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domingo, abril 12, 2026



*El PRI no sabe que hacer con su libertad

*Empoderar a la militancia, único camino

*¿Avalarían Chela y Omar elección abierta?

*Maru no debe caer en provocaciones

*Entre duartistas te veas; estigma perenne

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Los dejan sueltos y voltean en cualquier dirección, como girasoles buscando al sol en día nublado, decía Artemio Iglesias, con sutil sorna, cuando los priistas se confundían por la falta de línea o señales cruzadas, en algunos de los muchos destapes o relevos de dirigencias. Insensato pedirles actuar desprovistos de consigna, en lo más profundo de su ADN está el instinto innato de acogerse a los deseos del poderoso, al que suelen seguir con fe ciega.

Pero aunque les resulte difícil de asimilar, al verse sin gobernador, un presidente nacional trastabillante –Alito caerá pronto- derrotados y sin líder incuestionable que los galvanice, como Artemio tras la derrota del 92, desde la base más profunda empieza a tomar forma una sorda insurrección que reclama elección abierta, condenando el dedazo y los cacicazgos que dividen en lugar de sumar.

Hartos de que los pastoreen a capricho e intereses muchas veces personales, su naturaleza y sentido de sobrevivencia los impulsa a tomar decisiones ajenas a su tradición de institucionalidad. Varios de los alcaldes más politizados reclaman para ellos el derecho a elegir su dirigente estatal. Si lo vemos desapasionadamente tienen razón, en ellos recae el exiguo poder que conserva su partido.

No se hasta donde puedan llegar, otros movimientos similares han fracasado por falta de unidad, pero es sencillo concluir que la única forma de dar viabilidad electoral y rescatar, aunque sea en parte, la identidad perdida, es recurriendo a su militancia, que las sigue haciendo y en muchos casos bien plantada, para legitimar el relevo en sus dirigencias.

Las elecciones dejaron al PRI con dos resortes de poder; las alcaldías y la bancada en el Congreso local. Ambas limitadas, cierto, pero relevantes según el acomodo general de la política. Los cinco diputados del PRI serán necesarios para dar gobernabilidad administrativa y política del Congreso; los 26 alcaldes unidos son una poderosa voz interna imposible de acallar. Es decir, no necesitan guía moral que los parasite, pueden valerse por sí mismos y fortalecer al partido, a la vez que afianzarse en los municipios ganados.

Siendo un partido de verticalidad fundacional, aguardarán el relevo en la dirigencia nacional. Ahí lo peor que puede suceder es que los impresentables Murat secuestren al partido para entregarlo a López Obrador o que Alejandro Moreno mantenga por la fuerza una dirigencia sin liderazgo. Con independencia de lo que suceda en el CEN, el incipiente movimiento de las basas en Chihuahua tiene condiciones de avanzar en la construcción de una dirigencia local legítima.

Y si, es necesario decirlo, Graciela Ortiz y Omar Bazán, dos que se disputan la dirigencia desde las cúpulas, le harían un favor al partido que tanto les ha dado, haciéndose a un lado para que la militancia resuelva el relevo. O mejor aún, mostrar ambos su convicción democrática e impulsar una elección abierta. ¿Utopía? Puede pero ahora mismo el PRI no tiene más opción.

Rompeolas

Confiada, serena y con tareas salió Maru Campos del encuentro con López Obrador. Ella misma declaró que los temas destacados fueron Pobreza, la compleja relación fronteriza y seguridad pública, todos de interés para el presidente. Lo relevante, sin embargo, es el propio hecho; Maru es la primera gobernadora electa de oposición que recibe López Obrador, lo que envía un mensaje en sí mismo. Quien sabe si haya tenido oportunidad para defenderse de las intrigas de Javier Corral, ya lo sabremos, pero el trato que recibió es suficiente para blindarla en el corto plazo. Por lo mismo es de la mayor pertinencia que Maru evite caer en provocaciones. Deje a Corral que siga con sus inquinas o que sean otros quienes lo atiendan, ella no. Ahora está en Maru la responsabilidad de mostrar madurez, templanza y sentido de la responsabilidad con Chihuahua. No te enganches, Maru, déjalo que siga envenenando sus hígados.

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El estigma del “ser duartista” es indeleble. Culpables o no, quienes acompañaron a César Duarte en la administración del saqueo han quedado marcados de por vida. Le vendría bien al equipo de transición atenderlos en la trastienda, en vez de retratarse con ellos. Si Corral y otros actores se han encargado de asociarlos con el ex procesado, el sentido común sugiere guardar distancia. Todo gobernador llega con un bono democrático, no permitan que el de Maru empiece a erosionarse antes de asumir el cargo. Es el pan –no PAN- que quiere Corral para soltar su perversa narrativa y ustedes le dan gusto. No vale la pena, el desprestigio del “vulgar ladrón” sigue siendo enorme entre los chihuahuitas.