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domingo, abril 12, 2026



*Transición incómoda… entre “hermanos”

*Mesta, entregó el rostro de la derrota

*Serrato; ya te saludé, ya puedes irte

*Loera no entiende que no entiende

*Lilia Merodio, la gran trepadora

*En el PRI la grilla está sabrosa

*Ariel Fernández, por la unificación

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En los primeros meses de la prolongada precampaña informal, Javier Corral tuvo el gesto de “advertir” a ciertos empresarios que no apostaran por Maru Campos, por que no llegaría a las boletas, mostrando el batido expediente de la famosa nómina secreta. Tengo la obligación de informales, decía con falso tono de agradecimiento. Después, ya sabemos, hizo hasta lo imposible por detenerla y cuando supo que no podría, profetizó que un conflicto poselectoral era “casi imposible”.

Todo le salió mal: Maru llegó a la interna contra Madero, contra todo pronóstico transitó con éxito una persecución política disfrazada de justicia, hizo un gran registro ante el IEE, ganó las elecciones por amplísimo margen, el domingo recibió la constancia de mayoría y el uno de octubre protestará el cargo de gobernadora.

Corral no tiene para dónde hacerse, más que bajar la cabeza, aceptar el sonado fracaso, tragarse su orgullo y facilitar un proceso de entrega recepción ordenado, al que está obligado por ley. Pero sus actos tienen consecuencias, por esa obstinación hoy somos testigos de una transición incómoda, siendo que sucede entre “hermanos” de un mismo partido. El PAN está entregando al PAN, todos deberían celebrar.

Sin embargo, ésta transición es más tensa que la de Baeza y Barrio, protagonistas estelares de la mayor disputa por el poder, en los últimos tiempos. Cuando Baeza reconoció que nada tenía por hacer, aceptando que Macías estaba perdido, la primera instrucción que dio a su gabinete fue la de entregar todo, “menos el rostro de la derrota”.

Ayer fue penoso ver a Fernando Mesta, secretario general de gobierno y uno de los más activos persecutores de Maru, bajar la cabeza sin poder pronunciar el “gobernadora electa”. Se le hizo un nudo en la garganta y, tocando con su barbilla el pecho, soltó un murmullo incomprensible, de cuyo contexto se infiere que pretendió decir “gobernadora electa”. Mesta no estaba preparada para un momento así, viéndose parado junto al coordinador de la transición propuesto por Maru, debió sentir que ácidos recorrían sus venas. Lo compadezco.

Sin embargo es necesario subrayar que la elección quedó atrás, les seguirán doliendo pero lo mejor para el grupo ganador es mostrar templanza y facilitar la entrega recepción sin ánimos de venganza. Así aflojarían la tensión generada por el gobernador que se va. En los ánimos de crispación no florecen buenos gobiernos, lo acabamos de ver con los dos últimos que tuvimos.

Rompeolas

Cabeza gacha y lo que usted quiera, en las formas y en el fondo Fernando Mesta mantuvo el frío de Palacio contra la candidata ganadora, pues despachó a Luis Serrato, su hombre en la transición, en menos de quince minutos, sin establecer un calendario mínimo de trabajo y durante la improvisada rueda de prensa –atendieron a los medios en pasillo- si algo dejó claro el secretario, fue que la transición iniciará cuando terminen las “formalidades legales” ¿Qué no terminaron con la constancia de mayoría? ¿Sabe Mesta algo que no sabe Serrato? ¿Sugiere impugnaciones o sorpresas ministeriales? Mezquinos hasta el final, la traen adentro y siguen pataleando. Y sí, el paisano sonorita lució como parece: chamaqueado. Hubiese ido mejor César el malo, o Cesar el “exbueno”, cualquiera es tres veces más lagartón.

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Juan Carlos Loera como Peña Nieto, no entiende que no entiende. Responsabilizar de su derrota a los poderes fácticos –empresarios, medios e Iglesia. Antes había dicho también que el crimen organizado- es como decir que perdió por que los panistas votaron en su contra. La Iniciativa privada es el grupo más activo –en ciertos sentidos más que los partidos- contra López Obrador y Morena; a los medios nunca se acercó, pensando que no los necesitaba, la Iglesia es otro frente activísimo contra el régimen totalitario que Loera representa y el crimen, bueno pues es el crimen. Cómo esperaba que lo ayudasen, si encima jamás ofreció programas a favor de esos grupos. Mantuvo el monótono discurso de “primero los pobres” y el cínico “no robo, no miento ni traiciono”. Es de risa, pero así son, parten al país en buenos y malos, donde los buenos son ellos, los liberales, los chairos, los proletarios y los malos son los conservadores, los fifís, los clasemedieros aspiracionistas y luego se molestan por que votan en su contra. Un ejercicio de autocrática y la mínima convicción democrática le vendría bien, pero eso no sucederá, es de los que profesan lealtad ciega al tlatoani, por tanto dueños de la verdad.

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La capacidad trepadora de Lilia Merodio es admirable. Dos veces perdedora, ningún voto aportó a la campaña estatal, carece de grupo político, carece de experiencia administrativa, su fama pública es cuestionada en Juárez –pregunte por ella al Teto y a varios más- y sin embargo sabe acomodarse en el lugar y el momento preciso, como se coló al equipo de transición de Maru Campos. Cociéndola se promoverá activamente para el cargo que tiene en mente, pero una cosa es pertenecer a un equipo de transición y otra integrarse en primer nivel a un gabinete estatal, en un partido que no es el suyo. Sin embargo, como dije antes, es gran trepadora, no extrañaría que consiga hueso con alguna carnita. Debería buscar el Verde, ahora que María Ávila está de bajada y los Lebaron no acaban de llegar.

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En el PRI la grilla está sabrosa, por el dominio de las siglas. De la elección salieron vivos, sin dejar la terapia intensiva, pero los grupos disputan con singular frenesí la dirigencia estatal.  Ponga en una esquina a Graciela Ortiz, acompañada de Alejandro Domínguez, y en la otra a Omar Bazán, que mantiene un activismo inusitado en el CEN. Se despedazan por gusto, ellos saben perfectamente que en ese partido de “institucionalidad” ciega la suerte del principal la corren los accesorios. Es decir, en razón de lo que suceda con la dirigencia nacional, Alito esta en capilla, será la definición en los directivos estatales. Los tiempos del relevo son en agosto, pero lo más probable es que prorroguen el interinato de Alejandro Domínguez, a la espera de que resuelvan la dirigencia nacional. Veremos.

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Al frenesí sucesorio se sumó Ariel Fernández, ex alcalde de Aquiles Serdán que refrendó victoria el pasado seis de junio. El hombre se asume como factor de unidad, por no tener dificultades ni confrontación con ninguno de los grupos. Y es cierto, ha conseguido armonizar, manteniendo a la vez buenas relaciones con el estado y la federación. Pongamos que es un político conciliador. Probablemente los tiburones no lo hayan pensado así o si lo piensan decidan ignorar esa opción, por intereses políticos personales, pero quizás una alternativa de bajo perfil que procure la unidad sea lo mejor para éste partido, en la presente coyuntura. Ariel y otros ganadores en la elección pasada, como por ejemplo Noe Chávez y otros exalcaldes ganadores podrían ser la solución inesperada a las diferencias irreconciliables de los grupos dominantes.