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Frente al partido de Estado que nació en 2018 con López Obrador y se consolida en éste 2024, a los mexicanos libres quedaron pocas opciones de participación en los asuntos públicos. Sin concluir el sometimiento total del INE y en menos de seis años construyendo una base electoral segura, miren lo que lograron, ¿qué podremos esperar con un INE del Pueblo Bueno, mayoría calificada en ambas cámaras y Suprema Corte a modo?. Yo esperaría la confirmación de lo que viene sugiriendo el líder moral del movimiento desde que tomó el poder, la consolidación de un régimen de partido hegemónico cuyo poder sea ejercido sin contrapesos y el “empoderamiento” de una clientela electoral nutrida con la esperanza de aumentar sus dádivas.

Es lo que están haciendo desde que tomaron el poder y lo que prometieron en campaña, colocar el segundo piso, ahora con la ventaja de otros seis años más para terminar de consolidarlo. López Obrador no perdió ningún minuto, al otro día de la elección recuperó la infame iniciativa del Plan C, que consiste en desarticular la Corte y los órganos electorales, proyecto destructor que repitió mil veces durante el sexenio. Nadie puede seguirse engañado, la ruta hacia el autoritarismo está explícitamente trazada y anunciada.

¿Como gestionar la nueva realidad de país que nos traslada medio siglo hacia el pasado, cuando vencer al poderoso partido hegemónico era imposible y los candidatos de oposición “apóstoles de la democracia” o ideólogos de izquierda discutiendo sobre la mejor vía para el poder; el camino electoral o la insurgencia armada?. Sólo veo tres alternativas: adherirnos como advenedizos tardíos al régimen dominante, dejar que las aguas nos arrastren como troncos inertes a merced de la corriente, o iniciar un proceso de organización ciudadana que oponga resistencia a las políticas regresivas que amenazan con socabar el desarrollo nacional y cancelar libertades ciudadanas.

Cuando la bruma se disipe y asimilen el golpe del domingo, los liderazgos de la oposición (no me refiero a los dirigentes de los partidos) empezarán necesariamente a pensar en qué sigue. En ese momento deben reflexionar sobre lo que tienen, olvidando lo que pudieron ganar. Cuando el PAN de Barrio ganó el gobierno de Chihuahua, julio del 1992, generó la primera gran dispersión priista de la entidad. En aquel tiempo Artemio Iglesias recogió los despojos del partido recordando una frase que alguna vez escuché a mi madre: “tiene más el rico cuando empobrece que el pobre cuando enriquece”. Hizo valer sus fortalezas y seis años después recuperaron el gobierno.

Xóchitl, Enrique de la Madrid, quizá Colosio, Beatriz Paredes, Narro, Diego, gobernadores presentables (los hay) del PAN y del PRI, líderes de la sociedad civil, empresarios, activistas deben reunirse en una gran convocatoria nacional para fundar un nuevo partido político, cuya base social sean los 15 millones de votos que oficialmente cayeron en las urnas en favor de la democracia y el impresionante empuje de la llamada “marea rosa”, cuya presencia en el zócalo hizo temblar al presidente. Es una tarea complicada, extenuante, costosa pero debe intentarse. Estas elecciones nos dejaron, entre otras enseñanzas, que sin organización ciudadana es imposible ganar en las urnas.

La organización profesional puede proporcionarla el nuevo partido político, sin los lastres de las siglas que postularon a Xóchitl Gálvez. Los partidos protagonistas de la historia electoral en buena parte del siglo pasado y los primeros años del presente, están agotados. No pueden más, su desprestigio social los inhabilita como instrumentos competitivos de lucha electoral. Con frecuencia la torpeza o ambición de sus dirigentes nacionales boicotearon la campaña ciudadana y ofrecieron el mejor blanco de ataque al partido oficial, asociando a la candidata con los peores representantes de su clase política. Quizás el PAN aguante poco más, pero el PRI del impresentable Alejandro Moreno estará luchando por conservar su registro en la próxima elección y el PRD, ya vimos, ha desaparecido.

Si regresamos a la segunda versión del partido de estado, donde ganar elecciones es muy difícil o francamente imposible, ¿qué sentido tendría formar un partido nuevo, sabiendo que las alternativas democráticas estarían inalcanzables? Dejar solos a los nuevos y arrogantes empoderados, sin oposición ciudadana o con la oposición de los desprestigiados partidos que demostraron su incompetencia el domingo pasado y hace seis años, significaría renunciar a nuestros anhelos de libertad y democracia, permitiéndoles avanzar aceleradamente hacia gobiernos fallidos como el de Argentina, primero, o Venezuela si llegamos a los extremos de la decadencia.

No es momento de abandonarnos como ciudadanos, dando un paso de costado y dejar que una pandilla destruya el país. Exactamente lo contrario, tenemos la obligación de fortalecer una nueva oposición ciudadana, darle organización y ganar la batalla de las ideas en medios, redes y calle. Hoy perdimos contra una candidata sin personalidad y un gobierno que arrojó los peores resultados en décadas, porque desde el púlpito mañanero López Obrador ganó la narrativa imponiendo su verdad, así chocase con los hechos catastróficos del país.

Mañana podemos ganarla nosotros, argumentos van a sobrar. Espero sinceramente equivocarme, pero cada día será más evidente la espiral decadente, ninguna sociedad es capaz de crecer sin libertad. Por invencible que parezca, todo régimen autoritario cae un día, empecemos desde hoy a minar al que se va consolidando. Propongan nombre, colores y lema para el nuevo partido, tengo la sensación de que muy pronto iniciará el proceso legal hacia la fundación.

Rompeolas

Incongruencias de la elección
¿Alito terminará en Morena?
La Nahle de Chihuahua

Con un padrón de 89 millones, los votos unidos del PRI y PAN casi llegaron a los 22 millones, en la elección del 2018. Con una votación apenas mayor al 50 por ciento, en la elección intermedia del 2021, los votos de la alianza PAN, PRI y PRD sumaron 19.5 millones. El domingo Xóchitl cerró con sólo 15.5 millones ¿dónde quedaron los cinco o seis millones, mínimo, perdidos de las elecciones inmediatas anteriores a ésta? Esa es la pregunta que deben responder los especialistas del Frente. Sea por la buena o por la mala, la caída fue brutal.

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Alito sabe que el PRI entró en estado agónico y como buen oportunista buscará conservar las siglas, sigue siendo un negocio muy rentable. ¿Tendría el rubor de venderlas a Morena?. Las vendería hasta en remate, es un truhan de la política.
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Todos están concentrados en Cruz Pérez Cuéllar o Andrea Chávez como posibles candidatos a gobernador por Morena. Puede ser, traen boleto y un feroz activismo en toda la entidad, que seguramente incrementarán estos años. Pero deberían saber que hace varios años, por lo menos desde el 2016, Ariadna Montiel llegó a Chihuahua enviada directamente por López Obrador y hace más de seis años tiene su dirección electoral en Juárez. ¿La Nahle chihuahuita?, como decía Artemio Iglesias: “Y quién te dijo que no, o quien te dijo que si”. Yo no lo descarto, más bien creo por que ahí va, me han dicho que dejó los puentes rotos con Sheinbaum, por lo tanto allá no tiene cabida.