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domingo, agosto 2, 2026
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En camino hacia la consolidación de la dictadura, Morena mantiene el rumbo inalterado. Desmontadas las instituciones democráticas, va por silenciar las opiniones libres. Lo hace con la prisa de quien ve su tiempo acortándose y se sabe apurado. La Ley censura promovida por la presidenta Sheinbaum y el régimen de la demagogia populista es una respuesta al descrédito social sufrido en los últimos meses. Al percatarse de que perdió la narrativa, intenta recuperarla por la vía del autoritarismo; controlando por decreto a los medios y limitando la presencia incómoda en las redes sociales.

Es una contradicción brutal del régimen que se autodefine “más democrático del mundo” y cuyo lema es “no mentir, no robar y no traicionar”.  Sospecho que la presidenta tomó la decisión de apresurar la Iniciativa cuando valoró las mediciones sobre su popularidad y la de su partido, ambas consistentemente a la baja desde que las voces opositoras rebautizaron a Morena como el “narcopartido”. El INE, secuestrado por ellos, ya nos había proporcionada la certeza de su inconformidad, prohibiendo que los llamen así. Pero saben que es insuficiente, así que van por la censura total. ¿Donde está el derecho, en su caso, de las audiencias a recibir información verídica?.

En un régimen de probada vocación autoritaria, el peligro de “proteger el derecho de las audiencias” es que los censores suelen ser responsables de la pureza ideológica del movimiento, extendida su visión a toda la sociedad: si tus opiniones públicas (luego van por las privadas) son contrarias a la narrativa oficialmente aprobada, entonces pierdes el derecho a expresarte. Ellos definen lo aceptable y lo que debe ser rechazado, la verdad y la mentira, lo que contribuye al bien social y lo que altera la paz. La censura es un instrumento de control político.

Pueden mentir con cinismo inaudito sin sufrir consecuencias, porque para ellos su mentira es la verdad. López Obrador mintió durante cada mañanera, Luis Estrada cuantificó 140 mil mentiras o información no comprobable y Porfirio Muñoz Ledo dijo de él que “miente como respira”, sin embargo es el gran árbitro de la censura. Shienbaum, por su parte, renombra los hechos queriendo disimular una realidad incómoda: no son apagones, son interrupciones; no son refinerías clandestinas, son centros de procesamiento; el tren no se descarrila, se mueve.

 Es un régimen sostenido sobre una narrativa unas veces mentirosa y otras falaz que traiciona el derecho de los mexicanos a conocer la verdad, pero en su caso está muy bien. Son ellos los que deciden lo bueno y lo malo para el público. En cambio si un periodista independiente, mexicano libre o líder opositor tiene el atrevimiento de llamar a Morena “narcopartido” o decir que Pemex y la CFE están quebrados pese a la cuantiosa inversión recibida del erario, entonces es inmerecedor de ser escuchado y en caso de persistir con su atrevimiento, sujeto a severas amonestaciones o castigos.

Lo que vemos en el caso de la Ley Mordaza promovida por Claudia Sheinbaum, es el apresurado cierre de un círculo que inició con el desmantelamiento de los órganos autónomos que empoderaban al ciudadano frente al poder, transparencia y varios más, siguió con el secuestro de los órganos electorales, se afianzó con los ministros y juzgadores del acordeón y pretende consolidarse imponiendo un silencio impúdico a los ciudadanos libres. Sin más instituciones que secuestrar, pervertir o eliminar van por los medios impresos y las redes sociales.

Cerrado el círculo, estamos a un paso de la persecución, ni Chávez lo hizo tan rápido y ya conocemos las consecuencias de Venezuela; en dos décadas pasó de ser uno de los países con más desarrollo de la región a un país paria. Las prisas de López Obrador y Claudia Sheinbaum tienen una doble explicación; por una parte los apura la presión de los Estados Unidos, por otra el acelerado deterioro social de su partido. Saben que han cometido tantas atrocidades en sólo ocho años de poder, que les aterra verse derrotados y pagar las que deben. Si tan seguros estuviesen de contar con la aceptación mayoritaria de los mexicanos, no se arroparían en medidas desesperadas propias de los peores totalitarismos. Están derrotados, su temor a la verdad lo demuestra.

Rompeolas

Mis sinceras condolencias a la familia y seres queridos de la paisana Paty Ulate, murió luego de una larga batalla contra el cáncer. Que Dios la tenga en su reino y a su familia de consuelo. Un abrazo grande, estimada Angélica.