Todo es ganar tiempo, distraer para destruir a la inmadura democracia y regresar a los tiempos de partido único, potenciado el autoritarismo en versión actual. Hacia allá nos lleva el paquete completo de reformas constitucionales emprendido por López Obrador que Claudia Sheinbaum sigue por nota. Nos dicen que son mentiras, que no vemos lo que vemos o entendemos mal lo que hace bien, pidiéndonos aceptar sus dichos como verdades absolutas. Su problema es que la realidad los desmiente; de palabra se proclaman democráticos y respetuosos del mandato popular, de obra socavan las instituciones ciudadanas y se asumen como únicos interpretes autorizados del pueblo. Quieren ser juzgados y aplaudidos por lo que dicen, no por lo que hacen. Saben que sus hechos traicionan la narrativa.
Si tardaron décadas en llegar al poder, no espera uno que muestren disposición a entregarlo sin luchar. Su problema es que pretenden quedarse para siempre, destruyendo el entramado democrático en vez de ganarse los votos con acciones de gobierno pertinentes y de provecho social. Ahí radica su mayor contradicción, gobiernan de saliva imponiendo con la fuerza del poder su verdad, mientras el país camina hacia el precipicio: Corrupción espantosa, crecimiento económico cero, salud colapsada, inseguridad creciente, infraestructura desatendida, megaobras fallidas, finanzas endeudadas, educación ideologizada. Aparte de la billonaria distribución de dinero y el aumento a los salarios mínimos, nada tienen que presumir. Con otra realidad, el dinero se les acabará muy pronto, ya están pidiendo prestado para pagar lo que han repartido, y al salario se lo comió la inflación, la que sufre la gente cuando acude al super, no la que fija el Banco de México.
Se aferran al poder como el changuito Punch a su peluche, pero como están reprobados en las acciones sustantivas que dan desarrollo y sustentabilidad social al país, debilitan y cooptan las instituciones democráticas, apalancados en mayorías legislativas espurias. Ven casi remoto que los partidos paleros, Verde y PT, entreguen sus votos a favor de la reforma regresiva. Yo tengo mis dudas, la única forma de negarse absolutamente sería que pongan en riesgo las siglas, como decía ayer, el objeto de sus rentas. Si llegan a un entendimiento que les permita prevalecer como partidos parasitarios, venderán sus votos a cambio de nuevas prebendas económicas y políticas, en su caso la misma cosa. Formas de hacer dinero con el presupuesto nacional hay miles y saben muy bien como hacerlas.
Ayer decía que, contra toda adversidad, hay esperanza. Sinceramente lo creo. No la busquemos en los partidos de oposición, el PAN que se ha mostrado más vertical y auténtico está dirigido por jóvenes ambiciosos indignos del momento histórico que les tocó vivir. Son políticos menores que crecieron pensando en que pueden convertir los “me gusta” en votos, que confunden la realidad virtual de las redes con la realidad social del país. Están convencidos de que las elecciones se ganan con memes no en las urnas. Andan en la pendeja subiendo espectaculares y haciéndose videos para tener muchos “likes”, pensando en que gubernatura, senaduría, diputación, que hueso les toca el 27. No se dan cuenta que para tener hueso necesitan dar la batalla en las calles, defender cada voto en las urnas y luego cuidar que no se las roben. A ese punto los llevó el autoritarismo demagogo, es la nueva realidad electoral del país no advertida por ellos. De MC ni hablar, en cada elección ha demostrado ser comparsa del régimen, encontrando pretextos absurdos para rehuir alianzas ganadoras. Del PRI menos, es un partido de dueño único cuyo mayor negocio pronto será el inmobiliario.
De los millonarios tampoco, la historia nos enseña que suelen ser cómplices del poder con independencia de quien o como lo ejerza. No les importa más que aumentar su capital, todos tienen su dinero asegurado en el extranjero, siendo en la mayoría de los casos ciudadanos de dos o tres paises. Mientras la caja suene, ellos felices. Los millonarios del país se han enriquecido más con este gobierno de falsa izquierda que con los gobiernos anteriores, están satisfechos recibiendo contratos multimillonarios. Los que predican primero los pobres afianzaron como nunca el binomio dinero-poder.
La caide del régimen autoritario de perfil castro-chavista, como el que pretende instalar Morena en México, tendrá dos detonantes: la implosión y la insurgencia pacífica de las clases medías estimuladas por los intelectuales. En nuestro caso no queremos que caiga en décadas o cuando una, dos o hasta tres generaciones de mexicanos se hayan perdido. Supongo será pronto, incluso podría ser antes de consolidarse, influenciado por la corriente anti izquierdista que recorre el continente, catalizada por el intervencionismo de los Estados Unidos. Lo detesto, pero seguimos siendo muy vulnerables frente a la gran potencia militarista. En Venezuela el chavismo desaparecerá en la próxima elección, a más tardar; la dictadura castrista tiene los días contados.
No hay novedad, los totalitarismos terminan cayendo lastrados por sus propios abusos, son insostenibles por definición. La implosión sería el camino corto y menos perjudicial. Ya está en marcha el enfrentamiento entre López Obrador y Claudia Sheinbaum, con el realineamiento de leales en cada uno. No es que Sheinbaum sea moderada, es que los radicales en torno al expresidente se consideran legítimos custodios “del movimiento” y, en su pureza ideológica, ven a la Presidenta titubeante. En particular observan con temor el crecimiento de García Harfuh, al que consideran amenaza mayor contra la consolidación del régimen, su paranoia los atormenta. Esta lucha feroz, cada vez más pública, terminará radicalizando más a los obradoristas y desplazando a los claudistas hacia una moderación pragmática, no ideológica. No es que sean diferentes, son los mismos pero enfrentados por ambiciones de poder.
Los mexicanos libres deben incidir en la confrontación interna de las facciones. Me refiero al involucramiento político de millones y millones de ciudadanos comprometidos con el desarrollo del país, que aspiran por derecho a una vida mejor para ellos y para sus hijos. No necesitan que nadie los mueva, la urgencia de país los moverá como los movió con Fox, Peña y López Obrador. Esos mexicanos, millones como dije, hicieron su parte en aquellas luchas democráticas porque Fox sacó al PRI de los Pinos con el clamor social, Peña regresó al PRI en una elección ganada incuestionablemente y López Obrador ganó portentosamente por voluntad popular (la de Calderón estuvo cuestionada y la de Sheinbaum fue una elección de Estado).
Con la nueva ley electoral será más difícil, pero mientras podamos ir a las urnas sin temor a ser arrestados, podamos contar los votos en cada casilla y nos animemos a custodiar las urnas antes de que caigan en poder del INE secuestrado, las victorias ciudadanas serán posibles. No lo haremos por tal o cual partido, por tal o cual candiato. Lo haremos, de ser necesario, a pesar de los partidos y de los candidatos. En Venezuela supimos que es posible, en la última elección allá ganó la libertad contra la dictadura, victoria ciudadana que aceleró la caída de Maduro. Hoy estos demagogos están muy contentos con su Iniciativa regresiva, pero mientras más se aferren al poder más traumática y dolorosa será su caída. Por eso aceleran las reformas, se ven frente al espejo chavista y entran en pánico.
















