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lunes, abril 13, 2026



*La pandemia quedó atrás, lo digo yo

*Generación Covid, enseñanzas básicas

*Solución conceptual a problemas reales

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Con la urgencia de reactivar la economía, el presidente López Obrador decretó el fin de la emergencia sanitaria, empezando por hablar de ella en pasado; “domamos al virus”, “aplanamos la curva”, “redujimos el contagio en 74 por ciento” e intentando convencernos del inminente final; “ya vemos la luz al final del túnel”. Es una solución conceptual, tranquilizadora, el calma que todo está bien. Créanme, lo digo yo.

Con el número de pruebas realizadas, dudo que tenga información confiable sobre lo que dice, el suyo es más bien un deseo, fingido respiro de alivio de quien pretende convencerse de que “ha” –no “hemos”, por que su prioridad son los niveles de popularidad- salido del problema y necesita concentrarse en la otra pandemia, el colapso económico que viene.

Pero vamos a pensar, junto con él, que lo más difícil quedó atrás, en cuyo caso es momento de pensar en sus enseñanzas. Qué lecciones aprendimos, por que sabemos que volverá, el virus llegó para quedarse, sólo estaremos medianamente tranquilos cuando la ciencia encuentre una vacuna confiable y los médicos un tratamiento estandarizado que supla con eficiencia los palos de ciego que dan hoy. En otro momento, de cualquier parte del mundo, llegará otro virus mortal a trastornarnos la vida. La ciencia tiene décadas advirtiéndonos del peligro.

La primera y más elemental enseñanza para nuestros gobiernos es que necesitan fortalecer el Sistema de Salud Pública. Cuando en Wuhan veíamos las aterradoras escenas como de ciencia ficción, en México nuestros gobiernos discutían sobre el Insabi y la corrupción en compras de medicinas e insumos. Como si el brote hubiese sucedido en Marte o Júpiter, creyeron lejanas aquellas escenas, sin percatarse de la teníamos a la vuelta de dos meses. Los mejores especialistas del país dejaron invaluables testimonios, previo a la pandemia, sobre el desmantelamiento del ya de por si desvencijado Sistema de Salud.

En Chihuahua los hospitales estatales sufrían una dolorosa agonía, abandonados por el gobernador Javier Corral. Los primeros dos años de la administración estatal fueron una constante denuncia sobre su indolencia en Salud, con estantes de medicamentos desabastecidos, ausencia de material más elemental de curaciones –gasas y jeringas- personal médico mal atendido, infraestructura en colapso. Si hubiese un recuento de los pacientes muertos por falta de atención, se contarían en cientos, según versiones de médicos residentes.

A los mexicanos nos han ninguneado, por décadas, un derecho tan básico como el derecho a la salud y usualmente el ninguneo tiene que ver con temas de corrupción e ineficiencia. López Obrador y Javier Corral, cada uno en su nivel de competencia, contribuyeron de manera decidida al desmantelamiento; el presidente con el pretexto de la corrupción, el gobernador obsesionado en que era responsabilidad de César Duarte. En ambos casos su conducta toca niveles de criminalidad.

Con la emergencia enfrente, convencidos al fin de que no era una broma, reaccionaron desesperados haciendo compras de pánico. Pagaron al precio que fuese lotes de respiradores que llegarían tarde por que otros países hicieron sus pedidos semanas antes. Lo mismo con material quirúrgico, equipo médico, lotes de medicamentos especializados. Llegamos tarde a todo.

Encima de la indiferencia, el Presidente tomó a broma la emergencia y se hizo el gracioso diciendo que con amuletos de la edad media como tréboles de cuatro hojas o estampitas del “detente” podíamos salir adelante. Mientras la OMS recomendaba guardar distancia, tuvo el descaro de conminarnos a los besos y abrazos ¿Cuántas semanas valiosas perdimos en esa dinámica surrealista? ¿Cuánto tardó para detener las giras?. La irresponsabilidad fue enorme, coronada con aquella frase que López Gatell dejó para la ignominia de la historia, cuando creía que todo acabaría como un mal sueño: “la fuerza del presidente es fuerza moral, no de contagio”.

Insisto, ha decretado el fin de la pandemia sin tener elementos, estoy convencido de que saldremos a ciegas, esperanzados en no ser parte de la estadística. Sin embargo, sinceramente, espero que tengan razón, que lo peor ha pasado y es mejor prepararse a salir. Dando por cierto que tenga razón, en ningún caso le es dado atribuirse méritos en esta batalla, si estamos de salida y no llegamos a extremos de otros países es por que las sociedad comprendió a tiempo el problema y voluntariamente se aisló antes de que el gobierno lo recomendara. Hicimos nuestra parte.

López Obrador puede salir de la emergencia sanitaria sin mermar o amortiguado el golpe de su popularidad, la propagando es extraordinariamente efectiva. Pero de qué manera convencer a los mexicanos que tenemos niveles aceptables de bienestar y desarrollo –Crecimiento y PIB- con los bolsillos vacíos y sin lo indispensable para alimentar a sus familias. Mañana escribo al respecto, no se que me aterra más, si el virus del infierno o la inminente pérdida de “bienestar”.