La mayor preocupación de la Iniciativa Privada, y de todos aquellos ciudadanos opuestos a la instauración de la 4T, es que Morena refrende la mayoría calificada, dos tercios de los 500 diputados, en la elección de junio seis. Es una preocupación que los obsesiona porque, seguros están, sería el boleto para que López Obrador permanezca en el poder más allá del término para el cual fue electo.
Encuentro difícil una victoria así de arrolladora, incluso junto a sus partidos satélites, y no he visto proyecciones que respalden lo contrario; todas dan una pérdida sustantiva de diputados en el partido oficial. Si acaso, conceden una mayoría simple, cincuenta por ciento más uno, metiendo en el mismo saco de Morena a todos los diputados destinados a oficiar de paleros, ya sabe, verdes petistas y demás.
Existen razones objetivas que respaldan esas proyecciones, cito tres: 1) Sin López Obrador en las boletas y arrastrando el natural desaliento del poder, Morena perderá votos en casi todo el país; menos votos, menos diputados pluris. 2) El Trife puso candado para evitar la sobre representación más allá de la ley, ocho por ciento. Por muchas vueltas que le den pretendiendo violar la disposición, no podrán adosarse ilegalmente los 60 diputados extras por esa vía, como hicieron hace tres años. 3) Según encuestas, es previsible que algunos de los partidos satélites no alcancen el tres por ciento de los votos válidos para conservar el registro, otra merma.
En lo personal veo a Morena con la mayoría simple, gobernando la Cámara de diputados como lo hace hoy, pero sin posibilidades de reformar la Constitución, y considero que la oposición legislativa, en ambas cámaras, será más activa y atrevida que en los primeros tres años. En Morena la carrera por la candidatura presidencial empezó el día de la tragedia en la Línea 12 del metro, en el resto de los partidos inicia el siete de junio, están obligados a presentar un frente más cohesionado y firme al enemigo común.
En Chihuahua advierto un triunfo de la oposición a Morena, cuyo resultado podría quedar en seis diputados federales para el PAN y sus asociados, PRI y PRD, tres para Morena y los suyos. Hablo de los dos distritos de Chihuahua, el quinto de Delicias, el noveno de Parral, el séptimo de Cuauhtémoc y muy probablemente el dos de Juárez, con amplia influencia en la región de Nuevo Casas Grandes. En todo caso, el mejor escenario para Morena es ganar cuatro de nueve.
No es un deseo, es la realidad objetiva prevaleciente a tres semanas de la elección. Si observamos desprovistos de pasiones, concluiríamos que, Salvo Tiscareño que se ha hecho notar, ningún otro candidato de Morena a diputado federal brilla con luz propia y quien debería trasferir esa iluminación, el candidato a gobernador, carece de cualidades irradiantes. Veremos, el seis de junio llega en un suspiro.
Rompeolas
Es una pena ver en lo que está terminado el PRI. En la presente elección, no hablo de ayer ni de mañana, ahora, es un partido desfondado, sin ilusiones, en perpetua dispersión. Existen razones para su debacle, la primera es que sus militantes están acostumbrados al poder, lo buscan donde esté y hoy no es en su partido; la segunda es que el CEN de Alito los dejó a su suerte, ni calor político ni apoyo económico. Así nunca. Esta sensación de orfandad provocó un efecto inusual en elecciones, que la mayoría de los candidatos a diputados y alcaldes acuerdan con la candidata que ven ganadora, en este caso Maru Campos, y otros, según la situación electoral de su municipio o distrito, con Loera, dejando vulnerable a Graciela Ortiz. Y en la capital buscan pretextos justificando anticipadamente los resultados calamitosos, por eso un puñado de candidatos quieren bajar a Sergio Carrillo de la candidatura a presidente municipal, como su él fuese responsable de su incompetencia. En cada oficina priista de la entidad las alarmas suenan con mayor intensidad que en Chernovil, antes de la explosión. Empiezan a tomar conciencia de que caerán al cuarto lugar, reduciendo cada vez más el “piso” del que frecuentemente hablan. ¿Quién pagará las facturas del desastre, cuando los votos se cuenten y el desastre quede confirmado. No esperen indulgencia de la militancia, tampoco de la sociedad, los tratarán con severidad.

















