Imagino a los senadores texanos hablando con Marco Rubio, acomodados en la informalidad de quienes son cómplices: secretario, México sigue con adeudos del agua, tenemos que obligarlos a pagar, ya se cumplió otro ciclo y no quieren pagan. Senadores, pero ustedes saben que el Tratado establece una prórroga en caso de sequia prolongada, como la que tenemos ahora en ambos lados de la frontera, estamos en ese plazo, ¿qué podemos hacer?. Si, secretario, eso de la prórroga es verdad y de la sequía ni nos diga, la sufrimos diario. Pero también sabemos que ellos tienen agua y nosotros tenemos al presidente Trump. Qué nos importa, es México. Muy bien, hablaré con el presidente. Al otro día, sin razón ni motivo, las amenazas; o México paga lo que debe de agua o aplico aranceles. Ya se la saben.
Patricio Martínez, Mario Mata y diversos productores han explicado hasta el cansancio que los quinquenios no son fatales, el Tratado establece clausulas de prórrogas en caso de sequías prolongadas como la que vivimos en los últimos años, nadie está obligado a lo imposible. Patricio va más lejos, está convencido de que el acuerdo binacional del 44 no menciona la Boquilla, siendo que ya existía, ni tampoco al río Conchos. En su interpretación ese Tratado contempla exclusivamente las aguas del río Bravo, no más. Este gobierno navega con un Tratado de ocho décadas y nunca hubo problemas, existen regulaciones específicas que maneja CILA y conoce al detalle Conagua. Hay formas legales de resolver desacuerdos.
En este momento México no adeuda ninguna gota de agua a los Estados Unidos y Chihuahua en lo particular menos. El problema es que la presidenta Sheinbaum no quiso informarse correctamente para defender por la vía legal las aguas nacionales y si fue informada decidió ignorar los términos del Tratado. Como fuese, el hecho específico es que a la primera mención de Donald Trump sobre aranceles, bajó la cabeza y dijo si señor. En menos de 72 horas “acordó” entregar a los arrogantes texanos 246 millones de metros cúbicos de agua que México no debe y los mexicanos necesitan desesperadamente. Con excepción de una presa en Nueve León que se ubica al 80 por ciento de su capacidad, el resto de las presas en el norte está deprimidas. No hay agua y nuestra presidenta regalandola.
Cuál soberanía, cuál respeto. Se dobló con la misma rapidez e incondicionalidad como se dobló López Obrador cuando, también amenazado por Trump, convirtió a la Guardia Nacional, miles de elementos, en agentes migratorios de los Estados Unidos, desplazados en la frontera sur. Es el pavor que los presidentes de la demagogia populista tienen a Trump, son incapaces de ofrecer la menor resistencia a las exigencias del Norte, sean legales o abusivas. En todo han cedido, menos en los planes contra organizaciones criminales.
Aquí está otra característica dominante del régimen; la presidenta se indigna mucho frente a la posibilidad de que fuerzas norteamericanas combatan en territorio nacional a los cárteles de la droga y está bien, las deben combatir nuestras fuerzas. Pero la señora no tiene menor reparo en regalar el valioso recurso del agua, siendo que millones de mexicanos la necesitan para uso doméstico y agrícola. ¿Cómo entender su concepto de soberanía, cuando dicen que a los narcos no los toquen, pero entregan agua como si regalaran un Xoloiscuintle?.
Estamos frente al concepto de soberanía nacional versión cuatroté; aturden con un ridículo discurso patriotero de falso nacionalismo envuelto en el estribillo de “colaboración sí, subordinación no”, adosado con invocaciones al Himno Nacional y concentraciones humanas pagadas en la plaza. La soberanía es como la libertad, no se discute. Se practica con hechos, las arengas diseñadas por propagandistas son con el fin de satisfacer el adoctrinamiento de millones, para quedar bien con sus devotos. Cumplen los mismos objetivos de los programas electoreros; asegurar su clientela. Al despotismo de un megalómano como Trump no se le puede hacer frente agachándose a la primera, menos cuando la razón legal nos asiste.
Claudia Sheinbaum acaba de visitar Chihuahua, estuvo en Guadalupe y Calvo y en Juárez, presidiendo eventos sin trascendencia. En la sierra entregó tierras que han sido entregadas 20 veces y nunca las reciben los supuestos beneficiarios, que se las entreguen los sicarios del mal, así tendría sentido. En Juárez presidió un evento de mujeres, otro más mientras su gobierno protege a violadores seriales como Salgado Macedonio y abusadores como Cuauhtémoc Blanco. Del agua ni una sola mención, proscrito el tema. No obstante, el temor a otro atraco está en el ambiente. No ha dicho de qué presas enviarán el agua, pero los agricultores de Chihuahua se quemaron con leche, de modo que hoy le soplan hasta al jocoque.
En está parte es donde los electores se preguntan por los senadores del oficialismo,
ninguno de los cuales ha levantado la voz por Chihuahua. Según la Constitución, los senadores son representes del estado ante la Federación, es su deber hablar por la entidad que representan. Los conocemos y sabemos que no, su conducta en la crisis del agua es la de senadores devotos al régimen, vulgares levantadedos buscando narrativas que justifiquen su inacción. No defendieron el agua de Chihuahua en la crisis del 2020, no la defenderán ahora. Frente a la posibilidad de otro saqueo, se esconden en la falaz y ofensiva narrativa soberanista del régimen.
Ojalá que no vengan otra vez por el agua de Chihuahua, pero si lo hacen encontrarán a una sociedad organizada dispuesta a defender lo suyo con la vida. Están hartos de un gobierno que los desprecia, que solo quiere su voto. Ya les pegaron con la ley regresiva que limita derechos adquiridos durante décadas, recibir otro golpe vaciando las deprimidas presas sería un atentado mortal contra la economía de una importante región y una ofensa mayor a Chihuahua. Con estos patriotas, el país no necesita traidores.















