*De tormentas, naufragios y naves sin timonel

*Una advertencia de Francisco Suárez Dávila

Francisco Suárez Dávila, subsecretario de Hacienda en los años turbulentos de López Portillo, académico respetado con prestigio internacional, ofreció el siete de abril una conferencia en el marco del “Foro Jesús Silva Herzog Flores”. La tituló “Ante las Grandes Tormentas, Evitemos el Naufragio”, en obvia referencia a la crisis económica y sus detonantes, de potenciales consecuencias catastróficas para el país. Pocas veces digo de un texto que no tiene desperdicio, el de Suárez Dávila es uno de ellos; no tiene desperdicio.

Hará diez días que, preocupado como muchos mexicanos por la crisis económica, me lo hizo llegar un amigo. Es la plática de un experto para expertos, dicha con tal claridad que pareciese la materia más sencilla, la podría entender mi abuelita, como decía Einstein. Es algo así como cuando un jugador habilidoso sorprende con un complejo movimiento, haciendo parecer sencilla la jugada. Lo recojo hasta hoy por que es de esos documentos atemporales, tiene la misma validez hoy que el siete de abril y sospecho que pasado un año o dos será todavía más valioso.

Empieza describiendo las “tempestades” del 2022 comparadas con otras similares del siglo pasado: Pandemia de salud como la Influenza Española del 1919; una Gran Depresión económica como la de 1929; el estancamiento con inflación, estanflación; con crisis energética como la de los años setentas; y una crisis fiscal-financiera como la de los años ochentas. Con el horror de que todas éstas crisis nos impactan simultáneamente. ¡Nos llegaron todas juntas!,  en nuestro caso con el agravante de haber encontrado al país en la mayor fragilidad económica y ausencia de timonel.

Describe los hechos de la fragilidad: el país tuvo una de las gestiones más deficientes de la pandemia, implementó los programas más débiles para apoyar empresas, no aplicó políticas contracíclicas, sólo “parches sociales fragmentados”. El resultado de lo anterior es que la economía sufrió su peor caída desde la de 1929 –la Gran Depresión- con – 8,2 por ciento, aumentó el desempleo, el número de pobres creció en diez millones, dejándonos en literal estancamiento económico. Sin embargo no hemos llegado a las catástrofes económicas de los setentas u ochentas, al naufragio siguiendo la narrativa de Suárez Dávila, un economista respetado que vivió aquellas tormentas y fue testigo del fatal desenlace.

Pero con un presidente como López Obrador, atado al nacionalismo de aquellos años infames, añorante de lo que llamo “la economía del trapichi”, de subsistencia familiar y grandes empresas nacionales subsidiando el bienestar social, renuente a reconocer la globalización, imposible no ver la tormenta y pensar en que fatalmente llegaremos al naufragio. Ya estamos en estanflación, inflación y crecimiento cero, con la Secretaria de Hacienda subsidiando las gasolinas a un costo de cien mil millones de pesos el año pasado y cuatrocientos mil el presente. Es la única medida, a un precio altísimo, tomada por el presidente contra la inflación y lo hace pensando en evitar un gasolinazo que devaluase su popularidad.

No obstante cada mes el INEGI nos entrega una nueva cifra inflacionaria que supera la del mes pasado, con la tragedia de que el aumento de precios está pegando más severamente en productos de la canasta básica y verduras de consumo generalizado, anunciando un escenario devastador que empobrece a la esforzada clase media y extendiendo la miseria en todo el territorio nacional. Para que el INEGI documente el empobrecimiento de diez millones ¿Cuál será la realidad objetiva del país?. No es que la sociedad mexicana pueda ser más pobre, es que ya es más pobre.

Mientras ésta realidad socava el bienestar familiar de la enorme mayoría, los grandes empresarios nacionales y extranjeros pausan sus inversiones. Ellos no arriesgarán su dinero en un país de políticas económicas inciertas y con frecuencia hostiles. Nada menos ayer Vladimiro de la Mora, presidente de la American Chamber, asociación que integra a varias empresas estadounidenses, dijo ante López Obrador y ante Ken Salazar, embajador de Estados Unidos, que los empresarios necesitan confianza para invertir en México. Es la condicionante más elemental para invertir que los empresarios reiteran en cada oportunidad, pero incertidumbre y desconfianza prevalecen, minando la inversión y en consecuencia el desarrollo.

La tormenta ya está provocando los primeros estragos, la crisis está entre nosotros, y nuestro señor presidente, como vemos todos los días en la mañana, ocupado en levantar campañas de odio contra los diputados opositores, en la rancia narrativa de la soberanía nacional, en destapar a candidatos para el 24, en denostar a medios y adversarios, en las mega obras que The Economist bautizó como los “tres elefantes blancos de AMLO” y sí, también jugando beisbol por las tardes, feliz de seguir macaneando arriba de 300.

Los ignora como si evitando hablar de los temas que amenazan la economía familiar de los mexicanos y frenan el desarrollo del país desaparecieran por el hecho de voltear hacia otro lado; los niego luego no existen.  Es un presidente distraído en la politiquería y junto con él, como ciegos cantando rumbo al desfiladero, el coro de aduladores y sinvergüenzas aplaude la sinrazón o la justifica responsabilizando a los anteriores. ¡Ya está en el tercer año! ¿Cuándo será responsable de algo?.

No robaré las conclusiones a Suárez Dávila, quien tenga interés en la conferencia googleela, sólo diré que asusta. Viendo sus razonamientos, mi conclusión es que no te tenemos más que santiguarnos y rogar a la Virgen de Guadalupe por su amparo, López Obrador jamás corregirá el rumbo, puede llevarnos al naufragio y siempre tendrá una excusa que justifique sus delirios. Es lo que más temor causa, frente a la tormenta perfecta tenemos por timonel a un iluminado que mira un horizonte despejado de cielo esplendoroso y su coro de incondicionales puede estar empapado y titiritando, pero levanta la vista y ve, como su líder infalible, un cálido sol que los abriga. Busquen el texto, lo recomiendo ampliamente.