Antes de la forzada marcha que prepara la demagogia populista contra la gobernadora Campos, al partido del régimen, Morena, le llegó el colapso Moral. Mientras Ariadna Montiel y la estridencia de los radicales están ocupados en limpiar con Chihuahua su grasiento
rostro, la Justicia de los Estados Unidos recibe envueltos para regalo a dos de los señalados en Sinaloa. Gerardo Mérida Sánchez, ex Secretario de Seguridad Pública, y Enrique Díaz, ex Secretario de Finanzas, se entregaron presurosos a la Justicia norteamericana como
testigos claves, con la esperanza de salvar sus pellejos.
La movida estratégica y personal de los dos ex funcionarios cambia el juego, ya de por si muy desbalanceado contra la presidenta Sheinbaum. Con ellos dos cantando como
declarantes voluntarios, la presidenta se queda sin fichas para negociar con Donald Trump. Rubén Rocha Moya y el degenerado senador Inzulza han dejado de ser piezas importantes,
ahora el Departamento de Justicia norteamericano tiene lo que necesitaba y les llegó
sin participación del gobierno mexicano. Más debilitada no pudo quedar nuestra presidenta, su papel es ahora de actriz secundaria en la obra donde otros escriben el guion.
Con Rocha Moya fundido, en adelante lo importante es quien, o quienes, siguen. Porque la lista de indiciados continúa, lo confirmó el miércoles Terry Colen, director de la DEA, durante su comparecencia ante el senado de los Estados Unidos. La periodista de investigación y experta en temas de narcotráfico, Anabel Hernández, asegura que
Adán Augusto, el influyente senador al que López Obrador llama “mi hermano”, es el segundo en la lista. Pero con independencia de datos filtrados o especulaciones, la realidad
objetiva es que pronto recibirán el segundo requerimiento de narcoterroristas apalancados
en la parte superior del régimen demagogo.
Los fríos cálculos y la paciencia de Claudia Sheinbaum obraron en su contra, su inacción la desacomodó. Tanto estiró la liga exigiendo pruebas para entregar a Rocha Moya, que terminó reventándola por lo más delgado, sin apenas darse cuenta. Sea por convicción ideológica o estar secuestrada por el ex agazapado en Palenque, ella optó por asumirse jefa del movimiento, abandonando sus deberes con los mexicanos. Se comportó como líder de pandilla en vez de actuar como presidenta del país.
Deberían hacernos un favor a los chihuahuenses y hacérselos ustedes mismos, señores devotos, bajándolo tres rayitas a sus apetitos de sangre local. Apenas ayer escribí que México les quedó muy grande y que los problemas eran de Sheinbaum y el régimen que representa, no de la gobernadora Campos. La dinámica presurosa de los
acontecimientos no miente, están atrapados en la red de complicidades, corrupción,
asesinatos, delincuencia y abusos que ustedes mismos construyeron con soberbia de
ángeles caídos. ¿Cómo esperan limpiarse la cara con Chihuahua si esparcieron un
cochinero a lo largo y ancho del país?. Entérense, no les da.

















