Todo régimen que gobierna sobre la lógica de que puede desvirtuar la realidad, está destinado al fracaso y al descrédito social. Es lo que hizo López Obrador durante los seis años, imponer su voluntad con la narrativa de los “otros datos”. Millones creyeron en él con fe ciega, tarea en la que fue tan exitoso que su palabra era medida de lo bueno y lo malo, lo justo e injusto, lo decente y corrupto. Pudo engañar durante mucho tiempo, sintiéndose tan absoluto que hizo las más descabelladas declaraciones sin sufrir consecuencias: “Ordené la liberación de Ovidio”, “Protejo a las narcotraficantes porque también son pueblo”, “tenemos el mejor sistema de salud del mundo”, “para qué dos pares de zapatos”, “salgan y abrácense (durante la pandemia)”.
Muy amplio el catálogo de sus desfachateces y sin embargo mantuvo el control de la narrativa, dominó sin oposición a la opinión pública nacional. Los dichos de sus mañaneras eran replicados con devoción de fraile dominico por sus acólitos en todo el país, eran legiones de alucinados defendiendo sus más alocadas insensateces. El país está tocado de muerte por dos grandes irresponsabilidades de aquel farsante: las finanzas a punto del colapso por la deuda que contrajo, pronto impagable, y el empoderamiento de los grupos criminales en la política nacional, actuando soberanos en grandes franjas del territorio nacional. Ambos explican la inviabilidad actual de México como país, en esa dirección vamos derecho al abismo. Estábamos encaminados desde el sexenio pasado, pero la magia embaucadora de López Obrador salvó la cara de su partido, Morena.
Aquellos excesos están explotando entre las manos de Sheinbaum, sin que pueda hacer nada para evitarlo. Ha perdido el control de la narrativa, hoy los Estados Unidos marcan el tono y nuestra presidenta baila, sin gracia, al son que le tocan. Está perdiendo la batalla en la opinión pública, descuido en el cual deja ver las grotescas costuras de un régimen corrompido que pretendieron hacernos pasar como impoluto. No es que sea lerda o incompetente, su problema es que recibió un país colgado de alfileres. Rocha Moya, Adán Augusto y la pandilla completa de narcopolíticos son herencia de López Obrador, la deuda brutal y las megaobras pesimamente mal construidas también. Encima, recibió o hizo suyo el compromiso de “cuidar el legado” y colocar el segundo piso. Está comprometida con una herencia de muerte, corrupción, delincuencia y mentiras. Ahora le resulta imposible defenderlo sin descredito social.
El gobierno de Trump leyó muy bien y a tiempo la debilidad de nuestra presidenta y la precaria estabilidad nacional, cargando contra ella inmisericorde, seguro de tomar ventaja para sus intereses personales y los de su país. No la sueltan y, peor para Sheinbaum, golpean donde duele; la herencia maldita del ex. Trump y sus analistas saben que ahí no tiene defensa, vean el caso Sinaloa, los otros gobernadores con fama de corruptos y el huachicol. Nuestra presidenta no puede hacer nada, actuar contra ellos y afianzar su gobierno significaría destrozar “el legado”, atentar contra el “movimiento”. Su apremiante situación admite una pregunta: ¿se hundirá defendiendo a los delincuentes de su partido, Morena, o reaccionará para salvar su gobierno y alejar al país de la catástrofe?. Lo que hoy vemos es que puede más su profesión de fe al caudillo, más incluso que su propio gobierno. Sostengo que prefiere morir leal que vivir traidora al movimiento.
Queda la extensa introducción para explicar que no es Maru Campos la gobernadora en apuros. Son ellos, los que reivindican la demagogia populista como el mejor sistema de gobierno, los que están en serios aprietos. La permanencia del régimen pende de un hilo, un hilo cada vez más desgastado. A Maru están creándole un conflicto artificial, la soberanía es un concepto hueco para el común de la gente. Sheinbaum tiene sobre sus hombros la presión del gobierno más poderoso del mundo. Estados Unidos actúa con hechos sobre delincuentes del sistema; la demagogia del régimen actúa con palabrerías, forzando situaciones insostenibles en las leyes mexicanas. La Justicia norteamericana ya pidió al primero, un personaje que tiene vínculos directos con el jefe del movimiento, y altos funcionarios de aquel país avisaron (no es advertencia, es aviso), que lo de Sinaloa es apenas el comienzo. ¿Como reaccionará Sheinbaum cuando pidan a otros o, su terror, que vengan comandos armados por ellos?. Esos son problemas reales, los de Maru inventados.
López Obrador recibió en Chihuahua su primera gran derrota, el macizo y legitimo movimiento en favor del agua demostró que no era invencible. Resistió, sin embargo, sin hacer gestos, era un presidente muy fuerte. Aquí Sheinbaum también sufrirá otra derrota, en su caso una más. ¿Cómo la gestionará estando tan debilitada como está y teniendo encima la presión de los Estados Unidos?. Ahí es donde quiero verlos, todavía no se llevan al primero y ya les robaron hasta la risa. Estoy de acuerdo con el director de la DEA, en versión chihuahuita les digo que apenas está empezando y, recordando las burlas del farsante, agrego que “lo mejor está por venir”. Imaginen cuando aprieten más en Estados Unidos y cuando el Chihuahua bronco despierte. Muy orondos se paseaban los aspirantes oficialistas creyendo que estaban solos, les ha costado pero se dieron cuenta que no. Para que vayan midiendo lo que viene adelantito.
Rompeolas

















