Chihuahua, Chih.- Antes de convertirse en líder espiritual de millones de católicos en el mundo, Jorge Mario Bergoglio, el futuro papa Francisco, fue un entusiasta seguidor y jugador aficionado del futbol argentino, con un amor incondicional por el club San Lorenzo de Almagro.
Desde su infancia en el barrio de Flores, en Buenos Aires, Bergoglio celebró la pasión futbolera. A los nueve años, vivió con entusiasmo el campeonato obtenido por San Lorenzo en 1946, abrazando la afición que heredó de su padre, Mario Bergoglio. Su admiración por figuras como Armando Farro, René Pontoni y Rinaldo Martino, los grandes artífices de aquel título, marcó una de sus primeras pasiones.
Aunque su talento en el campo era limitado —él mismo se describía como un «pata dura»—, disfrutaba jugar como arquero. Sin embargo, un problema pulmonar en su juventud limitó su actividad deportiva, empujándolo hacia otros caminos, entre ellos el sacerdocio, influenciado también por su abuela Rosa.
A lo largo de su vida, Bergoglio nunca dejó de ser socio activo de San Lorenzo. Su amor por el club se mantuvo incluso después de su elección como pontífice en 2013, convirtiéndose en una figura que también inspiró a los aficionados del equipo.
Un año después de su ascenso al papado, San Lorenzo conquistó la Copa Libertadores en 2014, un título largamente esperado. En contraste, anécdotas como la de Alfio Basile, exentrenador del club, quien en 1998 pidió que un “cura” fuera retirado del vestidor sin saber que años más tarde sería el papa Francisco, reflejan la sencilla presencia que el entonces cardenal mantenía entre los suyos.
“El futbol seguirá siendo el deporte más bello del mundo”, recordaría Francisco desde el Vaticano, evocando aquellos años en los que la pasión y la fe se cruzaban en un mismo terreno de juego.













