Nada le importa, es él y sus circunstancias, que a Chihuahua se lo lleve el diablo y al PAN ni las gracias, no lo merecen. Desde que se siente fuera es un Partido espurio, perdido y sin remedio que favorece la corrupción. Hasta ese grado llega su enorme irresponsabilidad y ausencia de compromiso con los ciudadanos que lo eligieron para ser su gobernador, el egoísmo e ingratitud con el PAN y la exaltada soberbia que lo hace verse moralmente superior.
Es de los que, como decía doña Tina, ni oyen ni entienden; La sierra en llamas, la delincuencia incontenida, con amplias franjas del territorio estatal bajo su control; hospitales saturados y sin medicinas; padres de familia y maestros preguntándose que sigue con el Covid, y él desahogando rencores contra sus compañeros de partido –sigue siendo panista-, buscando la expulsión que le permita parasitar a otro Partido: “brindo mi voto a MC”. No lo expulsen, que salga por la puerta de atrás, como saldrá del gobierno: sin amigos, cargado de odios, tenido como uno de los peores gobernadores que haya visto Chihuahua.
Ayer recibí la entrevista en Reforma cuando ya tenía escrita la columna. Pensé dejarlo ahí pero no puedo ignorar sus desvaríos sabiendo que, batido en ellos, desatiende sus deberes con Chihuahua, siendo que tiene la primera responsabilidad de procurar la unidad ciudadana, respetar la investidura, darle vuelta a la página y facilitar la entrega-recepción. Nada de eso lo tiene con pendiente, estoy convencido de que no se entera –conocer sus compromisos e ignorarlos sería peor-, y mantiene la diatriba como si la elección no hubiese quedado atrás, ajeno al daño que provoca.
Morena y Loera tuvieron dificultades para aceptar la derrota pero, entre contradicciones y galimatías, se han dado por perdidos; el PRI ocupado en sus propias disputas internas por la dirigencia estatal; los empresarios concentrados en lo que sigue de cara al 2024; la militancia del PAN celebra expectante los relevos constitucionales; Maru Campos tratando de perderse unos días y Javier Corral rumiando en público sus odios contra el PAN.
Estos días he recordado lo que meditamos un amigo y yo en los primeros años de su administración, con relación a su salida. Será traumática para Chihuahua, concluíamos, no está cómodo gobernando, lo suyo es polemizar y la vendetta. Meses atrás, en varios momentos y de diversas formas escribí que dejaría el gobierno con la insensatez de que “después de mí el diluvio”. En eso ha quedado el gobernador que durante su discurso de protesta prometió ser el mejor en la historia de Chihuahua.
Duarte fue un gran corrupto y corruptor, desfalcó las finanzas estatales, pero cuando supo que la impugnación era inviable ordenó entregar el gobierno sin resistencias. Corral, ocupado en la persecución contra Maru, abandonó sus compromisos antes de las elecciones, haciendo el trabajo sucio de Morena y concluidas éstas, en vez de corregir se dedicó a oficiar de activista político contra su partido y contra la gobernadora electa, complicando la transición.
Híjole, hay que tener dos hígados y muy negros ambos, para poder acumular tal cantidad de odios, rencores y malquerencias. No se ha dado cuenta de su precaria situación jurídica y política, cuando menos piense esos odios derramados sobre otros volverán contra él. No es un deseo, en particular lamento mucho que termine así, es lo que nos ha enseñado la vida.
Rompeolas
La reunión que tuvo a solas con Luis Serrato se dedicó a darle el avión y durante la improvisada rueda de prensa conjunta no pudo pronunciar el “gobernadora electa” antecedido al nombre de Maru Campos. Pero eso si, mil veces aclaró que la transición empezaría a cuando terminen “las formalidades legales”. Ayer le echaron montón, además del delegado sonorita acudieron César Jáuregui y otros miembros de la transición, intentando hacerlo entrar en razón. Solo bla, bla, bla pero nada en firme, de las declaraciones se infiere que tampoco llegaron a ningún lugar. Mesta está jugando al tío Lolo, el que se hace pendejo sólo. Sabe que está perdido, siente que la trae adentro, está seguro de que Corral no dará la cara y sigue frunciendo el ceño. En el barrio de las chivas tienen un dicho para éstas ocasiones: en su cuero lo hallará.
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López Obrador está cometiendo el mismo error que otros presidentes de la república; pensar que puede conducir a sus anchas la sucesión. Tras el desplome del tramo en la L12 del Metro decidió mantener en primer lugar de sus preferencias a Claudia Sheinbaum y cargar contra Marcelo Ebrard –son errores de construcción, no de mantenimiento, concluyó el dictamen- soltando nombres distractores como de la Fuente, Cloutier, Moctezuma. También supone que puede intervenir en la oposición, desparramando nombres que ni al caso para demostrar que carecen de figuras para competir, con el tono burlón de que no importan, “échenle ganas”. Como sus principales candidatos están heridos de muerte, descalifica a los posibles adversarios. Aquí vale otra de las Chivas: si no le cabe, que no reparta.

















