*Demonizó a la clase media y se hizo bolas

*Perder la Ciudad de México lo desquició

*¿Narcoestado? ¿Narcodemocracia? Híjole

*De corrupción e incongruencias; Corral

*Pelean por ver cual priista es más panista

El presidente López Obrador quedó tan contrariado con la derrota de Morena en Ciudad de México que, ofuscado, responsabilizó a la clase media sin reparar en las consecuencias mediatas. En su primer declaración poselectoral la demonizó calificándola de aspiracionista, egoísta, que pretende triunfar a cualquier precio. Después dijo que la transformaría para liberarla de sus ataduras individualistas y pecaminosas, y ahora las hace responsables de las dictaduras de Hitler y Pinochet, dos de las más condenadas de la historia. Hasta allá llegó.

Lo desquició la derrota y en lugar de una sincera autocrítica, busca responsables entre quienes están inconformes con la forma como conduce al país; se dejan manipular por sus enemigos, justifica. Perdió el enfoque, está seguro que puede seguir ofendiendo a una amplísimo sector de los mexicanos, ciertamente con aspiraciones legítimas de progreso y deseos de superación, sin sufrir desgaste mayor en lo único que parece importarle, incluso más que “los pobres”; su popularidad.

Puede que la clase media alemana haya votado por Hitler y si quiere usted también por Pinochet, quien llegó vía golpe militar. Concedámosle razón. Pero en consecuencia es  igualmente cierto que la clase media mexicana sacó al PRI de los Pinos con Vicente Fox, que doce años después lo hizo regresar con Peña Nieto y le negó una oportunidad más, volcando abrumadoramente su apoyo a López Obrador. Cuando recibió su voto era una buen clase media, cuando se lo negó es ignorante, el peor demonio.

Sin la clase media jamás hubiese sido presidente y en manos de la clase media está que su régimen perdure o desaparezca ¿Por qué golpearla, es como darse un balazo en los dos pies?¿Hasta dónde quiere llegar con el tema? No se, pero sospecho que esta vez, como otras, muerde más de lo que puede engullir, demostrando falibilidad en su fortaleza para leer correctamente al “pueblo”.

A los miserables empobrecidos que subsisten con dos dólares diarios, millones en todo el país, puede comprarlos con la dádiva del asistencialismo. También acordar con los grupos fácticos de poder, incluidos los que usted quiera. Pagar muy bien a sicarios electorales para que revienten urnas o las rellenen, según el interés particular. Pero la suma de esos votos espurios jamás doblará la voluntad de la clase media, una vez propuesta a detener sus arrebatos de poder. Con declaraciones así, lo veo como veía él a sus adversarios en los primeros meses de su gobierno; moralmente derrotado.

Rompeolas

En una entrevista con Loret de Mola –Latinus- los presidentes de los tres partidos de oposición -Cortés, Moreno, Zambrano- concluyeron que vivimos en un “Narcoestado”. Citaron ejemplos sobre lo que aseguran fue una intervención brutal del crimen en las elecciones, particularmente lo que tanto se ha comentado, los estados del Pacífico. Entrevistado por Ciro Gómez Leyva, Silvano Aureoles, gobernador de Michoacán, dijo que vivíamos en una “narcodemocracia”, proponiendo anular la elección y, como los lideres partidistas, citó sus propios casos para fortalecer la tronante declaración. Son acusaciones muy serias pero en ellas existe pertinencia, desde Palacio Nacional encuentran asidero: “abrazos no balazos”, suelten a Ovidio, ya leí su carta señora Guzmán, “se portaron mejor que la delincuencia de cuello blanco”. Híjole, es gravísimo lo que vivimos, prefiero pensar que estamos en una pesadilla, pero la realidad nos despierta, a menos de tres años del régimen amoroso con el crimen, han asesinado a casi 90 mil mexicanos, la peor ofensiva de muerte desde la Revolución Mexicana. ¿Narcoestado? ¿Narcodemocracia? Ay nanita, de ser cierto ni Malverde nos libra.

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Las últimas y desesperadas declaraciones, escritas y verbales, de Javier Corral son inconsistentes con su actuar. Lo de que se siente indignado y traicionado es un reflejo de su profunda soledad, ve las debilidades del otro pero jamás las suyas. Lo que dijo en una estación de radio en México, que nunca lo verán apoyando la corrupción, también choca de frente con su actuar.  Personalmente alentó, promovió, uso recursos públicos, bueno casi era coordinador de la precampaña de Gustavo Madero, en la interna del PAN, conociendo la cuestionada fama pública del senador. Apoyó con todos los recursos humanos y políticos que pudo a Madero sabiendo que es el ideólogo de los moches, autor intelectual y material de esa practica corrupta que tanto dañó al PAN. ¿Es Javier la medida de la corrupción? Por lo que dice uno pensaría que si; por lo que hace da pie a que hablemos de hipocresía.

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Su genética no los ha traicionado, nacieron del poder, se formaron en el poder, se consumieron en el poder y ahora su mayor deseo es seguir al amparo del poder, a cualquier precio. Es curioso ver como los priistas que disputan el control –no necesariamente la dirigencia- hoy discuten por ver cual entre ellos es el más panista. ¿Ponemos nombres? Es innecesario, como los destinatarios de la indignación corralista, ellos saben quienes son. Si de verdad quieren rescatar al partido y darle cierta viabilidad electoral, deben hacer un esfuerzo democrático y abrir la elección a su militancia, desde el CEN hasta los CDE y los comités municipales. Difícil, el son de la democracia y la transparencia no lo tocarán, antes despedazarse entre ellos que ver a sus enemigos internos ganadores en una interna de piso parejo. Es el nuevo PRI, una especie de sector tricolor del PAN.