes de bronce que la historia santificó son totalmente puros, aunque muchos tuvieron vidas pervertidas o siniestras. En el eterno luchador reconozco a un hombre congruente, pausado, con espíritu democrático y amor por México. Con ese Cárdenas me quedo, que Dios lo tenga en paz.
















