Algo huele mal en el senado y no es, únicamente, Javier Corral. Tampoco Noroña que nada más se baña domingos y días festivos. Es más, ni siquiera la senadora chaira incapaz de hablar sin majaderías. El tufo está extendido, llega desde lejos con humores de vientos tropicales y sonidos selváticos. Es un hedor denso, natoso, persistente que va del senado a Palacio Nacional, envolviéndolo en capas superpuestas que descienden marchitando la ceiba de recuerdos infantiles y los verdes jardines regados por militares. Es un olor nauseabundo nutrido en la complicidad de dos amigos de juventud; el de Palenque al que nadie ve pero todos sienten, el de Tabasco que despacha en Reforma. De ahí, desde la oficina que usa de coordinador, emana la pestilencia.
En columnas anteriores escribí que si Claudia Sheinbaum se movía un milímetro del rumbo trazado por el innombrable, éste saldría del encierro para corregirla, inmediatamente. No necesitó desviarse, bastó con querer poner a una mujer de su confianza en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, para que le hicieran saber quien manda. Por que puede y contra el interés de la presidenta hizo repetir a la que presentó el peor examen, a la que falsificó cartas de recomendación, a la que rechazaron las organizaciones derecho humanistas más serias. La impuso con maneras rupestres, contra los deseos de ella y contra la mayoría de los senadores del propio régimen, por él palomeados.
Los abyectos obedecieron, unos sin chistar otros a regañadientes pero todos entregaron su voto. No podían rajarse, el principal cómplice pidió que pusieran su nombre en la boleta, advertidos que de no hacerlo serían colocados entre los traidores a la patria y ya sabe como son tratados esos. Obedecerlo no fue la peor humillación contra CSP, ella ha sido solícita colaboracionista. La turba cerró la vejación a coro, cantando las mañanitas al cumpleañero y entonando el “es un honor estar con obrador”. Iba con dedicatoria, querían que Claudia escuchase para que no le queden ganas de intervenir otra vez en asuntos que no son de su incumbencia; ella sólo es presidenta, si quiere con A mayúscula, el que manda es otro.
Los eligió bien, son noventa por ciento devotos y diez por ciento capaces. En su miserable condición de rastreros, no advierten las señales del Imperio. En Palacio Nacional todavía se escuchaba el coro de la traición, cuando el embajador de los Estados Unidos declaraba que fracasó la estrategia de los abrazos y no balazos porque no hubo colaboración del presidente anterior, quien rechazó apoyos para seguridad en el último año del gobierno.
Puestas en un diplomático de alto rango son palabras brutales, el primer mensaje de Trump al gobierno mexicano. En la lógica de otro populista deben ser entendidas como un “Te lo digo Andrés para que lo entienda Claudia, si haces lo mismo que el presidente anterior entenderemos que tampoco quieres colaborar”. ¡Y los senadores haciéndole ver que sigue mandando¡. En el imperio lo desacreditan y ellos siguen cubriendo de incienso. Prefieren la cómoda subordinación abyecta que darse cuenta de la nueva realidad; Trump está nombrando a los más duros, entre ellos Marco Rubio, con quien “el anterior” tuvo públicos y feroces desencuentros, quien será secretario de estado. Sigan adulándolo, así empinan más pronto al país.
Con Piedra o sin ella, la defensa de los derechos humanos en el país es exactamente lo mismo, inexistente. La CNDH es un órgano entregado al gobierno desde la administración de Calderón, sólo que antes la diferencia entre sus presidentes era sólo de simulados matices, hoy está secuestrada, cooptada, es defensora del régimen no de los ciudadanos maltratados. Era innecesario abusar del poder, la CNDH no significa nada en los planes del tlatoani, pero había que restregar en el rostro de CSP el sonoro “mando yo”. Su vileza es un exceso hasta en los peores autoritarismos. Lo único que hizo fue confirmar la versión de sus críticos, el maximato va. A lo más CSP es presidenta para asuntos administrativos y eso parcialmente, le dejó medio gabinete nombrado. Pero en lo referente a temas políticos que ni se le ocurra intervenir, esos se arreglan en Palenque.
Ha sido su peor día en lo que va del sexenio. Si la humillación de los senadores era poca, Ricardo Monreal, otro devoto avieso, confirmó una reunión de senadores y diputados con la presidenta. Al informar explicó que “vamos para conversar con ella, platicar, y apapacharla. Cerrar filas con ella”. ¿Cuándo un presidente(a) necesitó apapachos al inicio de su gobierno, o que los legisladores de su partido “cerraran filas con él, ella?. Antes jamás, era dueño absoluto del poder; por lo que dijo Monreal, con la primera presidenta si. Claudia Sheibaum necesita limpiar la hediondez de senadores y diputados, o se impregna fingiendo que huelen a rosas.
Rompeolas
Corral se envalentonó diciendo que no votaría por Rosario Piedra, que sus principios no se lo permitían. Ah sí, mijito, ¿tus principios no te lo permiten?, le preguntó Adán Augusto queriendo soltar la risa. Para dejar al PAN y pedir que te hiciésemos senador no tuviste
principios y ahora dices que tienes muchos. Pues te los tragas votas por quien te diga yo. Sólo eso necesitó el siempre congruente e inmaculado para entregar su boleta, votó por quien le dijo Adán.

















