Los hechos observables:
El once de agosto el general Mérida, secretario de seguridad en el gobierno de Sinaloa durante el periodo de Rubén Rocha Moya, sale de prisión e ingresa al sistema de testigos colaboradores en Estados Unidos. El trece, Andrés Manuel López Beltrán, “Andy”, revela que su visa fue cancelada y ese mismo día pública una carta dirigida a Donald Trump, calificada por muchos como una expresión megalómana redactada por su padre. El dieciocho, en Argentina, el director general de la DEA, Terry Cole, colma de elogios a García Harfuch. Al otro día es detenido Fausto Ernesto Corrales, testigo clave de la reunión donde presuntamente secuestraron a Zambada y asesinaron a Melesio Cuén, principal adversario político de Rocha Moya. El veinte es repatriado de Argentina el contraalmirante Fernando Farías, acusado de pertenecer a una pandilla dedicada al huachicol fiscal y sobrino del secretario de Marina, Rafael Ojeda. El 21, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, informa que la presidente Claudia Sheinbaum padece un agudo cuadro gripal y ese día, una hora después de concluir la mañanera sin la presidenta, Rubén Rocha Moya anuncia su regreso al gobierno de Sinaloa.
Las reacciones:
La Opinión Pública nacional reacciona con azoro e indignación en mordaces críticas contra el regreso del gobernador requerido por la Justicia Norteamericana. Ricardo Monreal pide al gobernador, ahora en funciones, que reconsidere. Ariadna Montiel deslinda al partido y dice que la decisión de regresar fue unilateral del mandatario. Los gobernadores del régimen firman un extenso desplegado donde lo amonestan severamente: “la desmesura y las decisiones de facción atentan contra los principios de honestidad y lealtad que juramos defender”. Como el silencio también es reacción, al respecto callaron Andrés Manuel López Obrador, Ignacio Mier, coordinador de los senadores, Adán Augusto López, Andy López Beltrán. Fernández Noroña se pronunció a favor del gobernador e incluso formula criticas a Monreal.
Las consecuencias:
Obviamente se trata de una acción que cataliza la confrontación, todavía más, entre los dos gobiernos. La primera reacción del Departamento de Estado lo confirma: “El cártel de Sinaloa no podría operar sin ayuda de funcionarios corruptos”, anticipando que tendrá respuesta en los hechos. Una segunda consecuencia es el afianzamiento, en el sentir de los mexicanos, de que Morena es un narco-partido, lo que tanto empeño han puesto para desmentir. Otra, sería el descrédito social del régimen y las evidencias de que Morena se parte en dos; las reacciones en contra y los silencios con la voz a favor de Fernández Noroña, dan pistas del realineamiento político al interior del régimen, que ha venido conformándose desde que Sheinbaum tomó el poder.
Preguntas obligadas:
¿Quién autorizó el regreso de Rocha Moya, si el partido dijo que se trató de una decisión unilateral?. ¿Realmente regresó por iniciativa propia o alguien ordenó su regreso?. ¿Porqué vuelve ahora, en medio de los acontecimientos enlistados anteriormente?. ¿A qué se atiene, sabiendo que regresaría contra el interés de su partido y sería recriminado por sus pares?. ¿Existen fuerzas oscuras que pueden sostenerlo contra su partido y sus colegas?. ¿Sheinbaum sabía y, al no poder evitarlo, decidió ganar tiempo declarándose enferma?. ¿Quién gobierna en México, el expresidente o la presidenta, o tienen repartido el mando?
Las especulaciones:
Rocha Moya no consultó con nadie su regreso, recibió la orden directa de López Obrador y acató poniéndose de su lado al ver una rendija de libertad que lo mantenga en México. El motivo del expresidente sería profundizar el encono de los Estados Unidos hacia el gobierno de Sheinbaum, de modo que revienten de una vez la liga y tomen acciones que le permitan salir de su escondite, con la excusa de que “atentan contra la soberanía del país”, una de las razones por las que amenazó con volver. Otra posibilidad es que ambos, López Obrador y Sheinbaum, juegan al policía bueno y al policía malo, ambos con la idea de convulsionar al país provocando el intervencionismo norteamericano, con el fin de generar tal agitado social que les permita declarar inviables las elecciones y justificar la persecución de opositores, acusándolos de “traidores a la Patria”.
Las que aquí propongo son especulaciones, si usted quiere conspirativas y con ganas de mortificar. Pero dados los acontecimientos y con la certeza de que el régimen esta en modo “nosotros o el diluvio”, son pertinentes. Otra puede ser, por ejemplo, que al verse amenazado, López Obrador decidió doblar la apuesta, como suele hacerlo, y ordenó a Rocha Moya que regrese a fin de provocar un levantamiento social que lo haga mártir, en caso de que la Justicia Norteamericana venga por él. Así lograría sus desquiciados anhelos de pasar a la historia junto a Juárez, Hidalgo, Madero y Cárdenas.
Conclusión:
El conjunto de fenómenos geológicos, tales como pequeños sismos, aumento de temperatura en manantiales, filtración de gases, ligeras deformaciones de la superficie, es llamado por los vulcanólogos “precursores volcánicos». Por lo general son indicadores ciertos de que pronto habrá una erupción, sin que los expertos puedan predecir intensidad y fechas de la explosión. Así entiendo la seguidilla de acontecimientos en los últimos días, que inició con el general Mérida incorporándose al programa de testigos colaboradores en Estados Unidos, pasó por la visa de Andy, el regreso de Rocha Moya y va en el tajante rechazo de gobernadores, partido y diputados contra el atrevimiento. Vemos en tiempo real los precursores políticos de una erupción al interior del régimen, cuyas consecuencias serían catastróficas para su propósito de instaurar en México una dictadura de mil años. El detonante de la erupción sería una acción determinante de los Estados Unidos, interviniendo de manera directa en territorio nacional o declarando a Morena organización terrorista. López Obrador, Claudia Sheinbaum y sus entornos saben mucho más de lo que vemos los mexicanos, ellos viven la tormenta desde adentro. Los días de simular unidad han terminando. La erupción viene, prepárese.
Actualización:
Escribí lo anterior el sábado por la mañana, hoy domingo me entero de que Rocha Moya no soportó la presión y renunció, otra vez, al gobierno. La presidenta Sheinbaum, que había permanecido en silencio, habló para criticar “la desmedida ambición de poder” e imponerse contra el gobernador y contra quien haya autorizado o pedido su regreso, que no pudo ser otro más que López Obrador. A pesar de la subita reversa, mantengo lo escrito: la erupción viene y, por lo que vemos, podría ser violenta.
















