En la estrategia general de polarización nacional elegida por el presidente López Obrador para fortalecer el régimen y afianzar su poder, está la de movilizar a las universidades públicas, tomándolas como instrumento de inestabilidad política. Hicieron los primeros movimientos; pueden resolver la crisis del CIDE y la mantienen escalando, a la UNAM no han entrado por la pandemia, pero desde el año pasado está dada la instrucción de levantarla, con la provocación de que “se derechizó”, respaldados por la fuerza pública del gobierno poblano, meses atrás asaltaron rectoría de la UDLA.
Hoy está ocupado en la ofensiva contra periodistas que considera enemigos, desencajado por la revelación de la llamada “casa gris” que exhibió a su primogénito viviendo como príncipe saudita. Es su lucha del momento pero no tardará en refrendar el llamado contra las universidades, es un hombre de obsesiones perennes y decisiones exaltadas. Sabe que los estudiantes son un potente catalizador de inestabilidad social y quiere aprovecharlos, en el caos nutre sus apetitos personales de pasar a la historia como el gran transformador.
En ese contexto potencialmente explosivo debe ser ubicada el relevo en la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde además subsisten condiciones domésticas de inestabilidad. Javier Corral, Luz Estela Castro, Luis Fierro, Víctor Quintana, Carlos González y otros personajes vinculados a Morena fracasaron en su intentona de asaltar rectoría por la vía de la Reforma Académica, que más bien era una profunda Reforma Administrativa desapareciendo facultades y consejos técnicos para crear departamentos administrativos. Abreviaban así la elección de rector, un esquema similar al de Ciudad Juárez, cuya rectoría no han soltado desde que la tomó Rubén Lau Rojo.
Ese camino quedó cancelado con la victoria de Maru Campos en el gobierno estatal. La forma en que ese grupo hizo hasta lo imposible para destruirla y su convicción de que iban por la universidad, desmontó las pretensión reformistas en las que Luis Fierro era un dócil instrumento de sus propósitos colonizadores. La intención, sin embargo, sigue vigente, Asidos a la instrucción presidencial, los mismos personajes azuzarán desde las tinieblas movimientos estudiantiles esperando pescar en el río revuelto.
¿Política ficción? Habría que ser ingenuos, estar ciegos o desconocer su historia de lucha para desechar la hipótesis. Aunque lo intentarán de una y mil formas, estoy convencido que no podrán, por dos razones: primero, los universitarios quieren recuperar el tiempo perdido en la pandemia, no involucrarse en movimientos estudiantiles que les son ajenos; segundo, la izquierda de Chihuahua carece de base social, es más que todo contestataria, razón por la cual se ven obligados a importar activistas externos. Querrán más no podrán.
Teniendo presente ésta realidad, la mayor responsabilidad del rector Villalobos Jión y los directores de facultades es preservar a la universidad de influencias injerencistas con propósitos desestabilizadores. Villalobos es garantía de eficiencia e institucionalidad, está formado en la vieja escuela, hará su parte. Algún director, en cambio, podría caer en la tentación ignorar las señales pensando que la inestabilidad favorece sus aspiraciones. Sería mal cálculo, quienes se abandonen en la abulia pensando que pasarían desapercibidos o contribuyan a los complotistas, cancelarán cualquier posibilidad de llegar a rectoría. Es la hora de la Universidad, los chihuahuenses estamos obligados a velar por ella.
Rompeolas
Durante los cinco años de Javier Corral jamás hubo una sola reunión con el rector y los directores, él acordaba en la clandestinidad con Castro y luego instruían a Fierro sobre sus decisiones, lo tenían por su títere. Ayer se reunió la gobernadora Campos con el rector Villalobos y los directores de todas las facultades, encuentro relajado cuyo propósito único fue darles la certeza de que Palacio está pendiente de la Universidad, que sigue su proceso electivo y se ocupa de su tranquilidad. Los directores son listos, entendieron y tomaron nota de que el mensaje es cerrar filas evitando palomasos fuera de tono que contribuyan a los propósitos de quienes, desde las sombras, trabajan por incendiar a la Universidad. Abusados, estamos en tiempos de audaces, no de forajidos.
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Los comentarios de Claudio X González y Beatriz Pagés quedan para mañana, en el contexto de la farsa programada para el diez de abril.

















