*A Juárez todos le quieren sacar, nadie meter

*Alejandra, víctima del hígado graso

*¿Venganza? Maru sólo aplica la ley

*Una historia de Patricio y Federico

Cuando Patricio Martínez era candidato a gobernador, Federico de la Vega lo busco reiteradamente conminándolo a recibir “su aportación de campaña”, práctica común en la familia. Un testigo de la historia, cuenta que Patricio se hizo loco del ocho de marzo al veinte de junio, fechas en las que recibió innumerables recados de que aceptase aquella aportación, hasta que una noche Sergio Borunda los reunió en su casa.

Encuentro amable en la privacidad de la cocina, más que cena formal bocadillos, pero tampoco aceptó. Mi testigo dice que no dejó al empresario terminar la frase “sólo dime cuanto necesitas y …”, interrumpiéndolo con otra pregunta ¿Para que, si tu ya hiciste la aportación al otro candidato, no puedes apostar por el giro y el colorado al mismo tiempo?. Ah, pero es que siempre le hago así, habría respondido con un dejo de cinismo el patriarca de la familia.

Obviamente Patricio sabía que la pretensión del acaudalado empresario eran comprar los favores del gobierno en preventa, una estrategia preventiva para cuidar su vasto imperio de alcohol que, entonces, operaba más de dos mil permisos entre licorerías, bares y cantinas. Recordemos aquellos años de alocada vida nocturna en Juárez, que no conocía horarios. Lo primero que hizo Patricio cuando se instaló en gobierno, fue reducir las horas para venta de bebidas, obligando a los sagrados “del Río” a cerrarse a las ocho de la noche. Ni persecución ni gracia, justicia a secas.

Federico ya no está, murió en diciembre del 2015, pero la familia nuevamente entró en conflicto con el gobierno del estado, esta vez por arrogancia y soberbia de su heredera, Alejandra de la Vega. Ignoro los motivos por los cuales Alejandra se dejó llevar por el rencor e hígado graso de Javier Corral, al punto de -afirman fuentes juaritas- hacer significativas aportaciones económicas a la campaña estatal de Morena y financiar el infame golpeteo contra la candidata del PAN, Maru Campos, hoy gobernadora por derecho propio.

¿Cómo pudo una mujer inteligente, jugadora de grandes ligas en los negocios, comprar los envenenados susurros que deslizaba Corral a su oído, sin ver la letra chiquita? No tengo idea, sólo puedo pensar en la enorme capacidad manipuladora de Corral, recordemos que incluso exploró la idea de hacerla candidata al gobierno ¡por el PAN!. Siempre la mantuvo engañada y Alejandra se dejó engañar hasta el punto de traicionar a la Iniciativa Privada, asociándose con Morena. No lo necesita para nada y sin embargo hizo suyos los odios del rencoroso gobernador.

Durante la administración de Corral, Alejandra imponía funcionarios, dictaba ordenes en la Secretaría General –hoy Mesta trabaja para ella- en la Dirección de Gobernación, en el gabinete económico. Era una especie de fantasma cuya presencia se dejaba sentir a la distancia, pues nunca se paraba en la oficina. Pongamos que hacía lo que, según ella, en derecho le corresponde a la gente de su estirpe.

Ahora, con Javier decadente y Maru Campos empoderada, entra en cólera por que Gobierno aplica la ley donde le duele. La realidad objetiva es que las licencias están vencidas, punto. Omitieron notificar el acuerdo de Asamblea celebrada en 2019, donde prorrogaron indefinidamente la existencia de la AC. Recibieron seis meses de gracia para notificarlo y les valió, quizás pensando en que se “trata de mi, de Alejandra de la Vega, dueña de Juárez y merecedora de todas las dispensas”.

No hay persecución en su contra, tampoco tolerancia. De la misma manera en que Oscar Flores hizo sentir el poder a su padre y Patricio no se vendió en barata, hoy la gobernadora Campos sólo aplica la ley y exige respetarla. Es todo, que cumplan con el reglamento de alcoholes se acabó.

Con estas historias entiendo porque otra juarita empoderada, Angélica Fuentes, dice que a Juárez todos le quieren sacar pero nadie le quiere meter. Quizás piensa en empresarios como los de la Vega, que se han hecho millonarias aprovechando las bondades de la frontera y en lugar de aportar a su comunidad, están acostumbradas a transitar sobre ella, pisoteándola.