José Fernández Zaldívar gana unos 9 dólares al mes barriendo el bulevar de San Rafael, una concurrida vía peatonal de La Habana donde empuja un carro lleno de la basura que recoge.
Fernández, de 79 años, regresa a su casa en Centro Habana solo para encontrar más basura. Una acumulación de desechos —botellas de plástico, mazorcas de maíz y más desperdicios que atrae enjambres de moscas— bloquea la entrada de su casa.
“A veces la basura se desborda tanto que me cubre la entrada de la casa y no puedo salir”, dijo. “Entonces, como me cuesta sacar los carros, tengo que abrir un trillo entre la basura”.
La acumulación de montones de basura se ha convertido en uno de los signos más visibles de la crisis en Cuba, mientras el gobierno afirma que sus reservas de petróleo se agotaron. Con poco combustible para hacer funcionar los camiones de basura, los montones de desechos —algunos de más de un metro de altura y que abarcan media cuadra de largo— se han convertido en parte usual del paisaje de La Habana, la capital cubana.
Para hacer frente a la situación, la gente ha empezado a prender fuego a la basura.
“Hay demasiada basura”, dijo Fernández. “Yo no sé de dónde sale”.
Las pilas de basura se han convertido en símbolo de las consecuencias extremas del bloqueo petrolero del gobierno de Donald Trump contra Cuba. Pero el problema persiste desde hace más de una década y refleja la dificultad de Cuba para prestar servicios básicos con una economía estatal centralizada, ampliamente criticada y asfixiada por el embargo comercial estadounidense. En consecuencia, muchos cubanos consideran que su gobierno tiene tanta responsabilidad como el embargo.
Los expertos en salud pública advierten de que la proliferación de basureros amenaza con provocar una explosión de enfermedades transmitidas por mosquitos este verano, sobre todo a medida que los apagones prolongados se hacen cada vez más frecuentes.
El dengue, chinkunguña y otras enfermedades transmitidas por mosquitos se han vuelto cada vez más comunes en Cuba. Los montones de basura y el agua estancada atraen a moscas, mosquitos y otras alimañas, lo que probablemente propagará más enfermedades en un país donde incluso el gobierno reconoce que su sistema de salud pública está sometido a graves tensiones.
El gobierno cubano no respondió a las solicitudes de comentarios, pero ha sido franco en sus comentarios públicos sobre el problema de la basura.
“Es verdad que nos faltan recursos, pero también nos ha faltado más iniciativa, más exigencia, prioridad”, dijo el primer ministro Manuel Marrero a finales del año pasado en el periódico estatal cubano Cubadebate sobre la crisis de la basura.
El problema es especialmente grave en barrios urbanos densamente poblados como Centro Habana, una zona obrera deteriorada donde los edificios se derrumban cada cierto tiempo.
La basura de las calles Concordia y San Nicolás del barrio se acumula tanto que puede cubrir media cuadra, ocupando las aceras. Los contenedores de plástico azul provistos por el gobierno quedan tan enterrados dentro de los desechos que ya no son visibles.
A veces, en lugar de camiones de saneamiento, se necesitan montacargas para llevarse la basura.
En la calle San Martín del municipio del Cerro, al suroeste del centro de la ciudad, dos basureros informales compiten en tamaño.
Uno de ellos, en sus peores días, se extiende por unos 36 metros, aproximadamente la longitud de 11 coches estacionados. El otro es redondo y, en una visita reciente, alcanzaba un diámetro de unos 6 metros.
No había contenedores de basura.
Cuando llueve en esta zona propensa a las inundaciones, la basura flota y a veces es arrastrada por el agua. Al principio, la gente se sintió aliviada, creyendo que el clima había dado por fin una solución para limpiar el desastre. Pero cuando deja de llover, los desechos quedan esparcidos por toda la calle, dijo un residente.
Aunque recientemente pasó una excavadora para despejar la basura, nuevas montañas de desechos ocuparon su lugar muy pronto.
Los residentes dicen que la acumulación de basura en el país comenzó en serio hace unos tres años, pero empeoró considerablemente este año tras el bloqueo del gobierno Trump al acceso de Cuba al petróleo venezolano, su mayor proveedor. El gobierno de Estados Unidos también amenazó con imponer aranceles a cualquier otro país que le suministrara petróleo. México, otro proveedor clave de Cuba, suspendió sus envíos.
