Siempre estuve seguro que las aspiraciones más íntimas de López Obrador, una vez que llegó al poder, era permanecer ahí hasta su muerte. Me lo confirmó su insistencia temprana del plebiscito, quería mantenerse perpetuamente en campaña. Lo intentó seriamente con una variación sustantiva; el plebiscito era “para que AMLO siga”, no para que renunciase, como está contemplado en la ley por él reformada. Su plan continuista fracasó, a las urnas plebiscitarias sólo acudieron los votantes movilizados por la estructura del régimen, menos de diez millones, la enorme mayoría a favor del “que siga”.
En ese momento supo que le sería imposible reelegirse y entonces activó el Plan B, la carrera de las corcholatas, chequen los tiempos. Fue una simulación democrática cuyo fin era justificar su decisión tomada desde que invocó el nombre de los elegidos para la competencia. En esos días repitió con insistencia que Cárdenas se equivocó al elegir de sucesor a Manuel Ávila Camacho, en vez de a Francisco Mújica. La actualización comparativa estaba clara, en su mente Ebrard era Ávila Camacho y Claudia Sheinbaum Mújica.
Él no se equivocaría como Cárdenas, siempre supo que CSP sería la sucesora, con una nota retrospectiva que lo retrotrajo a Calles. Así, pensando en los años del maximato, fue comprometiendo y haciendo a su favorita tan dependiente de él que le resultara imposible actuar por cuenta propia, una vez instalada en la presidencia. Como garantía de lealtad, personalmente decidió quienes serían gobernadores, senadores, diputados, coordinadores parlamentarios, los cargos más relevantes del gabinete y, lo más importante, quien sería el “conductor” del movimiento, es decir el Partido.
No se equivocó, la presidenta, como la nomenclatura completa, le ha sido leal hasta la ignominia, defendiendo contra su imagen a gobernadores y exgobernadores impresentables acosados por el Imperio. ¿Recuerdan que, en la calentura de la derrota, Marcelo Ebrard prometió que jamás “me someteré a esa mujer”?. Hoy Ebrard despacha como Secretarío de Economía y, ciertamente, no está sometido a ella, sigue sometido a él. Así casi todos: Adán Augusto en el senado, Monreal en la cámara de diputados, Rosa Icela en gobernación, Ariadna en Bienestar, Luisa María en el partido y siga contando.
Los orígenes familiares de López Obrador se remontan a un pueblo de Cantabria, una comunidad autónoma al norte de España. En esa comunidad los habitantes gozan de fama por ser obstinadamente desconfiados y tercos. Esas características de personalidad, desconfiado y terco, que recibió por genética paterna lo hizo ir más lejos en su afán de control político. Insatisfecho con el círculo que asfixia al gobierno de CSP, introdujo además entre los resortes de control al segundo de sus hijos, el qué lleva su nombre, Andrés Manuel López Beltrán.
¿Quién es Andy, como le llaman sus compañeros de movimiento? ¿Cuál es su historia de vida? ¿Qué luchas políticas o sociales ha dado para ser merecedor de “conducir el movimiento»?. Sabía que ninguna, pero de todos modos lo googleé para estar seguro. No me sorprendió lo encontrado, en su biografía aparece como hijo de López Obrador, haber estudiado Ciencias Políticas y Administrativas en la UNAM, que “siempre ha estado cerca, por relación filial, del partido político Morena sin ocupar cargos oficiales”. Que en 2018 se encargó de los comités de promoción de la campaña de su padre y en 2024 se hizo cargo de la secretaría de organización del partido. Tan tan, no hay más.
El tal Andy es un adulto de casi 40 años que, antes de ocupar la secretaría de organización de Morena, jamás tuvo un empleo en la Iniciativa Privada o el gobierno, nunca levantó un negocio personal, grande o pequeño, salvo los chocolates Rocíos y una marca de vino que hizo desde el poder. Es un fantasma sin registro laboral, sin actividad productiva, sin constar en el SAT, el IMSS, en registros bancarios. Es la definición más aproximada a lo que se conoce como un junior mantenido que vive a la sombre de su padre poderoso.
El mito es que vivieron con doscientos pesos “porque a ellos los mantiene y cuida el pueblo”. Han querido mantener la mentira vigente, en la campaña del 2018 hicieron un ridículo video donde aparece la perfecta familia López, patriarca al centro, y sus hijos y esposa dándose golpes de pecho hablando sobre humildad, condenando a los juniors del pasado, pontificando contra el nepotismo, el abuso de los guaruras, la sencillez de tomar café y viajar en metro. ¿Recuerdan el video ideado por la propaganda?. Véanlo de nuevo, otra vez está circulando en redes. Vale la pena, pasará como uno de los documentos viodeográficos más cínicos en la historia del poder mexicano.
La realidad los desmiente, como la historia desmiente a su padre. En una plática de sobremesa un amigo de absoluta credibilidad me confesó que él personalmente regaló a uno de los López una casa en Ciudad de México, valuada en 16 millones. Los tres aprendieron de su padre a vivir del poder: José Ramón quería seguir viajando en metro (lo que nunca hizo) y terminó viviendo en la casa gris de Houston que documentó Mexicanos contra la Corrupción, viajando en aviones privados y autos blindados; Gonzalo Alfonso, el menos conocido, vive en California, sin trabajar; el menor estudió los seis años del gobierno en una de las escuelas más caras de Londres. Aquellos “jóvenes” hipócritas del video ya vivían entre lujos, al ganar su padre empezaron a vivir como hijos de jeque árabe.
Pongo en otro apartado al heredero del testamento político, Andrés Manuel López Beltrán. Es el elegido del padre para continuar con su legado político, la consolidación de una dinastía familiar con pretensiones absolutistas. El régimen más democrático del mundo, sustentado en apoyo del pueblo, deriva hacia una dinastía de perfil monárquico con tendencias despóticas. La nomenclatura completa daba por sentado que “Andy”, el cachorro favorito, sería gobernador de Tabasco o de CDMX en 2030. Aceptaban la idea como paso normal hacia la presidencia del 2036.
Pues no, el patriarca decidió apresurar los planes continuistas de modo que hoy nadie al interior del régimen tiene dudas de que su hijo va por la presidencia, directamente después de CSP. No habían pasado ni tres meses del actual gobierno cuando los López desvelaron sus pretensiones, con la campaña nacional de afiliación encabezada por Andy. ¿Han observado como desaparece del escenario Luisa María Alcalde, presidenta del partido, en la medida que toma impulso la campaña de afiliación?. En estos momentos el heredero es el mayor contrapeso de la presidenta, a quien dejan sola; mientras ella lucha contra Trump, ellos en delirante campaña presidencial.
Pero serenos, tengo una teoría conspirativa: la campaña no es por Andy, es para el regreso triunfal de López Obrador, creador y espíritu del movimiento al que sus devotos dan trato de divinidad. El hijo es el profeta del padre, el que prepara su regreso. Si la salud no lo traiciona, el Plan Z de López Obrador es modificar la Constitución en la segunda mitad de CSP, para permitir la reelección presidencial. En ese momento quedaría consolidada la dinastía de los López, con el padre oficiando de oráculo infalible desde Palacio Nacional, hasta la muerte, el hijo interpretando sus ordenes y deseos frente a los súbditos. Su ambición no conoce límites, su megalomanía tampoco.















