La basquetbolista conquistó el título de la NCAA con la UCLA, siendo la primera jugadora de origen mexicano en lograrlo.
Hay historias deportivas que empiezan con un balón y hay otras que empiezan mucho antes, en la mesa de la casa, en la forma en la que una familia entiende el esfuerzo, la disciplina y la identidad.
La historia de la mexicoamericana Gabriela Jáquez pertenece a esas. Para entenderla, no basta con verla jugar, hay que imaginar su casa cuando era niña.
Una casa donde el basquetbol no era un pasatiempo, el primer contacto de la familia fue por medio de Ezequiel, su abuelo, quien destacó como jugador de California y Arizona, así que el deporte ráfaga era parte de la conversación diaria.
Donde sus padres, también destacados en este deporte Jaime Sr. y Ángela, sabían lo que era competir, perder, entrenar cansados, estudiar después de un partido. En este hogar, el deporte no se veía como fama, sino como formación.
Eso marca a una persona para siempre, porque cuando creces así no juegas para ver qué pasa, juegas porque así aprendiste a vivir: con disciplina, con horarios, con metas.
En esa casa también estaba su hermano, Jaime Jaquez Jr., crecer con un hermano que llega a la élite cambia la manera en la que ves el mundo.
Para muchos jóvenes el deporte profesional es un sueño lejano; para ella era algo que veía en la sala, en las conversaciones, en los viajes, en los entrenamientos. No era una fantasía, era un camino posible.
Pero eso también tiene un peso silencioso: cuando alguien en tu familia llega tan lejos, tú ya no compites solo contra rivales, compites contra el apellido, contra la comparación, contra la idea de que tienes que estar a la altura. Mucha gente se rompe ahí. Otros, como Gabriela, se construyen ahí.
Por eso su historia no se siente como la de una jugadora que apareció de repente. Se siente como la de alguien que llevaba años caminando hacia el mismo lugar. Cuando llegó a UCLA no parecía sorprendida, estaba preparada. Fue, como si hubiera ensayado ese momento desde niña.
Hay personas que cuando llegan a un escenario grande se encogen, se sienten fuera de lugar. Ella no, tenía soltura. Ella juega como quien se reencuentra en el lugar que siempre quiso estar.
La historia de la familia Jaquez en realidad no empieza en una duela, empieza en el campo.
Sus abuelos llegaron a California desde México, desde Durango y Sinaloa, para trabajar en la agricultura, en los empaques de fresa y zanahoria en la zona de Oxnard, como muchas familias mexicanas que cruzaron la frontera buscando algo más estable para sus hijos.
No llegaron por deporte ni por universidades, llegaron por trabajo. Y es fuerte pensar que, varias generaciones después, ese mismo apellido que trabajaba la tierra terminó impreso en un jersey de UCLA jugando una final nacional.
Y entonces llegó el momento que cambia las historias para siempre.
El 5 de abril de 2026, Gabriela Jáquez se coronó en el torneo más importante del basquetbol universitario de Estados Unidos.
No solo ganó un campeonato; se convirtió en la primera jugadora de origen mexicano en lograrlo.
En la final, UCLA ganó 79-51 y ella firmó el partido que define carreras: 21 puntos, 10 rebotes y 5 asistencias.
Un doble-doble en la final.
Hay jugadores que aparecen en la foto; otros ayudan a construir la historia. Ella fue de las que construyen.















