En febrero del 85 asesinan al corrupto agente de la DEA, Enrique Camarena. Por esa razón detuvieron, poco tiempo después, a Caro Quintero y Ernesto Fonseca, don Neto. Sin embargo los presos dejaron insatisfecha a la soberbia y arrogante agencia estadounidense, cuya sevicia exigía más encarcelamientos, entre otros el de Manuel Bartlett, entonces Secretario de Gobernación. En diciembre del 88 llegó al poder Carlos Salinas, precedido de un escándalo internacional por sospechas de fraude. Para limpiar su imagen, entre otras acciones, en abril del 89 entregó al gobierno de Estados Unidos al entonces llamado “jefe de jefes”, Miguel Ángel Félix Gallardo. Hasta la fecha preso.
Félix Gallardo era cabeza indiscutida del único cartel de la droga conocido entonces, el de Guadalajara, cuya fortaleza creció exponencialmente cuando pasó de traficar con marihuana y goma de opio, al trasiego de cocaína en alianza con Pablo Escobar y otros varones del mal en Colombia. Ante él se subordinaban los Arellano Félix de Tijuana, Amado Carrillo de Juárez, el Azul y Zambada de Sinaloa, García Abrego de Tamaulipas y otros jefes conocidos de aquella era. Entonces el Chapo Guzmán era un vulgar narcotraficante aspirando a que le permitieran bolearles los zapatos los capos encumbrados.
Cuando Salinas entrega a Félix Gallardo, en un operativo sin disparos a cargo más que de un comandante regional de la Policía Federal, Guillermo González Calderoni, la poderosa Federación del crimen sufrió una inestabilidad súbita. A sugerencia del mismo Félix Gallardo, pretendieron recuperar el mando único liberando de prisión a el segundo del cartel, Amado Carrillo. Pero Carrillo Fuentes no era el “jefe de jefes” y la confrontación de los grupos siguió siendo cada vez más violenta. Amado murió en circunstancias sospechosas en julio del 97 sin poder unificarlos. Desde entonces a la fecha el Gobierno Federal ha perdido cada vez más control, aumentando anualmente los ajusticiamientos mortales, la violencia callejera y los territorios ocupados por el crimen.
Entre la entrega de Félix Gallardo y la muerte de Amado Carrillo, Zambada empezó a consolidarse como el nuevo hombre fuerte. Junto a capos como Juan José Esparragoza, el azul, Nacho Coronel, Arturo Beltrán Leyva, Carmelo Avilés y otros, consolidó al Cartel Sinaloa, sustituto del Cartel Guadalajara. Fue tan exitoso en su tarea delictiva que durante décadas manejó sin oposición el Aeropuerto de Ciudad de México, mediante su hermano Vicente, e hizo crecer al grupo hasta tener presencia en 72 países y todos los continentes. Hoy el Cartel de Sinaloa vale miles de millones de dólares, es un corporativo considerado el sindicato criminal más poderoso del mundo, según fuentes de inteligencia del gobierno estadounidense.
Desde los hechos posteriores al asesinato de Camarena, especialmente la detención de Félix Gallardo, no hubo en México una detención tan importante hasta la de Ismael Zambada, realizada ayer en territorio estadounidense, también sin disparar un tiro. Ni la sospechosa muerte de Amado Carrillo, ni las detenciones, posteriores fugas y extradición del Chapo Guzmán tienen la importancia de lo que ocurrió ayer en el pequeño aeropuerto privada de Santa Teresa, Nuevo México, a escasos kilómetros de la frontera.
¿Que significa su detención para el país? En la entrevista de Julio Scherer con Zambada, 2010, el capo declaró que “si me atrapan o me matan nada cambia”. Eso dijo al mítico periodista, pero supongo que sí cambiará, solo que ahora depende de las pretensiones que tenga el gobierno Norteamericano y el nivel de cooperación al que quiera llegar el detenido.
A Zambada lo detienen como parte de una estrategia electoral del presidente Biden y el Partido Demócrata, acusado por Trump de ser débil con los carteles mexicanos de la droga. Siempre han querido limpiar su corrupción y adicciones con México. Su mera detención es un golpe al populista republicano y el lanzamiento de Kamala Harris, quien sustituye a Biden en la candidatura demócrata. Ahí está la motivación mayor, razón por la cual significa poco o nada que lo haya “puesto” el otro detenido, Joaquín Guzmán López, hijo del Chapo, como afirmaron ayer influyentes medios gringos, o se haya entregado luego de negociaciones oscuras.
El hecho concreto es que ya está en su poder y si decide colaborar con tal de obtener beneficios de sus captores, existen razones suficientes para que la clase política del país, incluidos principalmente los gobernantes actuales, entren en pánico. Hablamos del mayor padrino del poderoso cartel, quien ordenaba y aprobaba los arreglos de complicidad con cientos de políticos y jefes militares encumbrados; gobernadores, secretarios de la defensa, comandantes de zona, secretarios de seguridad federal, fiscales estatales y, muy importante, candidatos presidenciales. Sin la complicidad de los gobiernos, de todos los partidos y en todos los niveles, jamás sería entendida la impunidad de los criminales. Y hoy, en la narrativa que no estrategia de abrazos y no balazos, actúan sin el menor recato, como dueños del país.
Uno de los que debe estar más preocupado es López Obrador. Recuerde que iniciado el proceso electoral hubo filtraciones de la DEA sobre aportaciones de hasta dos millones de dólares a la campaña del ahora presidente. Probablemente antes lo hizo con Peña Nieto, Calderón, Fox y siga hacia atrás, pero ellos ya no importan. El gobierno de los Estados Unidos y en especial la DEA, tiene afrentas personales con López Obrador, por el episodio del general Cienfuegos, motivo por el cual el gobierno restringió su presencia en territorio nacional, y los chantajes con abrir o cerrar la puerta migrante a su antojo. ¿Hablará?, no sabemos, pero el fiscal general de los Estados Unidos, Merrick B. Garland, declaró que Zambada debe ser interrogado a fondo porque sabe mucho. Usted interprete.
Estando en campaña, Biden y el Partido Demócrata harán lo que sea necesario para combatir la estridente narrativa de Trump, intentando revertir las acusaciones de ser débiles con los carteles mexicanos. ¿Imagina un maxijuicio del tipo Italiano en los noventas, con Salvatore, totó, Riina?. No quiero ni pensarlo. Quizás no lleguen a tanto, pero harán el mayor escándalo posible, sin tentarse el corazón con nuestro país ni con nuestro gobierno. Empezaron al detenerlo sin dar aviso ni consultar al gobierno de López Obrador, dejando en ridículo al presidente, Sedena, Marina y los órganos federales de inteligencia, quienes recibieron la noticia poco antes de ser difundida en la prensa mundial.
La mañana del viernes, López Obrador se apresuró a puntualizar, a través de su secretaria de Seguridad y futura número dos en el gobierno de Sheinbaum, Rosa Icela Rodríguez, que México no participó en las detenciones. Precisa, relata la cronología de la forma en que fueron informados como si fuese normalidad diplomática o gracia del gobierno. López Obrador aceptó el escarnio nacional e internacional de saber que el gobierno de Estados Unidos detuvo al narcotraficante más importante del país, sin ¡ser tomado en cuenta¡. ¿Porqué?, ¿envía un mensaje, de esos que suele hacer en la mañana, del tipo “yo no fui, fueron aquellos, a fin de que no se le vayan encima?. A semanas de que concluya su mandato, el engreído Imperio lo puso en una situación muy compleja y más precaria. También así se construye la historia, aunque no sea la historia que López Obrador se desvive por vendernos.
















