Corría el año 1975 cuando Alfonso Zamora forjó un valioso capítulo para el boxeo mexicano. Después de dos años como profesional, el capitalino hiló una medalla olímpica con un título mundial. Ningún otro mexicano lo ha podido emular. Sin embargo, en los ojos de Marco Verde hay un fuego que lo impulsa a romper el paradigma.
Con la presea de plata de Marco Verde de los Juegos Olímpicos de París 2024, México llegó a 14 metales en su historia, pero de esos muy pocos lograron la trascendencia al probar sus puños en el profesionalismo.
El caso más reciente y en activo, Misael Rodríguez. El pasado 15 de enero, el de Chihuahua alargó su invicto a 15 peleas, siete por la vía del nocaut, sin embargo, después de los juegos de Río 2016 en los que se hizo del bronce (75kg) y tras su victorioso debut profesional sobre Brian True (abril del 2017), el Chino ha buscado la oportunidad de disputar un título mundial.
Qué bueno estar de vuelta, se siente muy bien. Mi mente no está en una revancha, está en un campeonato mundial”, expresó Misael tras imponerse por decisión unánime a Omar Chávez la noche del 25 de enero, en San Luis Potosí.
Francisco Cabañas (2002) fue el primer mexicano en colgarse una presea olímpica de boxeo. Lo hizo en Los Ángeles 1932, una plata que encapsuló una dramática historia, al estar cerca de no participar por la falta de apoyo del Comité Olímpico Mexicano y una polémica final, por el favoritismo de los jueces hacia el húngaro Stephan Enekes.
A su regreso, Cabañas Pardo decidió incursionar en el profesionalismo, pero solamente tuvo un par de peleas ese año: derrota ante Gonzalo Rubio y triunfo ante Guillermo Saucedo. Después se convirtió en el entrenador de la selección mexicana de boxeo en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936.
En los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, Alfonso Zamora se quedó con la plata (51 – 54 kg), con el que dio paso a su etapa como profesional, con saldo de 33 victorias, 32 por la vía del K.O. El 14 de marzo de 1975 ganó el título peso gallo de la AMB, al superar al surcoreano Soo-Hwan Hong; el cetro lo pudo defender hasta 1977 tras caer con el panameño Jorge Luján (cinco defensas exitosas).
Siento que ya cambió el boxeo un poco, ya enfrenté casi a medio mundo, pero estoy emocionado por ver a un buen rival. Y claro, (por el legado de Alfonso Zamora) yo quiero ganar no sólo uno, sino muchos títulos, quiero superarlo”, dijo inspirado Marco Verde tras cerrar su ciclo amateur.
PARADOJA DEL BOXEO MEXICANO
En Los Ángeles 1984, Héctor López se adjudicó la medalla de plata en peso gallo. El capitalino, conocido por el apodo de “El Torero”, a sus 17 años fue el primer mexicano que disputó una medalla de oro olímpica.
En enero del siguiente año, el ya reconocido Héctor López debutó como profesional, en una función benéfica organizada por el CMB, en la que derrotó a Roberto Solís, en El Toreo. Pero el sueño era convertirse en campeón mundial; lo intentó en tres ocasiones: contra el invicto mexicano Miguel Ángel González en 1993, por el título de peso ligero de la CMB; en 1995 ante Sammy Fuentes y 1999 contra Randall Bailey por el cinto welter ligero de la OMB.
La historia olímpica le hace justicia a Juan Fabila Mendoza al recordarlo como el único medallista mexicano en los Juegos de Tokio 1964. Su bronce (51-54 kg) acabó con 28 años de ausencia en el podio de esta disciplina.
En su vuelta a México se hizo al profesionalismo hasta su retiro en 1973, con marca de seis combates ganados y dos perdidos.
Ricardo Delgado también probó suerte en el boxeo profesional tras ser el primer mexicano en ganar una medalla dorada en los Juegos Olímpicos.
El ganador de la división de peso mosca en México 1968 acumuló 26 peleas como profesional, sin embargo, quedó decepcionado de esa cara del pugilismo al no contar con la oportunidad de disputar un título mundial ni de un buen manager a pesar de sus buenas actuaciones, al tiempo que lo describió como una “mafia”; en su debut ganó por nocaut al coreano Woori Moo Huk, en Los Ángeles, California.
Aunque fugaz su actividad como profesional, el también oro en la misma función de Delgado pero en peso pluma, Antonio Roldán cumplió en febrero siguiente con las altas expectativas en su debut, al imponerse al estadunidense Jerry William, en una función celebrada en la extinta arena de El Toreo Cuatro Caminos, en la Ciudad de México.
En 1969 se dio cuenta de peleadores como Joe Pacheco, Francisco Valenzuela y José Montoya, lo mismo que Víctor Zarazúa, en 1971. A ese récord de cinco victorias le acompañan un empate y tres derrotas que culminaron con su retiro en 1974.
El medallero olímpico de México recibió en la justa veraniega de Montreal 1976 un bronce, por conducto de Juan Paredes (57 kg). En diversas entrevistas recordó su vuelta al país, con un emotivo recibimiento en el aeropuerto capitalino y una gran fiesta en su barrio, en Azcapotzalco.
Pasado el júbilo, Paredes de nuevo encaró la falta de recursos económicos, con una familia que iba creciendo ante la llegada de un segundo hijo. Contempló el profesionalismo por necesidad, por lo que debutó el siguiente año, con victoria sobre José Castillo, en Ciudad Victoria; se retiró en marzo de 1989, con marca de 23-11, 19 triunfos por la vía del nocaut.
Mario González Lugo, un talento captado por Raúl “Ratón” Macías en 1985, entonces presidente de la Federación Mexicana de Boxeo Amateur, lo encaminó a ser parte de la delegación que compitió en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.
A la justa veraniega llegó con marca de 61 victorias (25 por nocaut) y nueve derrotas. Una lesión en el hombro (esguince en las articulaciones, con ruptura total de ligamentos) mermó su desempeño, pero con 20 años recién cumplidos el poblano alcanzó a consagrarse con una medalla de bronce en la división mosca.
Al profesionalismo llegó tarde, prácticamente a los 28 años. Después de no lograr su clasificación a los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, Mario González tuvo cuatro apariciones como profesional en 1998, con dos victorias por nocaut y par de caídas por la misma condición.
Pasaron 12 años para que un mexicano volviera a subir a un podio olímpico. Cristian Bejarano se colgó bronce de la división de los 60kg, en Sydney 2000. Un año después comenzó una lúcida carrera profesional.
Estuvo invicto desde marzo de 2001, en el que debutó ante Roger Smith, hasta el 29 de septiembre de 2007, fecha de su última pelea también en Chihuahua, contra César Bazan.
Con París 2024 en el recuerdo y el peligro de que el boxeo quede fuera del programa Los Ángeles 2028, el sinaloense Marco Verde es hoy una inspiración en busca de un mayor legado.
Siempre es importante tener deportistas ganadores, porque motivan a los demás como en su momento a un Erick Morales, Marco Barrera, Juan Manuel Márquez, un Gallito Estrada o un Canelo Álvarez. Marco como medallista olímpico tuvo un gran boom en los niños que vieron estos juegos, cuando ven que hay un triunfador mexicano es como algo que motiva a los niños y creo que marco llegó para demostrar que todavía se pueden hacer cosas en el amateur”, dice Eddy Reynoso, manager de Verde con el Canelo Team.
Puños memorables, dignos del Olimpo, pero atrapados en la paradoja de no objetar un cinturón de campeón mundial, además de la fama y el dinero que implica el negocio.













