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domingo, febrero 22, 2026

El octavo oro olímpico de Johannes Klaebo: La leyenda que nació con unos esquís usados

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A los dos años Johannes Klaebo recibió un regalo de su abuelo, eran un par de esquís usados. Poco más de dos décadas después, aquel niño que dejó el futbol para tomar la nieve, sumó su octavo oro olímpico y apunta a más en estos Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026. 

El prodigio noruego volvió a escribir su nombre con letras doradas al conquistar la prueba individual de 10 km libres y alcanzar así ocho títulos olímpicos, una cifra que lo coloca en la cima histórica del deporte invernal. Con apenas 29 años, Klaebo no sólo empata una marca legendaria, sino que amenaza con romperla en cuestión de días. El trío de compatriotas noruegos que también se coronaron ocho veces en este evento fueron los esquiadores de fondo Marit Bjorgen y Bjorn Daehlie, y el biatleta Ole Einar Bjorndalen, todos ellos ya retirados.

En los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026, el escandinavo ya suma tres preseas doradas y todavía tiene por delante tres oportunidades más, incluidas dos pruebas por equipos donde Noruega parte como favorita. De lograrlo, abandonaría Val di Fiemme convertido en el monarca absoluto del esquí de fondo, con 11 oros en su historial olímpico.

Su victoria en los 10 km no fue un golpe aislado. Detrás quedaron el francés Mathis Desloges, plata por segunda ocasión en la justa, y su compatriota Einar Hedegart, bronce en una jornada que confirmó el dominio nórdico en la nieve italiana.

Klaebo ha perfeccionado una combinación letal: la explosividad que lo hizo rey del sprint y una resistencia que hoy lo sostiene en distancias más largas. Esa evolución lo ha llevado a acumular ocho oros olímpicos —además de una plata y un bronce— y a firmar 105 triunfos individuales en la Copa del Mundo de la FIS, más que cualquier otro esquiador en la historia.

Pero detrás del atleta hay una figura clave: su abuelo, Kare Hosflot. Fue quien le puso los primeros esquís, quien lo llevaba y recogía de entrenamientos, quien afinaba el material y quien, cada Navidad, le regalaba botas nuevas. A sus 83 años, no es solo el entrenador que planifica concentraciones en altitud y temporadas milimétricas; es el abuelo que aún comparte jornadas de pesca con su nieto.

Klaebo suele decir que nunca tuvo que llamarlo “coach”. Siempre fue simplemente su abuelo. Y quizá ahí radica la esencia de su reinado: en aquellos esquís usados que no sólo marcaron un comienzo, sino que sembraron una dinastía sobre la nieve.