A once días de la votación las campañas domésticas se cocinan en su jugo, trascurrían planas hasta que se estremecieron. Desde el debate hacia acá entraron en una dinámica de golpeteo que hizo reaccionar a los más indiferentes, llevando como discurso central los ataques a Maru Campos, candidata del PAN.
Si Fernando Tiscareño, Morena, y Alejandro Domínguez, PRI, se pusieron de acuerdo para cargar contra la favorita en las encuestas, carece de importancia, el hecho concreto es que ambos cierran una pinza intentando reventarla antes del uno de julio.
También es irrelevante si Maru erró la estrategia durante el debate, involucrándose en las acusaciones de sus adversarios, cuando descargaron sabroso con los temas de los recibos. Regresó golpe por golpe, una de sus características, siendo que pudo apechugar y dejarlos hablando sin réplica.
El punto ahora es medir con eficiencia las consecuencias, el impacto real ante los electores. Hacer una valoración objetiva para conocer la realidad del daño, suponiendo que haya impacto en el ánimo electoral.
A estas alturas de la campaña es difícil mover las preferencias, sobre todo por la ventaja de Maru, pues en tan corto tiempo es casi imposible bajar la información hasta los electores pasivos y emplazarlos a cambiar su decisión. Sin embargo dejarán un obvio desgaste y sobre todo secuelas poselectorales, dado que las demandas judiciales seguirán vigentes una vez concluida la elección.
Además de una operación emergente para control de daños, los asesores de la edil con licencia deben concentrarse en los aspectos judiciales, sólo por la siempre factible opción del fuego amigo.
El otro punto a considerar es quién de los dos, Alejandro o Tiscareño, recibiría los votos arrancados a la candidata del Frente, aceptando que algún rendimiento electoral deja la descarga con el tema de los recibos y la inequidad que reclama el candidato del PRI.
Anticipar beneficiarios, suponiendo que los haya, sería un ejercicio especulativo, pero la opinión en la mesa del Mirador es que Tiscareño está mejor colocado para recibirlos, la ola de Morena no reconoce diques y en cambio el PRI arrastra el desprestigio de la corrupción.
El lunes López Obrador ofreció una valoración aproximada de la ola que viene, lo que tanto se preguntan en cafés, cotos y merenderos. Interrogante que produce ansiedad lo mismo en parroquianos de café que en políticos profesionales, los consume la incertidumbre de lo que pueda pasar frente al rumor avasallante del tabasqueño.
Vayan midiéndolo. Si usted pregunta a los morenistas más fervorosos por el número de asistentes al cierre de campaña, dirán exagerando que 25 mil o más; si pregunta lo mismo a los del PAN ningunearán la cifra con una estimación de seis mil o menos. El número es cuestión de una curiosa lógica de percepción según interés y afinidad política.
Una valoración imparcial sería situar la asistencia en la media, para efectos prácticos ponga quince mil, pero también resulta subjetivo, estimar contingentes suele ser oficio ingrato, pues resulta imposible establecerlos con certeza.
Un mejor método sería compararlo con el cierre de Ricardo Anaya, el sábado pasado en el gimnasio Manuel Bernardo Aguirre. Lo llenaron a tope, bien vestido, porras oportunas y suficientes, todo con el valor de la firma, pues poner a su disposición la nómina del gobierno y de varias presidencias municipales es garantía de éxito en cualquier acarreo.
La izquierda, con añosas estructuras como las del antiguo CDP y alguna delegación magisterial, consiguió el lunes llenar la plaza más grande de Chihuahua. Cierto, también movilizaron camiones de Juárez y otros municipios, pero nunca será igual que teniendo al gobierno a su servicio.
Ni Cuauhtémoc Cárdenas en aquella legendaria campaña del 88, cuando colapsó el templete frente a la plaza de Armas, pudo jamás agrupar tal número de simpatizantes en la ciudad de Chihuahua. También quedaron muy atrás los parámetros impuestos por el propio López Obrador en las dos campañas anteriores.
Quiérase o no, guste o disguste, la verdad es que una ciudad conservadora y costumbrista como Chihuahua empieza a rendirse ante el empuje de la ola que viene. Y otro dato, algunos de los dueños del pueblo, aspirantes a dueños, mejor dicho, esperaron más de dos horas a la presidenta nacional de Morena, sólo para saludarla. Aceptaron sumisos tal desatención de la Yeidckol, ni siquiera a López Obrador. Esa realidad sólo un necio podría negarla.
Ahora si la pregunta ¿De qué tamaño será la ola morenista el próximo uno de julio? responda usted, amable lector, los datos objetivos ahí quedan para quién los quiera ver, como se dijo, gusten o disgusten ahí están.
Con la mano en la cintura y sin la menor capacidad de autocrítica, el Fiscal Peniche reparte culpas entre los juzgadores del Poder Judicial, sin mencionar por su nombra a la jueza Fabiola Domínguez, por soltar a un presunto responsable de doble homicidio al que apodan “El Viejón”.
Quieren limpiar su ineficiencia con la jueza que dejó en libertad al sospechoso, siendo que los agentes ministeriales sólo presentaron pruebas para inculparlo por conducir un vehículo robado. Ayuden al juez, proporciónenle elementos para mantenerlo detenido.
En el boletín de prensa, muy orondos, lo presentan como presunto responsable del doble homicidio de barzonistas, dando a entender ante los medios que cumplieron diligentemente con su trabajo, pero ante la jueza sólo entregan basura probatoria ¿Cómo podría mantenerlo detenido?
Mientras Peniche repartía culpas hacia el Poder Judicial, Oscar Aparicio, su jefe de policía, se hacía bolas ante los medios, intentando explicar que no escribió lo que escribió en aquel boletín inculpatorio. “Sólo decía presunto”, mencionó titubante. Pues claro, presuntos son todos hasta en tanto sean declarados culpables por un juez competente.
Un poco de oficio y otro de dignidad para reconocer sus pifias les vendría bien. Hagan correctamente el trabajo, ninguna necesidad tienen de presumir resultados cuando los presuntos son culpables sólo de “oídas”. Sentido común, tratando de levantarse el cuello hacen el papelón y quieren limpiarse con otros.
















