*¿Cisma en la 4T hacia el 2024?

*Intocado el poder del Tlatoani

*A dónde irán Ebrard y Monreal

Cada que López Obrador hace un gesto, un comentario mañanero, cualquier iris relacionado con la sucesión presidencial, abundan análisis mirando al 2024. El más reciente anteayer, cuando le preguntaron si Claudia Sheinbuam era su favorita. Su primer reacción fue la risilla cómplice, seguida de un no tengo favorito ni favorita, el candidato será decidido por encuestas.

Después, recordando la interna del 2012 cuando Marcelo Ebrard lo dejó pasar, hizo una critica a quienes rechazan el método o los resultados: “Yo gané la encuesta –la del 2011-, con poco margen, pero la gané, y él –Marcelo- aceptó el resultado, cosa que no es fácil, sobre todo en ambiciosos vulgares, que soy yo o hay conflicto, o me voy de candidato”.

Esta critica, “ambiciosos vulgares”, ha sido atribuida a Ricardo Monreal, único integrante de Morena que rechaza públicamente las encuestas como método electivo. Entrevistado minutos después, el senador zacatecano mantuvo su postura de no a las encuestas, considera que están agotadas, exigiendo elecciones primarias.

El fugaz episodio, uno de muchos que veremos en el curso de la designación, ha sido considerado por algunos observadores como un cisma en Morena. Estoy en desacuerdo, es a lo más una pequeña, minúscula fisura en la 4T. El mismo Monreal cerró su comentario en tono de sumisión: “la opinión del Presidente de la República siempre es muy fuerte. Por eso nosotros –Él, Monreal- nunca vamos a confrontarnos con el Presidente, nunca vamos a apartarnos de una opinión de él.

Hasta ahí los hechos mas recientes, que antecedidos por declaraciones de Monreal diciendo que estará en las boletas y la exigencia de piso parejo que también reclama Ebrard, simulan un tenue intento por arrebatar a López Obrador la facultad de elegir a su sucesor(a), apalancando en el poder presidencial. Son apenas tenues expresiones de dos que siguen en la dinámica de lealtad ciega.

El liderazgo de López Obrador, como el de cualquier otro dictador, no se discute ni dentro ni fuera de su entorno, en su caso la 4T. Supongo que irá perdiendo fuerza de manera inversamente proporcional al avance de su administración; más cerca el fin, menos poder; menos poder, mayor rebeldía. Es una condición política inherente al cargo, veremos como evoluciona.

Su definición por Claudia Sheinbaum es obvia, siempre que no consiga reelegirse. Monreal, que no se chupa el dedo, tiene claridad de la definición, sabe inequívocamente que no está en los planes presidenciales ¿Por qué los matizados berrinches? Hay solo dos respuestas posibles: o prepara su salida de Morena, buscando alternativas en otros partidos, o mide fuerzas tratando de ser incluido en la mesa principal de las negociaciones; la Ciudad de México. Ahí es donde lo veo. Ofreciéndole la silla de Sheinbaum aflojan todas las cuerdas de su voluntad.

Monreal ya se arrugó una primera vez. En 2018 era el mejor posicionado para la Ciudad y López Obrador –las encuestas- prefirió a Sheinbaum. Luego de tres días negado a responder llamadas, lo conformaron prometiéndole la coordinación del senado, cargo que hasta hoy ocupa ¿Por qué aceptar que ahora si van en serio? La moneda de cambio es muy apetecible para suponer que la dejaría ir.

Marcelo Ebrard está en mejor posición. Primero tiene una factura por cobrar; en 2011 abandonó, presumiblemente a recomendación de Manuel Camacho, la candidatura en favor de López Obrador. Ahí está un sólido argumento para exigir reciprocidad. Segundo, su perfil de izquierda fifí embona sin forzarse con el gran capital mexicano y está en línea con los intereses del Imperio.

Podemos citar una tercera: para él es el 2024 y no fue. A diferencia de Monreal, no hay moneda de cambio atractiva que lo haga dudar. Esa triple condición, administrada con carácter e inteligencia, lo coloca en circunstancias favorables para encabezar el gran movimiento ciudadano contra la dictadura populista, que buena parte del país espera.

¿Qué harán? o mejor pregunto ¿Qué hará Marcelo y que hará Monreal, pues ahora van juntos pero después quien sabe? Imposible saber, sólo recordemos que ambos se arrugaron antes. ¿Cisma en Morena? Ni de chiste, el Tlatoani sigue ejerciendo en feroz control, tan feroz que hasta hoy, a dos años de las decisiones, ni sus más grandes opositores internos se atreven a contradecirlo, sabiendo que no están en sus planes. “Nunca se apartarían de una opinión de él”, así o más estaliniano el control.