El despertar del naufragio en la novela ‘Salando el río con una cucharita’

CIUDAD DE MÉXICO.

Con la publicación de la novela ilustradaSalando el río con una cucharita el escritor Jorge Luján (Argentina, 1943) explora temas como el bullying, la violencia, el secuestro y el suicidio, con la crudeza del mundo real, pero con una mirada esperanzadora.

Se trata de una novela de aprendizaje, ilustrada por Pablo Auladell, donde brotan los sentimientos soterrados; es un regalo para nuestro niño interior construido con ironía, humor y ternura, donde el autor despliega una narración llena de asombro en esa transición de la infancia a la adolescencia, en una realidad delirante y en un mundo diseñado por adultos entre lápidas e inscripciones enigmáticas.

Esta historia nace de una recopilación de sucesos y personajes que me tocó conocer, quienes están teñidos de la idiosincrasia latinoamericana; es mi deseo de rescatar de la memoria a esos personajes”, explicó.

El relato cuenta la historia de Turi y su sentido de la amistad con Ernesto, “que combina el despertar sexual y el arrebato que le provocan las formas femeninas, porque no entiende qué le está pasando a su cuerpo en relación con todo eso y también el amor a Ana Mar, una niña que de pronto le hace un lugar en ese mundo pequeño, pero transparente de  los pueblos chicos.

Porque en esos lugares cada historia tiene nombre y apellido, y los sucesos afectan de manera contundente a la gente que los rodea, incluso a los que sólo comparten el hecho de ser habitantes de esos pueblos. Todo tiene que ver con una especie de tesoro escondido puesto al servicio de la literatura”, apuntó.

¿Qué refleja el relato de nuestro presente? “Siento que es un diálogo con un pasado no tan remoto, en el que los niños eran malcriados –por lo menos los de clase media y de gente con una preparación más o menos sólida–, a quienes se les arruina al querer darles todo.

Hablamos de niños náufragos, a quienes les sucede lo mismo cuando los atiborramos de aspectos del mundo adulto, porque el niño no puede acoplarse a un mundo adulto, incomprensible e injusto, que lo margina y que le va dejando huellas irreversibles que después se relacionarán con la manera de enfrentar el mundo”.

Además, el libro contiene capítulos escritos en letras itálicas para permitirle al protagonista una doble voz narrativa. “Cuando estamos en esos capítulos con itálicas, la intención es reflejar su intención irónica, humorística y surrealista. Mientras que cuando aparecen las letras normales tenemos a un ser palpitante y sin protección”.

Lo que demuestra un desdoblamiento del personaje y que la ironía también es una forma autoprotección que nos permite superar traumas, abundó, “porque eso le permite despegarse un poco de su yo interior, mirarlo desde afuera y así la realidad se vuelve más llevadera”, destacó.

Así que esa mirada irónica y en ocasiones surrealista compensa y da un equilibrio necesario al niño y permite una doble visión de los mismos hechos.

¿Decidió mostrar a un mundo adulto que no muestra sensibilidad por esos niños en transición a la adolescencia? “El tema de la familia es difícil y los demás personajes que aparecen en este relato son disruptivos y disfuncionales, como el tío poeta que no se inserta en ningún lugar, por lo que huye y termina encerrado la mayor parte de su vida en un asilo  para enfermos mentales.

También tenemos a Camila, quien llega aparentemente del Caribe. Es una mujer hermosa que tiene la capacidad de sembrar esperanza en quienes le rodean, pero el mundo no la acepta, así que la secuestran la violan y la matan; o la maestra Lucy, quien tiene la capacidad de respetar y escuchar a los niños, aunque entre líneas vemos esa mezcla de amor y deseo de lo inalcanzable para el protagonista”, explicó.

Jorge Luján es autor de Dormir sin almohada, El jardín de las formas, La X mágica de México, Palabras con manzanas y Con el sol en los ojos. Ha publicado cerca de 50 libros de poesía, cuento, novela, cómics, traducciones y sobre todo álbumes para niños, ilustrados por Isol, Mandana Sadat, Piet Grobler, Chiara Carrer y Linda Wolfsgruber, entre otros.