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lunes, abril 6, 2026
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En política son comunes las leyendas urbanas, usualmente difundidas con intereses específicos. Hoy ronda una en el partido oficial, la versión de que Claudia Sheinbaum y Adán Augusto López se confrontan en la precampaña por el gobierno de Chihuahua. Quienes la postulan proponen que, para entregar la coordinación del senado, el cuestionado tabasqueño habría puesto como única condición la candidatura al gobierno para su favorita, la senadora Chávez. Presumiblemente la presidenta aceptó el condicionamiento, pero en vez de cumplir optó por empujar al edil Pérez Cuéllar como su proyecto político. De ser el caso, Chihuahua sería el escenario de confrontación más visible entre López Obrador, tripulante de Adán Augusto, y Claudia Sheinbaum.

¿Damos por buena la leyenda? Dos datos me permiten advertir cierta pertinencia; la declaración atrevida que hizo el senador un día después de haber renunciado a la coordinación, pronosticando que Chávez sería gobernadora de Chihuahua, y la declinación de Ariadna Montiel a sus aspiraciones de gobernar Chihuahua, haciendo público un presunto pacto con el edil. Pongamos entonces que hay razones para dar credibilidad a la leyenda, en cuyo caso el futuro de la presidenta Sheinbaum estaría jugándose en la candidatura de Chihuahua. Gana Chávez, es decir López Obrador-Adán Augusto, y el grupo Tabasco se impone, nulificando su influencia política en el segundo periodo de Sheinbaum.

Hasta donde llegan las consecuencias de una relación que presumiblemente va más allá de la política. Antes de Adán Augusto, la joven Andrea Chávez cargaba la bolsa de Bertha Caraveo, quien al ser elegida senadora la contrató como una de sus asistentes. Así la conoció el entonces secretario de gobernación y lo demás es historia. Hoy su relación es motivo de conversación nacional, llegando el tema a las principales columnas del país y siendo inspiración para tejer leyendas que tocan a los más influyentes del populismo. Mañana quien sabe, pero en estos momentos su vínculo político es indisoluble, el empuje de la senadora no se puede explicar sin la fortaleza del senador.

La historia de Cruz Pérez Cuéllar es diferente, él se formó a sí mismo. Empezó en las juventudes del PAN, creció junto a su hoy odiado compadre, Javier Corral, se ganó a los santones del partido para que le abrieran paso hacia la dirigencia estatal, secuestró el padrón, fue diputado local y diputado federal. Cuando lo desplazaron de la dirigencia abandonó el partido, durante la campaña del 2018 rentó su nombre al servicio de César Duarte, deambuló sin trabajo hasta que apostó a todo o nada por una candidatura que otros rechazaron y hoy tiene su alma empeñada en Morena. Pérez Cuéllar es lo que puede ser definido como animal político.

Si damos crédito a la Leyenda, a este personaje eligió la presidenta Sheinbaum como adversario del llamado grupo Tabasco, conocido también por “La Barredora”. Digo que lo eligió porque pudo haber optado por Ariadna Montiel, secretaria del Bienestar, quien acarició durante años la posibilidad de ser gobernadora. Sheinbaum sabe lo que se juega, no es el gobierno de Chihuahua que le interesa tres cacahuates, como está demostrado con los temas del agua, tampoco es el desaforado presidente municipal, supongo que lo habrá saludado un par de veces y eso en eventos públicos. La presidenta se la juega con él en oposición al arrogante senador y contra el expresidente. Necesita dar golpes políticos de autoridad que le permitan prevalecer como presidenta funcional del país.

No es, por supuesto, la única candidatura que ahora mismo confronta al expresidente asilado en Palenque con Claudia Sheinbaum. Es, eso si, el desencuentro más visible. Hasta ese punto la forzó el encaprichamiento de un maduro e influyente militante del Movimiento como Adán Augusto, quien habría puesto su capital político, sus complicidades y relaciones al interior del régimen para instalar a la joven senadora en el gobierno de Chihuahua. Así de complicada se puso la candidatura del oficialismo al gobierno estatal; las pasiones políticas entreveradas con la urgente necesidad de una debilitada presidenta por hacerse valer frente al dueño del movimiento.

Rompeolas

Que no se justifica la manifestación de transportistas, dijo Gobernación en un oficio-boletín que circuló profuso. Si no lo justifican 400 robos diarios, desapariciones y asesinatos frecuentes de choferes, el diessel por las nubes y la indolencia de gobierno, entonces qué lo justifica, señora secretaria. Antes se manifestaban por cualquier pretexto y hasta pervertían legítimos movimientos sociales. Hoy que nadie se mueva, manifestarse es un agravio al buen gobierno. No tienen madre.

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Lo que hizo Pérez Cuéllar, el domingo en la Plaza de Armas, fue reconocer a Marco Bonilla como el candidato a vencer. Al sentirse muy ufano por el evento frente a la Presidencia Municipal, sin darse cuenta está otorgando esa categoría al edil chihuahuita. Nadie puede moverse más que la pelota, Cruz lo sabe pero sus delirios por ser trastornan su mente.