*Campañas de odio y mezquindad

*Loera solo quiere agradar al Tlatoani

*Graciela está lastrada por su partido

*Lozoya reducido a vulgar golpeador

*Brenda Ríos y los nanos no existen

*Áreas de oportunidad para Maru

La feroz persecución emprendida por Javier Corral contra Maru Campos, puntera en las encuestas y candidata de su partido al gobierno estatal, llevó las campañas políticas por el rumbo de la diatriba y la descalificación, desproveyéndolas de ofertas de gobierno. Son campañas de odio y mezquindad.

Vea usted las narrativas de los candidatos y en ellas sólo encontrará superficialidad, ocurrencias, golpes desprolijos sin sentido práctico. Estamos ante una suerte de confianza colectiva de los candidatos opuestos al PAN, esperando el momento en que Javier Corral les haga el favor de “dar el gran y definitivo golpe contra Maru”. A eso están atenidos.

Uno esperaría que esa ausencia de oferta política y la distracción de Maru defendiéndose del gobernador ¿panista?, fuese aprovechado por Juan Carlos Loera, candidato de Morena, habida cuenta de que es el único de los competidores de oposición con números competitivos, según encuestas.

No fue así, no ha sido al menos hasta hoy. En cada declaración, acto, anuncio, Loera da la impresión de que su prioridad única es congraciarse con López Obrador, sin tener en cuenta que busca el voto de los chihuahuenses para ser gobernador, no representante sumiso del Tlatoani. Su campaña está pensada en agradar al Presidente, no en convencer a los chihuahuenses.

Cuando presentó, muy al inicio de las campañas, el programa de trabajo, no hizo más que trasladar a Chihuahua los ofrecimientos de programas asistenciales implementados por López Obrador, una especie de réplica miniatura de la “oferta” que hizo el hoy presidente en 2018. Encima hizo la presentación de su proyecto con el mal tino de no convocar a los sectores de la sociedad chihuahuense, quienes obviamente no le importan o quizás hasta desprecia.

Graciela Ortiz, una de las políticas más experimentadas y profesionales de Chihuahua, está lastrada por el estigma de corrupción con que anteriores gobernantes –Peña, duartes y compañía- dejaron al partido que representa. Posicionarse como alternativa creíble es, para ella, ahora mismo una tarea titánica.

También desaprovecha la oportunidad Alfredo Lozoya, candidato formal de Movimiento Ciudadano y fáctico de Javier Corral. Se presentó ante los electores como una tercer opción viable, pero terminó oficiando de vulgar golpeador y palero ineficaz de Morena y el gobernador. A eso quedó reducido Lozoya, a un marrullero de barriada obsesionado contra la candidata del PAN.

De Brenda Ríos y los otros nanocandidatos ni hablar. Brenda terminó demandando a la presidenta del Verde, María Ávila -¿Todavía es presidenta? No se sabe- por amenazas y otras linduras. De los otros apuntados en la boleta para gobernador, la gente ni siquiera sus nombres conoce. Ninguno forma parte de la contienda.

La incapacidad de Loera, la marca de su partido que arrastra Graciela, los rencores e inexperiencia de Lozoya y la ausencia de los candidatos presenciales, paradójicamente genera áreas de oportunidad para la candidata del PAN, Maru Campos, la que se supone más distraída defendiéndose de la persecución.

Los hechos ahí están, lo que hemos visto en el primer mes de campaña es que sus adversarios están más distraídos que ella esperando verla caer, confiados en que la desgracia política de ella, sea su éxito. Conductas así, Artemio Iglesias las describía con una de sus muchas frases: los enanos quieren crecer cortando las piernas de sus adversarios.

Si en la segunda parte de su campaña Maru consigue posicionar una narrativa de sincera y pertinente propuesta política, que incluya obras, alternativas de solución contra la implacable deuda, medidas de control para mitigar la creciente violencia, soluciones a los gravísimos problemas en salud –Pensiones Civiles es una vergüenza- habrá dado un paso seguro y definitivo hacia el triunfo.

El segundo mes, mayo, empieza en sólo unos días y pasará rapidísimo, aprovecharlo convenciendo a los electores de que conoce los problemas de Chihuahua y tiene propuestas de solución, pondría a la candidata del PAN en otra categoría, en un nivel que obviamente sus adversarios no tienen, o no pueden mostrar.

Ahí está el gran reto de Maru hacia la segunda parte de campaña; desmarcarse de las mezquindades de sus adversarios y mostrar estatura, capacidad ejecutiva, compromiso con éste Chihuahua tan golpeado por el Centro. Veremos, la campaña avanza de prisa.

Y si, también está para los políticos profesionales como Graciela Ortiz, en su caso con la enorme dificultad de caminar cuesta arriba sobre una pendiente de 60 grados o más, arrastrando el desprestigio de su partido. Pero se trata de retos ¿qué no?. Siempre he dicho que Graciela es una mujer bien plantada, inteligente y comprometida. Ella sabrá hasta donde puede llegar y en su momento tomar la decisión más importante de su vida; morir en el intento o adosar sus activos al mejor proyecto para Chihuahua.