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Chihuahua
domingo, abril 12, 2026



*Le gusta Juárez, para hacer campaña

*A lo que no viene López Obrador

*Jorge Espino, que agosto es la vencida

*Ariel Fernández está sumando adhesiones

*La base clama por elecciones abiertas

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¿Inaugurar un cuartelillo de la Guardia Nacional en una marginal población del desierto y otro en Ciudad Juárez? ¿Presidir la sesión del Consejo Nacional de Seguridad? ¿Hacer su diaria presentación matutina? ¿Supervisar avances en los programas sociales? ¿En serio, a eso viene un presidente de la República con programa para sábado, domingo y lunes, un fin de semana largo?. La agenda oficial justifica la gira, en realidad viene por esa obstinación de candidato perpetuo, la convicción personal de que recorriendo el país entero mantiene altos niveles de aceptación popular, su mayor prioridad.

Teniendo presente que su estrategia contra el crimen es abrazos y no balazos, en teorías complotistas podría especularse que si hace una semana estuvo en Badirahuato, sede histórica de uno de los grupos criminales más poderosos del país, ahora viene con su contraparte, a cerciorarse personalmente de que los de acá cumplan con su compromiso de concentrarse en “sus negocios” y no molesten a la gente, como han pactado recientemente en Tamaulipas diversos grupos del Golfo. Pero esa sería una especulación sin asidero, viene por que necesita sentirse en campaña, es su adicción.

El sabe, probablemente con detalle, que los grupos de Sinaloa y Chihuahua tienen fronteras muy bien definidas, usualmente violentas, que parten en dos a nuestra entidad, demarcando territorios que consideran como propios. Conoce el histórico enfrentamiento entre ambos grupos, agudizado desde que Calderón declaró la guerra al crimen intentando restaurar una gran federación de organizaciones, con la pretensión de agruparlos todos bajo el mando de Sinaloa.

Aquella idea comprada o impuesta por la DEA se topó con la realidad y desde entonces el país se dividió en bandas ingobernables que se apoderaron de amplias franjas del territorio nacional -30 por ciento según Estados Unidos- mismas que el gobierno de López Obrador pretende pacificar con felicitaciones de buena conducta. Sin embargo el presidente no hace trabajo en campo, para eso están la Guardia Nacional, el Ejército y la Marina, el viene a lo suyo, a sentir el abrazo adulador de la gente y en estas tierras sólo en Juárez puede recibirlo.

En lo personal me hubiese gustado que fuese a Delicias, a la misma cortina de la Boquilla, que vea los estragos por el saqueo de agua, que conozca a los agricultores y hable con ellos, son gente esforzada por llevar alimento a sus familias no activistas políticos y mucho menos delincuentes, que sienta la necesidad imperiosa del agua para detonar la actividad productiva del desierto. Que vea sus alrededores y, pese a ser temporada de lluvias, observe los matorrales apenas pintados de verde, muchos de ellos todavía entreverados con el cenizo de la vegetación muerta del año pasado. Tampoco viene a eso, ha tomado a los agricultores por sus adversarios políticos y los trata como tales, con el peso de las instituciones del estado contra sus dirigentes.

O que tuviese un gesto público de solidaridad y empatía con el gobierno entrante, no con Maru Campos, con un gobierno estatal quebrado al punto de que sin auxilio federal tendrá dificultades severas para cubrir la nómina y pagar los servicios más apremiantes. Conoce la emergencia financiera por los datos de Hacienda y las versiones de Corral y la gobernadora electa y sabe que es herencia nefasta de dos pésimos gobernadores cuya sin razón llevó las finanzas al colapso total: Duarte por sus ambición incontenida y corrupción sin límites; Corral por incompetente, distraído, perezoso y vengativo. Ese par destrozó a la administración pública estatal.

No esperemos un gesto de comprensión, ni un superficial “buscaremos la forma de resolver el problema”, para López Obrador Chihuahua es sinónimo de “conservadurismo terracista”, es un estado al que considera enemigo ideológico y político por definición. Pero bienvenido señor Presidente, estamos tan lejos del centro y el poder, acostumbrados a valernos por nosotros mismos, que una visita presidencial suele ser noticia por sí misma. No vayan a olvidar, siervos de la nación, que los listones son guindas ni que estar fuera de palacio no es pretexto para obviar las preguntas a modo. El show debe continuar.

Rompeolas

Jorge Espino, de los últimos dos leales de Corral, sigue soñando en que la extradición de Duarte está a la vuelta de la equina, que no pasa de agosto. En esas declaraciones estaba hoy cuando Yadira Gramer tocó la puerta de su oficina para pedirle todos los datos de la Consejería Jurídica, apurando la transición en ese departamento de consigna contra la gobernadora electa. Jajajajaja. Que agosto es la vencida. Dan pena ajena, no pudieron lograrlo en cinco años y quieren hacerlo en dos semanas.

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Ariel Fernández no para en su afán de conseguir la dirigencia estatal del PRI. Ha celebrado reuniones con líderes del partido en Santa Isabel, Ahumada, Carichí, Camargo, Parral, Ascensión, Manuel Benavides, Ojinaga, Coyame del Sotol, entre otros y todos con muy buena disposición de la gente hacia un proceso abierto, lo que busca el todavía edil de Aquiles Serdán. La verdad es que los priistas de cepa están hartos de imposiciones en el Partido y quieren que sea la base militante quien elija a sus dirigentes y quienes participen en cargos de elección popular, incluidos los envidiables diputados plurinominales. Siguen el ejemplo de Coahuila, el estado más priista del país. También, como siempre, surgen reclamos, pues todavía algunos se quejan de que durante la campaña muchos municipios no fueron visitados, pero si les exigieron recursos. Si el PRI quiere tener alguna viabilidad, las elecciones abiertas son el camino. Ahí está el reto.