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lunes, marzo 30, 2026

¿Sabías que la selección de Bélgica dejó un legado permanente en México tras el Mundial de 1986? 

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Cuando el silbato final retumbó en el Estadio Azteca aquel verano del 86, la selección de Bélgica ya no era una extraña para México. Los llamados Diablos Rojos (apodo que comparten con el Toluca) habían llegado a tierras mexiquenses como desconocidos, pero se fueron como leyendas de la solidaridad.

Fue un Mundial, un destino y un gesto histórico hacia México en general y para la entidad mexiquense en particular.

Corría el Mundial de México 1986. Mientras figuras como el portero Jean-Marie Pfaff detenían balones imposibles en el Estadio Nemesio Díez, el equipo belga descubría una realidad que les caló más hondo que cualquier derrota: la situación de los niños en vulnerabilidad en la ciudad que los hospedaba, precisamente la capital del Estado de México.

Conmovidos por la calidez del pueblo toluqueño, los jugadores belgas tomaron una decisión sin precedentes: donar sus primas y bonos del torneo para cimentar algo más duradero que un trofeo. Así nació la Casa Hogar Diablos Rojos de Bélgica, un refugio que transformó el agradecimiento deportivo en una misión de vida.

Entre sus principales promotores estuvo el portero Jean Marie Pfaff, que en ese entonces jugaba para el Bayern Múnich y estaba en la conversación a considerar entre los mejores guardametas del planeta de ese año mundialista.

¿Dónde está y qué hace hoy la Casa Hogar?
Ubicada en el municipio de Zinacantepec, a pocos minutos de Toluca, esta institución de asistencia social ha sido el hogar de cientos de menores en situación de abandono o carencia de cuidados familiares.

Su ubicación exacta es el Bulevar Adolfo López Mateos 165, San Miguel Zinacantepec, Estado de México, donde proporciona alojamiento, alimentación, educación y atención integral sobre todo para menores de edad en condición de calle o vulnerabilidad.

A más de tres décadas de su fundación, la selección belga y diversas organizaciones internacionales mantienen visitas periódicas y apoyo financiero para asegurar que la «llama del 86» no se apague.

Efectivamente, fue el impacto de una herencia futbolística. Lo que comenzó como una sede mundialista se convirtió en un lazo de hermandad inquebrantable. Hoy, la Casa Hogar Diablos Rojos de Bélgica es un referente de la asistencia social en el Estado de México. El futbol, en su máxima expresión, es capaz de construir hogares donde antes sólo había carencia. Dale un balón a unos niños y los verás felices.

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