Ciudad de México.- Patricia Pérez, estudiante regiomontana de doctorado, quiere construir un intestino delgado miniatura y funcional. Para aproximarse a ello, hace unos días atravesó la meta del Maratón de Chicago.
Al resultar sorteada para correrlo, la joven egresada de Medicina en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), y con una maestría en Nanotecnología y Medicina Regenerativa por el University College de Londres, decidió que lo haría como una forma de recaudar fondos para su proyecto de investigación.
«Cuando llegué aquí (al Tec de Monterrey), empecé a ver que los reactivos que se ocupan son costosos, y el movimiento de fondos es un poquito lento a pesar de que somos una universidad privada», cuenta Pérez, de 35 años, quien realiza su doctorado en el laboratorio de la pareja de científicos Grissel Trujillo de Santiago y Mario Álvarez.
El de Chicago fue su cuarto maratón, y el segundo que corre con este mismo fin de conseguir recursos. Lo había hecho antes con el Maratón de Londres, que corrió a beneficio del Instituto Griffin, donde trabajó como asistente de investigación al término de su maestría.
«La verdad es que se me hizo una acción bien noble que me llenó de muchísima gratificación y de muchísima humildad. Entonces, le agarré un gusto muy bonito», comparte la regiomontana, cuya meta ahora era recaudar, a través de una campaña de GoFundMe, mil pesos por cada kilómetro recorrido, para un total de 42 mil 100 pesos.
Al final, aunque sólo reunió cerca de 36 mil pesos, de nuevo fue una experiencia satisfactoria.
«Sentía que mi rendimiento no estaba siendo bueno. Entonces, llevaba mis expectativas bajas; pero cuando llegué ahí, básicamente me encomendé a Dios y ya. No me quedaba más que disfrutar la experiencia y, afortunadamente, así fue», destaca Pérez, que terminó el recorrido en 5 horas y 40 minutos, y avanza en su objetivo personal de correr los seis maratones grandes: Berlín, Boston, Nueva York y Tokio, además de Chicago y Londres.
«Tanto correr el maratón como haber recaudado los fondos es una actividad que me ha llenado de mucha satisfacción porque, al menos en el área de investigación, saber que hay gente que le interesa apoyar a la ciencia, que confíe en tu proyecto, que se toma el tiempo de leer lo que escribes y de indagar sobre lo que estás haciendo, es muy gratificante».
¿De qué se trata?
La idea es ésta: recrear, a través de modelos en 3D y bioimpresión, la fisiología del intestino delgado para aplicaciones médicas.
Desde sus días en el Reino Unido, Pérez se interesó tanto en el modelaje de enfermedades como en el intestino delgado; por la ingeniería de tejidos, particularmente.
Ya de vuelta en Monterrey, la joven conoció el Álvarez-Trujillo Lab -www.alvareztrujillolab.com-, cuyo trabajo en ingeniería de biomateriales ha sido tan destacado que incluso ha surgido de su grupo una startup de carne cultivada en el laboratorio para consumo humano, Forma Foods.
Lo que llamó la atención de Pérez es la técnica de bioimpresión caótica, desarrollada por sus asesores, en la que los llamados flujos caóticos -donde el movimiento del fluido es desordenado, y las partículas se mezclan de manera aleatoria- permiten crear estructuras pequeñas, «como cuando un pastelero hace un pastel milhojas, capa por capa», ha ilustrado alguna vez Grissel Trujillo.
«Lo importante es que por estos flujos caóticos puedes crear fibras muy delgadas, de nanómetros. Entonces, tienes un tubito de 1 milímetro que por dentro está dividido en muchas laminitas, por así decirlo. A eso se le llama bioimpresión caótica», explica Pérez.
«La bondad de esta técnica de bioimpresión es que podemos modificar los materiales con los que vamos a hacer nuestras biotintas, y aparte podemos agregar diferentes tipos de células que pueden imitar la función del intestino», agrega.
Éste es uno de los aspectos más relevantes, refiere la regiomontana, ya que en cada órgano y tejido del cuerpo hay presencia de distintas colecciones de células.
Por ello era necesario buscar un método que permitiera adicionar al intestino creado en el laboratorio diferentes células, que están «juntas, pero no revueltas».
«Lo que queremos hacer es aprovechar estos beneficios de la bioimpresión caótica, y tratar de agregar la mayor cantidad de células posibles que puedan asemejar el funcionamiento del intestino», refrenda Pérez, poniendo como ejemplo que en dicha parte del cuerpo hay lo mismo células del sistema nervioso que células esenciales para la peristalsis, el proceso automático de contracciones musculares.
De modo que replicar el intestino delgado con un hidrogel diseñado específicamente para aplicaciones de bioimpresión 3D y medicina regenerativa no es necesariamente la parte más compleja, sino lograr que funcione a partir de mantener a las células vivas y operativas.
«Una vez que ya lo imprimimos, por así decirlo, hay que asegurarnos que, efectivamente, las células sí están bien, estén vivas, les esté gustando el ambiente», dice Pérez, en un tono similar a lo que Trujillo ha referido alguna vez: «Si las células están contentas, empiezan a comunicarse entre ellas y a formar microtejidos muy similares a los naturales».
Es para esto que son necesarios los distintos químicos y reactivos que resultan costosos, y por los cuáles la joven investigadora decidió recaudar fondos.
¿Para qué servirá?
Pensar en la posibilidad de tener un intestino sintético y funcional pareciera la solución al problema de la falta de donadores suficientes para quienes viven con algún trastorno asociado a tal tejido.
«Ésa es la meta, pero a muy, muy largo plazo», reconoce Pérez.
«Lo primero que hay que hacer es tratar de replicar esta arquitectura, y ver que a la hora de incorporarle las células, sí quieran el material, sí crezcan en el material; que sean células funcionales, que podamos mantenerlas vivas por mucho tiempo. Y ya que pase eso, ahora sí escalarlo», prosigue.
Por ello, Pérez, con los pies bien plantados en la tierra, apunta por ahora hacia una meta más a su alcance, que es hacer uso de estos mini intestinos en la incipiente medicina personalizada.
O sea, tomar por medio de una biopsia una muestra de células del intestino afectado de algún paciente, cultivar las células en el órgano artificial, y probar ahí directamente las diferentes alternativas de atención médica.
«Es decir, específicamente en ese constructo, ese mini intestino que creamos con tu biopsia, poder tratar diferentes medicinas o tratamientos y ver si van a tener un efecto positivo», remarca.
«La idea es ésa: tratar de buscar tratamientos que sean personalizados, que nosotros nos aseguremos que el tratamiento que escojamos sea específico para cada paciente y que sí va a servir», continúa. «Es un área de oportunidad en cuanto a qué medicamento le puede servir al paciente y cuál no, y evitar también efectos secundarios».
¿Eventualmente podrían hacer esto mismo con otros órganos?
Sí, a nosotros nos encantaría.
Definitivamente, la intención es buscar e ir incorporando o tratar de recrear órganos de otras partes, no sólo intestino delgado o músculo.
Para los interesados en sumarse como mecenas de esta investigación, la campaña en GoFundMe sigue activa, y también pueden ponerse en contacto con la investigadora a través de sus dos direcciones de correo electrónico: a [email protected] y [email protected].
















