El asesinato del líder supremo de Irán, Alí Jamenei, no fue producto de un golpe de suerte, sino la culminación de una meticulosa operación de inteligencia que duró años y que involucró el hackeo masivo de la infraestructura urbana de Teherán, según reveló una investigación de The Financial Times.
De acuerdo con el diario británico, los servicios de inteligencia israelíes lograron infiltrar durante años las cámaras de tráfico de la capital iraní.
Las imágenes, cifradas y transmitidas a servidores en Tel Aviv y el sur de Israel, permitieron a los agentes del Mossad monitorear los movimientos de los guardaespaldas y conductores de los altos mandos iraníes.
El ‘patrón de vida’
La operación se valió de complejos algoritmos para procesar miles de millones de puntos de datos.
The Financial Times reportó que Israel construyó archivos detallados conocidos como «patrones de vida» de los círculos de seguridad de Jamenei, identificando sus rutas al trabajo, horarios y qué vehículos solían utilizar para transportar a las figuras clave del régimen.
Una cámara de vigilancia en particular resultó ser fundamental para la operación, pues ofrecía una visión directa hacia el interior de un complejo habitualmente custodiado, permitiendo a los analistas determinar dónde preferían estacionar sus autos personales los funcionarios.
La pieza clave
Si bien el despliegue tecnológico de la Unidad 8200 (agencia de inteligencia de señales de Israel) fue masivo, la operación contó con un elemento decisivo aportado por Estados Unidos.
The Financial Times reveló que, mientras Israel utilizaba señales interceptadas y redes móviles penetradas, la CIA contaba con una «fuente humana» concreta que confirmó que Jamenei se reuniría con la cúpula de seguridad el sábado por la mañana en sus oficinas cerca de la calle Pasteur.
Esta confirmación fue la que permitió que los aviones israelíes, que ya se encontraban en el aire esperando el momento preciso, lanzaran el ataque.
Precisión quirúrgica desde la distancia
Para ejecutar el ataque, los pilotos israelíes utilizaron misiles «Sparrow», proyectiles diseñados originalmente para probar sistemas de defensa pero adaptados con ojivas activas.
Según el reporte, estos misiles pueden ser lanzados desde más de mil kilómetros de distancia (fuera del alcance de las defensas aéreas iraníes) y poseen una precisión tal que pueden impactar un objetivo del tamaño de una «mesa de comedor».
En total, se estima que se utilizaron hasta 30 municiones de precisión en el ataque que acabó con Jamenei y otros miembros de la plana mayor de la República Islámica.
Un plan de dos décadas
El rotativo británico destaca que este éxito táctico es el resultado de una directiva que data de 2001, cuando el entonces Primer Ministro, Ariel Sharon ordenó al jefe del Mossad hacer de Irán su prioridad absoluta.
Desde entonces, la estrategia pasó de sabotear el programa nuclear a una campaña de «apetito» por objetivos de alto nivel, rompiendo tabúes operativos históricos sobre el asesinato de jefes de Estado.
Aunque la operación fue un logro tecnológico, fuentes de inteligencia consultadas por The Financial Times subrayaron que la eliminación de Jamenei fue ante todo una decisión política para cambiar el equilibrio de poder en la región.















