*La compleja relación gobernador-edil

*Hablar sin intermediarios, la clave

*Corral camina bordeando el abismo

*Revocación, la polarización total

*Indigna estupidez de la estatua

*Sin vacuna hoy sería una catástrofe

Cualquiera en el mundillo de la política doméstica sabe de la compleja relación gobernador-alcalde capitalino. Es difícil por definición política: el edil busca afianzar un liderazgo propio que le permita fortalecer sus aspiraciones hacia la gubernatura; el gobernador hace lo necesario por que nadie rebase su autoridad o brille más. En esa relación jaloneada tienen la necesidad de convivir todos los días y encima soportar un abrumador murmullo alimentado por otros actores políticos, cada uno con sus propios intereses, perversidades y maquinaciones.

En los ejemplos más recientes vimos a Fernando Baeza distanciado de Mario de la Torre y de Torres Medina. Patricio Martínez, edil, desafió a Barrio, ofreciendo cambiar su fortuna por la de su hermano Federico. Patricio, gobernador, intentó frenar a Reyes. Reyes encarceló a Juan Blanco, quien lo confrontó en ridícula competencia. César Duarte quiso encarcelar a Marco Adán Quezada. Corral desplegó una feroz persecución contra Maru Campos. Hasta en afines prevalecen obvias diferencias, como las de Duarte con Garfio y las de Patricio con Barousse.

En esa relación, ajustadas las cuentas, suele haber ganadores y perdedores. Baeza perdió con Macías mientras Mario y Fito acababan con su carrera política. Patricio se impuso sobre Barrio, aunque el gran perdedor fue Galindo, pues después Barrio llegaría al gabinete presidencial. En una sabia lectura política, Patricio abrió paso a Reyes y los dos resultaron ganando, después uno sería senador y otro miembro del gabinete. Con Reyes el gran perdedor fue Blanco, canceló su posibilidad de ser diputado y eventualmente gobernador. Duarte y Marco Adán perdieron los dos, uno está detenido y otro vio mermadas al máximo sus posibilidades electorales. Maru despedazó a Corral, sin que a la fecha esté saldado el episodio.

Otro apunte es que la relación transcurre en medio de las más variadas voces de otros actores preponderantes con agenda e intereses propios. Hablo de diputados, senadores, funcionarios, compañeros de partido, empresarios, periodistas, amigos, compadres, parientes y metiches, todos con su interés particular generando las más variadas versiones sobre un mismo hecho. Intentan acomodar la realidad a sus deseos. Cuando se lo proponen, los profesionales de la intriga hacen daño en serio.

Por más afinidad que haya entre gobernador y edil, caso actual, transitar sin sobresaltos es imposible, hablamos de dos personajes de alto perfil y diferentes intereses; uno que ya es y otro que pretende ser. Pero hay formas de llevar la relación sin que se saquen los ojos, la clave está en establecer comunicación directa, sincera e institucional. Directa por que los intermediarios suelen introducir ruidos innecesarios, muchas veces con ánimos de confrontar; sincera por que necesitan generar confianza mutua que les permita resolver las diferencias rápido y sin rencores; e institucional por que se trata de dos autoridades formalmente electas, ambos con responsabilidades constitucionales.

La relación entre Maru gobernadora y Marco edil no será diferente, por más cercanía y amistad que exista entre los dos. Desde luego es el presidente municipal quien tiene la obligación de suavizarla, de avenirse a los modos y condiciones de la gobernadora. La necesita hasta como estrategia, sin su respaldo político difícilmente trascenderá en el futuro inmediato. Lo de Maru contra Corral fue un garbanzo de a libra, dudo que ésta y la próxima generación de chihuahuenses vean a un edil chihuahuita llegar contra la voluntad del gobernador, como llegó Maru contra Corral. Marco Bonilla entiende muy bien, hará hasta lo imposible por mantener la relación estable y a la vez hacerse notar. En eso radica la inteligencia política, en dar todo el crédito a la gobernadora sin mengua de su brillo personal.

Rompeolas

La gran farsa de la revocación –ratificación para el oficialismo- es que nadie fuera del presidente López Obrador la está pidiendo. Es tan absurdo que carece de toda lógica: tardé dos décadas en llegar al poder y cuando llegué, al segundo año –sin que nadie lo pida- exijo a gritos que me hagan una votación para ver si el pueblo quiere que continúe o que me vaya. Si no fuese por las oscuras motivaciones, estaríamos frente a un hecho demencial, ridículo, una caricatura barata, mala broma. Pero como bien sabemos, la broma oculta una realidad que sólo su promovente conoce. Queremos y necesitábamos la figura, desde luego, para que sea utilizada cuando el pueblo la solicite, no para que un presidente con ínfulas de autoritario y rasgos esquizofrénicos la use con fines de propaganda electoral para su partido, autoelogios populistas o, peor, aviesas intenciones reeleccionistas. Una estrategia de oposición inteligente sería dejarlo con su jueguito o, mejor, acompañarlo dando el si, pues nadie fuera del radicalismo FRENNA quiere que se vaya antes de tiempo. Eso sí, que en su locura no arrastre al IFE, todos los que tenemos sentido democrático debemos defenderlo.

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Javier Corral está caminando sobre el borde del abismo, desafiando al destino. Se pavonea en la ciudad asumiéndose inmune a sus pecados del pasado reciente o confiado en un blindaje político del que no lo ha provisto López Obrador. Hasta donde se sabe la Fiscalía de Fierro le prepara algunos guardaditos y en cualquier momento lo llamarían para que se presente ante la Justicia. Es más, a juicio de algunos la Fiscalía va tarde, pues elementos para proceder en su contra sobran y de no hacerlo pronto en un descuido se les escabulle entre inmunidades diplomáticas. El tiempo empieza a ser un factor importante.

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Cara le salió al edil de Atlacomulco, Roberto Téllez Monroy, la indigna estupidez de la estatua. Se le hizo fácil desviar recursos públicos para “hacer la barba” –en el barrio de las chivas los llaman lambiscones- al presidente y le mandó levantar su estatua. Furtivamente, al otro día de puesta la plebe la descabezó y bajó de pedestal. Ahora esta custodiada en la comandancia de policía, sin cabeza y sin pies. Macabra parodia de un sexenio que, para muchos mexicanos, tampoco tiene pies ni cabeza.

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Bendita vacuna, el virus entró en casa sin causar daños mayores. Gracias a Dios todos estamos bien. Pero ahora mismo la ciudad está en su etapa más virulenta, en el pico de la cresta; abarrotados los laboratorios donde hacen pruebas, filas hasta de hora y media, en los hospitales las muertes se cuentan nuevamente por decenas y los medicamentos empiezan a escasear. De no ser por la vacuna ahora mismo estaríamos en situación catastrófica. Es un tema que la autoridad estatal no puede descuidar ni un minuto, la emergencia sigue.