La oposición, así en general, no sabe como reaccionar frente a la Revocación del Mandato, planteada como exigencia por el presidente López Obrador. En realidad está confundida ante muchos otros atropellos presidenciales, pero con la Revocación en particular están aturdidos o así parecen, no saben ni de que forma empezar a discutirla. La toman desde el punto de vista legal por que no hay reglamentación secundaria ni puede ser retroactiva; desde la óptica electoral por que en los hechos reducimos el periodo presidencial a tres años; desde una visión mercantilista, que cuesta demasiado.
Reglamentaciones, leyes, saturación de elecciones, dinero es lo que al presidente menos le importa. El ha dicho que habrá Revocación de mandato y habrá revocación, es la mayor prioridad –más que las refinerías, el tren, el aeropuerto- de su gobierno antes de las elecciones. ¿Qué presidente buscaría, exigiría y pondría todo su poder para conseguir un referéndum ciudadano que defina si continúa o deja el cargo?. Ninguno, todos quisieran permanecer ahí hasta la muerte, a menos que en la exigencia suponga una trampa.
Y en éste caso la supone: López Obrador habla de “revocación”, cuando piensa en “ratificación”, en ello va la última carta antes de renunciar definitivamente a su pretensión de reformar la Constitución con fines reeleccionistas. Que no puede, los diputados cuando se compran con dinero salen baratos y regalados cuando los amenazas con prisión.
También sabe que la reelección añorada está cada vez más lejana, por eso el otro propósito es mantenerse en perpetua campaña alimentando la narrativa del odio con apelaciones al pasado neoliberal corrupto de “intereses creados”, polarizando a la sociedad como instrumento electoral, de modo que pueda llegar a la elección del 2024 con la suficiente fortaleza para heredar la silla a cualquiera de las juanitas, usted ponga los nombres.
La revocación viene, como las clases presenciales, llueva, truene o relampaguee. ¿Suponen los dirigentes de oposición, partidaria y empresarial, que tendrían la oportunidad de ganar en las urnas esa batalla? Habría que ser ingenuo hasta el otro lado de la acera para responder que si. Esa elección la ganará López Obrador así tenga que “taquear” todas las urnas del país. Es un hombre profundamente antidemocrático que jamás apostaría su “paso a la historia” si existiera al menos una mínima posibilidad de perder.
Esta realidad política del país, la de un presidente con aires de dictador populista que reduce toda acción – absolutamente toda, ha dicho Carlos Urzua- del gobierno a su personal interés electoral, al suyo no al Morena, debe ser cabalmente asimilada por la oposición. Lo primero que necesitan hacer es elegir lo que, a mi juicio, son únicamente las dos alternativas viables para enfrentarlo: o dejarlo solo con su fiestecita o sumarse a ella y brindar juntos.
Sabiendo que serán derrotados, una respuesta pertinente es ignorarlo, igual que durante la consulta de los presidentes, y que gane el Si por el 99 por ciento, da igual. Esa victoria, así tenga diez o quince millones de votantes, dudo que lleve más, le sabría profundamente amarga. Él mismo desea que se unan en su contra, se los ha pedido, los provoca para que se enganchen. Una respuesta inteligente sería exactamente lo contrario, dejarlo sólo.
La otra que también pudiese tener pertinencia, es tomar una parte activa en la consulta… a favor del SI. Que, por ejemplo, los presidentes de los partidos opositores; PAN, PRI, PRD –Movimiento Ciudadano es una incógnita-, los referentes de la Iniciativa Privada, empezando por Claudio X. González, y los líderes de opinión que pública y consistentemente rechazan su populismo como forma de gobierno, se declaren a favor del SI, con el argumento de que lo elegimos a seis años, no a tres. ¡Para una pelea se necesitan dos! ¿Cómo podría reclamar triunfo, si la oposición lo acompañó en el SI?.
Hay tiempo para valorar consecuencias de cada una, o explorar otras. Pero tenga presente que si lo confrontan saldrán derrotados, vapuleados y solo conseguirán darle gusto, servirle de sparring. Es de lo que pide su limosna. Serenos, tengamos presente que el 2024 llega muy pronto y entonces si, cartucheras al cañón.
Rompeolas
El Hospital Central es una analogía de la administración Corral. Le había dicho que lleva casi un mes sin techo, desde que aquella tormenta levantó las láminas. Bien, pues hace una semana se fue la luz durante algunas horas y no pudieron encender las plantas eléctricas de emergencia por falta de mantenimiento ¡Tenían años sin voltearlas a ver! Ya imaginará a enfermeras, médicos y personal de salud haciendo hasta lo imposible por resolver manualmente las emergencias en quirófano e intubados del Covid. Sin techos, el archivo destruido, sin mantenimiento, medicinas ni instrumental médico. Es un caos, es más, no tienen hilos de sutura. Consecuencias de un gobernador negligente que no tiene la menor idea de sus responsabilidades.
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Quienes forman parte de la transición de la Fiscalía están horrorizados por la precariedad económica con que opera la Institución. Ven la ominosa amenaza de que los sistemas digitales, incluidos los gps de las patrullas –no hace mucho la empresa arrendadora las detuvo por pagos retrasados, le debían 70 millones- paren el primer día del nuevo gobierno, por falta de dinero. Dicen que no dejarán ni para gasolina, es más que las nóminas no están garantizadas y que los proveedores empiezan a irse por la vía legal. Se pregunta uno si el escenario es tan catastrófico como lo presentan o una exageración, por que de ser cierto Roberto Fierro –¿futuro Fiscal?- tendría un fin de año de pesadilla, hablamos del área más delicada del gobierno y usted ya sabe, a los males les sobra dinero y aprovechan cualquier hueco para incrementar sus emporios criminales.
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Rigoberto Machado, conocido en el sindicalismo de Salud como “el vulgarcito ladrón”, comparándolo con Duarte, el vulgar ladrón, ha tenido la osadía de ir comentando por ahí que ya propuso Secretario de Salud –guardo el nombre del propuesto por que igual es mentira y la quemada nadie se la quita- y que tiene la entera seguridad de que su propuesta prevalecerá, pues “Maru se la debe”. ¿¡Qué le deben qué!? Es lo que dice el insensato, que se la deben. Durante la campaña no hizo más que simular y antes de las definiciones apostó por Cruz Pérez Cuéllar e intentó acercarse a Loera y ahora viene con que será él quien ponga Secretario en Salud. Cada quien sus asuntos, así que ya saben los interesados en la Secretaría, hagan antesala en la oficina de Machado, será quien palomee el nombre del secretario. Jajajajajaja, hay que verlos.

















