A veces, una gran misión espacial como la Artemis II puede parecer un momento unificador para la humanidad. Después de todo, ¿qué mejor que un cosmos frío e indiferente para recordarnos nuestra condición común de terrícolas?
Sin embargo, los esfuerzos de la humanidad en el espacio siempre han estado enredados con la política de la humanidad en la Tierra. En esta edición, mi colega Selam Gebrekidan, una reportera de investigación enfocada en el programa espacial chino, escribe un recordatorio sobre Artemis II: por muy impresionante que pueda ser, esta no es una misión para unir a la humanidad. De hecho, en realidad forma parte de una decisiva carrera espacial entre Estados Unidos y China. — Alicia Wittmeyer
Una nueva carrera espacial
Como muchos en todo el mundo, esta semana vi el lanzamiento de Artemis II con la alegría y emoción de una niña.
Es la primera vez que los humanos se dirigen a la Luna en más de 50 años. Los cuatro astronautas no pisarán la Luna, pero podrán ver su cara oculta, el hemisferio que siempre nos da la espalda. Si todo sale bien, llegarán más lejos de lo que ningún ser humano haya llegado nunca desde la Tierra. Y si todo sale muy, muy bien, los astronautas estadounidenses volverán a alunizar en 2028. A partir de ese momento, la NASA tiene previsto lanzar misiones cada seis meses y mantener una presencia ahí.
Este es un momento importante para la NASA. La agencia tuvo la oportunidad de lucir su nuevo cohete, el Sistema de Lanzamiento Espacial, que impulsó a los astronautas al espacio sin el menor contratiempo. La NASA seguirá probando su nave espacial Orión, que hasta ahora ha funcionado bien, salvo un pequeño problema con su inodoro sobre el que puedes leer en español.
También es una demostración de fuerza para la agencia espacial en un momento crucial, ya que Estados Unidos se encuentra en medio de otra carrera espacial. Esta es con China, no con la Unión Soviética.
Y “esta vez el objetivo no es dejar banderas y huellas”, dijo la semana pasada Jared Isaacman, administrador de la NASA. “Esta vez el objetivo es quedarnos”.
Los astronautas chinos buscan hacer un primer alunizaje en 2030; en teoría, muchos meses después que Estados Unidos. Pero el programa Artemis ha ido dando tumbos, mientras que el programa espacial chino ha avanzado con una disciplina formidable. Incluso la NASA reconoce que podría perder este round.
“Podrían llegar pronto”, dijo Isaacman. “Y la historia reciente sugiere que nosotros podríamos llegar tarde”.
Una nueva frontera
Los planes de Estados Unidos para la Luna son mucho más ambiciosos que en los años del Apolo. Los de China también.
Ambos países quieren construir una base cerca del polo sur, donde puedan extraer recursos como agua helada, hidrógeno y helio. Ambos quieren construir reactores nucleares para suministrar energía a sus bases lunares. Ambos quieren lanzar misiones desde la Luna y adentrarse más en el espacio.
Quienquiera que sea el primero en establecer una base lunar tendrá probablemente una mayor influencia sobre lo que los demás pueden hacer en la Luna, que, por el momento, es una frontera con pocas leyes o normas.
Tomemos como ejemplo el tema de las fuentes de energía a largo plazo. El año pasado, la NASA emitió una directiva para acelerar sus planes de instalar reactores nucleares en la Luna (lee en español sobre este proyecto), en parte porque si China, junto con Rusia, construye un reactor primero, “podrían declarar una zona de exclusión”, dijo Sean Duffy, el secretario de Transporte que dirigió temporalmente la NASA.
El programa espacial chino aún es joven. Sin embargo, ha logrado mucho en poco tiempo. Sus misiones robóticas han ido al otro lado de la Luna y han traído muestras, hazañas que solo los chinos han conseguido.
Los expertos con los que hablé dijeron que la ventaja de China en el ámbito espacial radica en su control centralizado. El país puede establecer objetivos con años de anticipación, financiar sus proyectos y cumplir con los hitos a tiempo. Los presupuestos y objetivos de la NASA están condicionados por la política nacional estadounidense. El ritmo de trabajo de China será el mismo independientemente de lo que la NASA haga con Artemis, me dijo un científico que trabaja en el programa lunar.
Una preocupación humana, no solo política
Los objetivos a corto plazo de Estados Unidos para la Luna son ambiciosos: como el país ya ha enviado personas a la Luna, Artemis espera enviar astronautas al polo sur, donde ningún ser humano ha ido antes. Los objetivos inmediatos de China son más alcanzables. El primer alunizaje del país será en la cara cercana de la Luna, la región donde Neil Armstrong dio “un gran salto para la humanidad” en 1969.
Incluso si la NASA perdiera este round, eso no determinaría el resultado final de esta nueva carrera espacial. Pasará un tiempo antes de que Estados Unidos o China puedan establecer una presencia prolongada en la Luna; es poco probable que unas cuantas misiones tripuladas basten para materializar las grandes ambiciones de ninguno de los dos países.
Pero sí marcarán la pauta de quién parece encaminarse al dominio. Y esta es una carrera en la que el resto del mundo también tiene mucho en juego.
Siendo realistas, la mayoría de los demás países no participarán activamente. Algunos sueñan con la Luna —India alunizó un vehículo explorador cerca del polo sur, y Rusia tiene su programa Luna—, pero es probable que sean Estados Unidos o China quienes definan su futuro.
Sin embargo, otros países no serán meros observadores pasivos: Canadá tiene un astronauta a bordo de la misión Artemis II. Otros envían instrumentos científicos, tanto en la misión china como en la estadounidense. Las relaciones que configuran la geopolítica en la Tierra podrían acabar por definir la ciencia en el espacio.
Pero más allá de eso, se trata de una carrera por quién reclama el control del satélite natural de la Tierra. Eso lo convierte en una cuestión humana, no solo geopolítica. Todos tenemos algo en juego en el futuro de la Luna.
















