James Talarico, un legislador estatal de 36 años que hace apenas unos meses era prácticamente un desconocido, ganó la nominación demócrata para el Senado en Texas luego de que los votantes depositaran su fe en él para perseguir un objetivo elusivo desde hace décadas: convertir el estado en azul.
Talarico terminó por delante de la representante Jasmine Crockett, una figura liberal combativa, que reconoció su derrota el miércoles por la mañana.
En el lado republicano, los líderes nacionales del partido compraron una segunda vuelta electoral en mayo para el senador de Texas, John Cornyn, por un precio de al menos 70 millones de dólares.
Cornyn, de 74 años, debe sortear una costosa carrera de más de 80 días para lograr lo que prometió el martes que sería “el día del juicio final” para Ken Paxton, el fiscal general del estado y un rival de derecha al que claramente desprecia. El senador busca su quinto mandato.
Los resultados en Texas —definitivos para los demócratas, provisionales para los republicanos— preparan el terreno para un año electoral lleno de sorpresas en uno de los estados más grandes y políticamente más complejos de Estados Unidos. Las primarias dejaron al descubierto las divisiones en ambos partidos, y los republicanos se enfrentan a otro tramo turbulento de una campaña en la que ya se ha hablado de infidelidades, acusaciones e impugnaciones.
He aquí seis conclusiones de la trascendental primera noche de primarias de las elecciones legislativas de 2026:
La lucha de Cornyn para mantenerse a flote se fue a horas extra
Los aliados de Cornyn dijeron que tenían un objetivo desde el principio: llegar a una segunda vuelta. Después de que el representante Wesley Hunt entrara en la contienda por el Senado el otoño pasado como un conocido tercer candidato, los partidarios de Cornyn sabían que sería un reto para cualquiera superar el 50 por ciento.
En realidad, los partidarios de Cornyn no solo querían llegar a la segunda vuelta, sino también mantener a Paxton cerca. El margen importaba porque la batalla dentro de la primaria ha sido —y seguirá siendo— el intento de ganarse al presidente Donald Trump. Y él durante mucho tiempo ha sido reacio a respaldar a candidatos que teme que pierdan.
Cornyn había obtenido alrededor del 42 por ciento de los votos con el 94 por ciento de las papeletas escrutadas hasta el miércoles por la mañana, frente al 41 por ciento de Paxton.
El equipo de Cornyn logró mantenerse competitivo, aunque le costara más de 71 millones de dólares en anuncios. AdImpact, una empresa de seguimiento de medios de comunicación, dijo que era la mayor cifra de la historia para un senador en ejercicio en unas primarias.
La segunda vuelta se celebrará el martes después del Día de los Caídos, un día que los aliados de Paxton creen que le beneficiará porque es más probable que sus partidarios más apasionados acudan a las urnas después de un día festivo.
La prolongación de la contienda no es bien recibida por los republicanos a nivel nacional, quienes han advertido durante meses que el historial lleno de escándalos de Paxton —ha sido imputado, sometido a juicio político y su esposa se ha divorciado de él “por motivos bíblicos”— pondría en peligro el escaño.
En Talarico, los demócratas eligen la fe sobre un luchador
En contraste entre el mensaje bíblico de Talarico de tender puentes ante las divisiones y la apasionada postura de Crockett no podría haber sido más marcado.
La victoria de Talarico demostró que los votantes demócratas, incluso en este momento de intenso miedo y frustración con el gobierno de Trump, pueden ser atraídos por un mensaje de inclusión.
“La gente de nuestro estado le dio a este país un poco de esperanza”, dijo Talarico en un discurso a primera hora del miércoles, antes de que se hubiera decidido la contienda. “Y un poco de esperanza es algo peligroso”.
Los republicanos habían trabajado discretamente para animar a Crockett a postularse, viéndola como una candidata más débil para las elecciones generales. El gobernador Greg Abbott incluso la presentó en anuncios nocturnos de televisión.
Pero Talarico se impuso, aventajando a Crockett en un 53 por ciento frente a un 46 por ciento, hasta el miércoles por la mañana. El resultado planteó la posibilidad de una contienda Talarico-Paxton que los republicanos, en privado y en público, dijeron temer que pudiera poner el estado en juego este otoño.
Los republicanos trataron inmediatamente de tachar a Talarico de “demasiado radical” para Texas, mientras se enfrentaban a una extensión de sus propias primarias.
La segunda vuelta republicana podría ser una ‘boda roja’
Durante meses, Cornyn ha sostenido que Paxton es inviable electoralmente. Convencer a la gente no ha sido fácil. Paxton, después de todo, es un funcionario estatal en activo. Es difícil decir que alguien no puede ganar cuando ya ha ganado antes.
Pero Cornyn y sus aliados parecen preparados para un mensaje más nítido en una segunda vuelta, con Hunt fuera de la contienda. El brazo de campaña del Partido Republicano en el Senado dio un anticipo con un anuncio reciente en el que calificaba a Paxton de “marido infiel y fraude”. Chris LaCivita, asesor de uno de los principales comités de acción política independiente a favor de Cornyn, utilizó un improperio en las redes sociales para advertir a Paxton sobre la “segunda oleada” de ataques que se avecina.