Las medidas forman parte de una campaña de estrictas sanciones estadounidenses destinadas a paralizar al gobierno de Cuba. El embargo comercial estadounidense vigente desde hace décadas ha dañado la capacidad de Cuba para generar divisas, limitando su posibilidad de mejorar la infraestructura y adquirir equipos necesarios, como camiones de basura.
Los expertos señalan que el fracaso del gobierno en revisar y cambiar su ineficiente sistema económico para aflojar el control estatal sobre casi todos los sectores, desde la agricultura hasta el comercio, también ha jugado un papel importante en su crisis de liquidez.
La cobertura por parte de los medios de comunicación estatales cubanos de las dificultades para recoger la basura es anterior a la llegada de Trump al poder.
En 2014, el periódico gubernamental Granma atribuyó la “inestabilidad en la recogida de los desechos sólidos” a la falta de contenedores y camiones especializados, agravada por la “indisciplina popular, el descontrol y la débil política de cuadros de un sector que busca, con medidas emergentes, enrumbar el camino de la basura”.
La principal autoridad en la gestión de residuos del gobierno ha señalado que La Habana necesita hasta 30.000 contenedores de basura, pero solo contaba con 10.000, muchos de ellos en mal estado. En 2019, el gobierno japonés donó 100 camiones de basura, pero cinco años después, el periódico estatal cubano informó de que habían empezado a averiarse.
Para este año, los medios de comunicación estatales informaron de que solo 44 de los 106 camiones colectores de La Habana estaban en funcionamiento. La ciudad había esbozado decenas de soluciones, incluida la creación de rutas de recogida designadas, según Cubadebate, la publicación estatal.
El gobierno cubano anunció el pasado noviembre que la empresa siderúrgica estatal produciría 40 nuevos camiones de recolección de basura. El gobierno ha enviado soldados y trabajadores de otras entidades estatales, sin funciones por falta de combustible en sus propios puestos de trabajo, para ayudar a recoger la basura.
Un hombre asignado hace poco a la recolección de basura explicó que trabajaba para la empresa estatal de construcción.
Los medios de comunicación estatales han señalado un vínculo entre la proliferación de suciedad y un aumento de enfermedades veraniegas, como vómitos y diarreas, leptospirosis asociada a ratones y dengue, zika, chikunguña y oropouche.
El Centro de Neurociencias de Cuba (CNEURO) emitió en febrero una advertencia sobre los graves riesgos para la salud que conlleva quemar basura en las ciudades, señalando que el humo tóxico puede causar daños neurológicos en los niños.
Marta Ramos Soler, enfermera, vive en el Cerro junto a lo que parece un vertedero pequeño, con un cráter de desechos que se detiene a unos 14 metros de su puerta.
El gobierno ha intentado instalar contenedores de basura, pero fueron destruidos después de que la gente prendiera fuego para deshacerse del exceso de basura.
“Hay más basura y la recogen menos”, dijo.
Ramos dijo que tanto ella como su hijo y su suegra contrajeron el año pasado la chinkunguña, una enfermedad viral que provoca un dolor articular debilitante, el año pasado.
“Estoy cansada de vivir de la fetidez, de los desechos, con roedores y cucarachas”, dijo Ramos.
Los expertos señalan que el gobierno podría hacer más, como establecer un programa formal de reciclaje sólido, para reducir la cantidad de basura.
Un estudio alemán realizado en 2018 concluyó que las dos principales causas de la insuficiente recogida de residuos en La Habana eran los problemas mecánicos, como los camiones de basura averiados, y la falta de motivación entre los residentes y los recolectores para mantener limpios los barrios.
“No es correcto decir que todo esto se trata del bloqueo de Trump. Esto ha sido un problema desde que tengo uso de razón”, dijo Ricardo Torres, economista cubano que actualmente es investigador en la Universidad Americana. “Se trata de recursos y administración”.
Torres recordó haber asistido a un evento diplomático en 201

















