
Es la gran migración de mamíferos que queda en el planeta: siguiendo el curso de las lluvias, 1.2 millones de ñus dejan el parque nacional del Serengueti, en Tanzania, por los verdes pastos de la reserva Masai Mara, en Kenia.
Para llegar hasta ahí han de atravesar el río Mara. No es especialmente caudaloso y su anchura media es de apenas 45 metros. Sin embargo, miles de ñus se ahogan al intentar cruzarlo. Un estudio muestra ahora que tanta muerte sirve para darle vida al río.
Los ahogamientos en masa ofrecen una imagen llamativa: la carne de los animales en putrefacción alimenta el ecosistema acuático con nutrientes, pero una vez que las carcasas desaparecen, los huesos, que constituyen casi la mitad de la biomasa, continúan alimentando el río», comenta la ecóloga acuática y coautora del estudio, Emma Rosi.
En la actualidad, no existe una gran migración anual de mamíferos cuya alta mortandad dé tanta vida. Como recuerda el profesor de Yale y coautor del estudio, David Post, «el río Mara es uno de los últimos lugares que quedan en la Tierra para estudiar cómo el ahogamiento de grandes animales migratorios afectan a los ecosistemas acuáticos». En el pasado, también los quagga (una especie de cebra ya extinguida), otros antílopes como los springbook o los bisontes americanos migraban y tenían que atravesar ríos. Pero sus poblaciones actuales son escasas y sedentarias.
Los huesos de los ñus ahogados aportan seis toneladas de fósforo al río cada año
Para encontrar algo similar a lo de los ñus hay que buscar en otros rincones del reino animal. Es el caso del salmón o la trucha, con su regreso a los ríos en los que nacieron, o la gran marcha hacia al mar de los cangrejos de la Isla de Navidad, en Australia. Pero las dos migraciones se enfrentan hoy a lo que las otras se enfrentaron en el pasado: la acción humana. Ya quedan pocos ríos a los que se pueda regresar sin encontrar una presa. En el caso de los cangrejos, la urbanización les esconde dónde está el mar.
«Muchas migraciones se han reducido de forma drástica o se han perdido por completo», recuerda Subalusky. «Cuando los animales migran, tienen que atravesar grandes regiones y usar hábitats diferentes. Es raro que un corredor entero esté protegido, por lo que los animales se encuentran con muchas amenazas en su camino, como cambios en el uso de la tierra que restringen su hábitat y la comida disponible, verjas y carreteras que forman peligrosas barreras», añade. Por eso es vital la protección del ecosistema Serengueti-Masai Mara, el río y los ñus que lo cruzan: «Permite la mayor migración terrestre que queda en el planeta» concluye esta bióloga.
















