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martes, octubre 20, 2026
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No estoy de acuerdo en llamarlo traición, lo que yo veo en el caso de César Jáuregui es una obstinación llevada “hasta donde tope”, que lo confrontó con la gobernadora, habiendo sido uno de sus colaboradores más cercanos en al menos los últimos diez años. Tampoco es algo extraordinario, el poder y la política suelen confrontar a padres e hijos, hermanos y hermanas, provocar divorcios, destruir viejas amistades. Corral metió a la cárcel a Pinedo, su amigo de toda la vida; los de Duarte terminaron hechos pedazos, confrontados entre sí; Reyes cerró frío con su secretario y amigo de años, Fernando Rodríguez, y distanciado de muchos otros. Los Moreira de Coahuila sufrieron hasta un muerto en la familia y tanto Humberto como Rubén fueron gobernadores. Podría seguir describiendo ejemplos dentro y fuera de Chihuahua, pero aquí le paro, hay dolientes.

Sin embargo, acepto el planteamiento de la traición como recurso metodológico para explicar lo que sucedió, caso en el cual empecemos por preguntar quién traicionó a quién. Los que postulan esta tesis intentan responsabilizar a la gobernadora Campos y ponen a César Jáuregui como víctima. ¿Están seguros?, pregunto porque se niegan a reconocer dos hechos grotescos difundidos hasta la saciedad: la muerte de cuatro personas (olviden si eran agentes o no, eran personas que dejaron enlutadas a sus familias) y tres semanas de feroz persecución del Gobierno Federal contra Maru.

Si niegan estos hechos pesarán que los caídos al barranco eran maniquíes y la persecución un delirio colectivo. Como no pueden negarlos, los ignoran y centran sus argumentos en un tema secundario; la precampaña de Jáuregui por la Presidencia Municipal. Se saltan lo fundamental, antes del trágico accidente en el Pinar, el favorito de la gobernadora para edil era el entonces fiscal ¿ya olvidaron eso?. De los cuatro candidatos creíbles (Santiago, Alfredo, Manque y Jáuregui, el resto soltó su gato a retozar buscando A para obtener B) César era el más aventajado. Nadie le puso freno, ni le metió el pie. Todo lo contrario, en ese momento iba punteando y él, como sus seguidores, lo sabían perfectamente. Ya se había visto.

Llegó el accidente mortal (si estamos de acuerdo en que no eran maniquíes) y empezaron sus problemas. En un primer control de daños, Maru y él pactaron con García Harfuch su renuncia y él aceptó las condiciones, sabía que debía pagar por la tragedia. A la vez se salió de la contienda por la alcaldía, en un acto de congruencia política e institucional. Después, inexplicablemente, regresó a la campaña, pero ya no tenía condiciones de ser candidato. El PAN no pondría en riesgo la campaña al gobierno estatal ni a la Presidencia Municipal, con un candidato que arrastraba sus problemas legales, esos que ahora lo tienen detenido.

Nunca lo dejaron solo, en compensación le ofrecieron opciones muy atractivas: diputado federal pluri, coordinador del Congreso local. Nada le pareció suficiente, en vez de aceptar una salida generosa a su problema legal, le dio por envolverse en la bandera democraticista e intentó erigirse como garante de la decisión política; “si no soy yo, que sea Manque y me bajo”, ofreció en al menos un par de ocasiones. ¿Qué fortaleza política tenía en ese momento para ser garante de la decisión?. Ninguna, seguía siendo un político señalado por el caso de la CIA. Su renuncia es pactada con su aceptación explícita y después rechaza envidiables alternativas, ¿quién es el traidor aquí?. Negado a la realidad, él generó una crisis de unidad en el PAN y obligó a que la gobernadora tomase decisiones extraordinarias.

El otro tema, la persecución contra la gobernadora (supongo que también estamos de acuerdo en que no fue un delirio colectivo). El gobierno de Claudia Sheinbaum eligió a Maru Campos como primer objetivo del accidente provocado por la Fiscalía a cargo de Jáuregui. El poder del régimen cargó contra ella y empezaron un proceso legislativo para desaforarla, con obvias intenciones de llevarla a prisión. Fueron tres semanas de intenso y feroz golpeteo, hasta que se percataron de que la victimizaban y le daban estatura nacional, poniéndola incluso entre los aspirantes de la oposición a la Presidencia de la República. Sólo entonces la soltaron. Recuerden, la primer intención del régimen era encarcelar a Maru para tapar el escándalo de Rocha Moya, forzado a renunciar por sus vínculos criminales.

Y ahora, según los panfletistas de César, es Maru la que puso a César, ¿en serio?.

Ella sabe que mañana o pasado pueden volver en su contra, retomar la ofensiva para desaforarla. Como sabe también que Jáuregui podría declarar en su contra e involucrarla. Ahora mismo dijo Ariadna Montiel que el tema de la CIA debe ser llevado hasta sus últimas consecuencias, insinuando que sigue la gobernadora. Si, la presidente dijo que no había evidencias contra Maru, por que efectivamente no las hay. Pero con ellos nada es seguro, mañana puede cambiar de parecer y apelar a la justicia del acordeón para volver a subirla. Existe una alta probabilidad de que Intenten involucrarla, César no es figura nacional para servir de distractor, Maru sí, ellos mismos la hicieron. ¿Cómo Maru lo entregaría, habiendo vivido la experiencia de la persecución?.

Está el hecho de que lo detuvo primero la Fiscalía local, lo que motiva sus sospechas. Bien, ¿porqué tomaron esa decisión?, pues porque no había de otra, iban a venir por él con o sin la Fiscalía estatal. El destino de César estaba sellado desde la tragedia en el Pinar, también como parte de los acuerdos con García Harfuch se creó la comisión especial que investigó el caso. Tenían que hacerlo y se lo dijeron de varias formas, le dieron tiempo sobrado para salir del país y esperar las fechas electorales que le permitiesen regresar de manera clandestina e investirse de fuero. ¿Porqué no lo hizo?, imposible saberlo. En vez de ver por su libertad, terminó lanzando un grosero desafía a la autoridad política de la gobernadora: “A mi nadie me dobla, hasta donde tope?. Miren en donde está topando, porque a él nadie lo dobla.

Los exaltados que van por calles y redes hablando de traiciones son parte de las pésimas decisiones que fue tomando César Jáuregui desde aquel operativo maldito. Si tuviesen un mínimo de verguenza y sentido de la decencia, estarían arrepentidos de haber contribuido a esa sinrazón que lo puso en una prisión de máxima seguridad, en lugar de haber aceptado las generosos opciones que recibió. Acepten su parte, César ahorita está en una fría celda de tres por tres y ustedes muy orondos en sus casas, comiendo caliente y a sus horas.

 

Rompeolas

 

Tras el episodio que nos ocupa, vendrá la necesaria purga en el PAN. Mientras más rápida y definitiva mejor, que de una vez salga la podredumbre que debe salir, a final de cuentas hace tiempo que varios están con la demagogia populista. Deben empezar por los cambios en el CDE, no porque Daniela sea parte de los conjurados, sino por que ella muy pronto será nombrada candidata a la Presidencia Municipal de Juárez. En esta responsabilidad es muy importante que tome parte activa el candidato Bonilla, es el más interesado en sanear las excrecencias de tan lamentable episodio. Háganlo con valor, el PAN es más grande que la suma de los panistas, no se diga de un minúsculo grupo de atolondrados movidos por intereses personales.