Los demócratas están encantados con la posibilidad de una lucha republicana prolongada, y muchos apoyan a Paxton sin demasiado disimulo.
El comité de acción política independiente de Paxton intentó invertir el argumento de la elegibilidad en un memorando el martes, diciendo que en realidad él era “el candidato más fuerte para las elecciones generales”. Cornyn, decía el memorando, había “perdido la confianza de la base republicana” y gastar más para apuntalarlo solo retrasaría lo inevitable. “El momento de unirse es ahora”, instaba.
La unidad puede ser esquiva.
En una entrevista previa a las elecciones, Matt Mackowiak, asesor de Cornyn, comparó la próxima segunda vuelta con una famosa escena sangrienta de la serie Juego de tronos.
“La boda roja”, dijo Mackowiak, “comienza a principios o mediados de marzo”.
Los demócratas sueñan con un gran 2026
Texas ocupa un lugar destacado en el imaginario demócrata, aunque los líderes nacionales digan que es poco probable que sea una pieza clave en el camino del partido hacia una mayoría en el Senado. El senador Chuck Schumer, líder demócrata, ha dicho que los escaños de Alaska, Maine, Ohio y Carolina del Norte son las mejores opciones de su partido para dar la vuelta este año.
Pero las vulnerabilidades de Paxton y la capacidad única de Talarico para recaudar fondos —recibió más dinero en línea en la segunda mitad de 2025 que la representante Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata por Nueva York— tienen a algunos estrategas del partido esperando que puedan competir sin desviar recursos de otros estados.
Otra parte de los resultados del martes fue alentadora para los demócratas: la participación.
En Carolina del Norte, no se disputaron las primarias al Senado de ninguno de los dos partidos, pero aproximadamente 200.000 personas más votaron en las primarias demócratas que en las republicanas. Los demócratas nominaron al exgobernador Roy Cooper, mientras que los republicanos eligieron a Michael Whatley, expresidente del Comité Nacional Republicano, en una contienda que se espera que sea una de las más reñidas y costosas del país.
Los demócratas en activo se llevaron un susto
Las elecciones del martes representaron la primera prueba del apetito de los votantes demócratas por deshacerse de una vieja generación de legisladores en favor de caras nuevas y más jóvenes.
Los resultados fueron preocupantes para la vieja guardia, pero en absoluto decisivos.
En Texas, el representante Christian Menefee, de 37 años, que ganó una elección especial para entrar en la Cámara hace unas semanas, se vio inmerso en una contienda reñida con el representante Al Green, de 78 años, quien ha ocupado el cargo durante más de dos décadas. Los dos hombres competían por el mismo escaño en Houston luego de que los republicanos eliminaran el año pasado un distrito demócrata en la ciudad. El miércoles por la mañana, ambos estaban por debajo del 50 por ciento, un resultado que forzaría una segunda vuelta en mayo.
En Carolina del Norte, la contienda entre la representante Valerie Foushee, de 69 años, y Nida Allam, de 32, comisionada del condado, fue tremendamente reñida, con Foushee aferrándose a una estrecha ventaja. Un recuento parecía posible.
La representante Julie Johnson, por Texas, iba por detrás de su predecesor, el exrepresentante Colin Allred. Otra demócrata de Texas, la representante Sylvia García, logró imponerse con comodidad a su contrincante.
En otras palabras, el primer día de resultados no fue un rechazo rotundo de los demócratas en activo. Pero la mayoría de los legisladores tienden a superar las primarias con facilidad, y los resultados sugirieron un posible camino complicado por delante.
Una promesa republicana en ascenso fue desbancada por la derecha dura
El representante Dan Crenshaw llegó a Washington tras las elecciones de 2018 con el currículum y el aspecto de una estrella republicana en ascenso: un carismático SEAL de la Marina retirado, educado en Harvard, que llevaba un distintivo parche en el ojo derecho tras perderlo durante una misión.
Pero el martes perdió unas primarias republicanas frente a un contrincante que se postuló a su lado luego de que Crenshaw pasara años irritando al ala MAGA de su propio partido y rompiendo ocasionalmente con Trump. Fue el único miembro de la Cámara de Representantes de la delegación republicana del estado que no recibió el respaldo de Trump.
Otro republicano, el representante por Texas Tony Gonzales, se vio forzado a una segunda vuelta con Brandon Herrera, un activista a favor de las armas y personalidad de YouTube. Gonzales está inmerso en un desagradable escándalo con acusaciones de que presionó a una integrante de su personal para que mantuviera una relación sexual con él. Ella se suicidó más tarde.
La derrota de Crenshaw a manos de Steve Toth, representante estatal, fue un recordatorio del poder del respaldo de Trump, incluso de su ausencia. Trump no respaldó a nadie en la contienda, pero Crenshaw tenía otros enemigos: el senador Ted Cruz, de Texas, grabó un anuncio de última hora respaldando a Toth.
Crenshaw había pasado años enemistándose orgullosamente con sus colegas de la extrema derecha en el Caucus de la Libertad de la Cámara de Representantes, llamándolos “artistas del performance” y “estafadores”.















