Los calificativos con que López Obrador cierra su extensa homilía hablan de un ser inestable, asustado, fuera de sus cabales: “mande al carajo -le pide a Trump- a las rémoras que lo rodean y azuzan, tratase de quien se trate, sean paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizones, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados (e hijos de la gran puta, le faltó para cerrar). Esa letanía de calificativos degradantes endilgó el ex presidente a los “conservadores de ultraderecha” que azuzan al presidente norteamericano contra México. ¿Quiénes tomaron nota de la extensa lista de improperios? Para empezar Marco Rubio, secretario de estado; JD Vance, vicepresidente; Ronald Johnson, embajador en México; John Ratcliffe, director de la CIA; Terry Cole, director de la DEA y no se cuantos más a los que considera “rémoras” en el gobierno de Trump.
Reaccionar con esa vulgar ferocidad contra los principales funcionarios de la mayor potencia militar y económica del mundo, además nuestro vecino de cuya economía dependemos como país, solo encuentra explicación lógica desde los desvaríos de alguien que teme por su vida o su seguridad, que se siente acorralado, en apuros y no le queda otra más que lanzar dentelladas al viento. Obviamente escribió el texto alguno de sus varios amanuenses, está bien redactado. Pero él, artista del insulto, seguramente recomendó la cadena de improperios. ¿Recuerdan los insultos en las mañaneras contra periodistas incómodos y opositores?. En la carta de ayer hizo exactamente lo mismo, su reacción estándar cuando pierde control de sí. En un gesto de subordinación voluntaria, Claudia Sheinbaum se declara satisfecha y tranquila de que haya salido en su defensa. ¿¡En su defensa!?, será sólo en la mente de la presidenta. López Obrador salió en defensa propia, al saber que todos los caminos de la justicia norteamericana llegan hasta su idílica finca en Palenque, entró en pánico y respondió de la única manera que conoce; injuriando al enemigo.
Nos entregó un documento que lo describe como ser de mente perturbada desahogando frustraciones, alguien desubicado que imagina retomar el control de la narrativa pública donde la dejó cuando salió de la Presidencia, como si el país fuese el mismo de hace dos años. Ya enlisté los calificativos contra colaboradores de Trump, los que dedica a la oposición mexicana -párrafo dos- son igualmente destemplados: “algunos funcionarios de Estados Unidos están tratando de debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México con la idea de volver a disponer de un gobierno entreguista, corrupto, mafioso y cruel y, por lo mismo, vulnerable, subordinado y fiel a los designios intervencionistas”. Otra ensarta de agravios contra “la derecha”, con el agravante de que lo dicen quien hizo el gobierno más corrupto, violento, dispendioso y criminal en la historia del país. Un presidente que se dobló a cada exigencia del “Trump buena onda” al que hoy dice extrañar. Obviamente sigue pensando que domina la narrativa nacional. Está equivocado, ahora los mexicanos conocen las nefastas consecuencias de su complicidad con los peores narcotraficantes del país, a muchos de los cuales hizo secretarios del gabinete, gobernadores, presidentes municipales, senadores, diputados. Formó una clase política nutrida en la complicidad criminal y aceitada en los millones de la corrupción gubernamental. Esos fantasmas lo seguirán a donde sea que vaya.
La carta-homilía en la que insulta sin freno creyendo que no tendrá consecuencias, como lo hizo mil veces desde la tribuna mañanera, marca el regreso de López Obrador a la vida pública del país. Su presencia constante es inminente en el debate nacional. Seguro de que van por él y por sus hijos, no tuvo más que abandonar el dorado retiro. Soñó con pasar a la historia como redentor popular y destructor de un régimen de privilegios, “la mafia del poder” y lo desquicia verse como lo que fue: el presidente que fundó un narco estado. Se ha visto en el espejo de Maduro y considera que su heredera es poca pieza para defenderlo. Está insatisfecho con Sheinbaum, a pesar de conducirse como su fiel juanita. Algo en ella no le llena o, narcisista comedor de adulaciones, necesita sentirse salvador de la patria en momentos apremiantes de la historia. ¿Recuerdan lo que dijo cuando dejó la Presidencia, sobre volver al ruedo?. “Saldría (de Palenque) para defender a la democracia, saldría para defender a la presidenta, si hay intentos de golpe de estado, si la acosan”. Por lo que dice su carta, está convencido de que llegó el momento, a su ver la democracia está en peligro y Sheinbaum bajo ataque, por los enemigos del Imperio que pretenden destruir su legado.
La Patria exige otro sacrificio de su héroe y él, abnegado siervo de la Nación, es incapaz de ignorar el llamado apremiante. Va mi espada en prenda, voy por ella. Farsante insolente, cínico protector de corruptos y delincuentes, padre de un régimen criminal y dispendioso que tiene al país al borde la crisis social y económica. Sale por que agazapado lo agarran más fácil, sale en defensa de sí mismo, de sus holgazanes y corruptos hijos. Sale porque no tuvo más, su tiempo de ser presentado ante la justicia está llegando. Su salida exhibe la desesperación y debilidad del régimen. El miedo habla en su nombre, está derrotado.

















