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domingo, julio 19, 2026
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Nos han dicho que los homicidios dolosos se han reducido casi al cincuenta por ciento, en el gobierno de Claudia Sheinbaum. Exitosa estrategia, a ese ritmo en dos años más México estará libre de asesinatos. Es muy sencillo, sigan dejando de contar a los muertos como López Obrador dejó de contar a los desaparecidos y asunto resuelto, se acabó la violencia en el país. Su problema es que no es asunto de propaganda ni de aritmética, ayer lo demostró Zacatecas exhibiendo el peor rostro de las organizaciones criminales. No sólo matan sabiéndose impunes, hacen ostentación de sus crímenes. Colgar a los muertos en un puente a la vista de todos es un acto que reivindica su actividad criminal. Los asesinos, materiales e intelectuales, se saben impunes y se creen con derecho a gritar que la fuerza de sus armas es la ley.

Son escenas de horror que hemos normalizado, entristece verlas como cosa común en nuestro querido México, por su grotesca crueldad dan la vuelta al mundo haciéndonos pasar como un país de bárbaros, una sociedad sin leyes acostumbrada a convivir con la muerte. Y más tristeza da cuando nos percatamos que, ciertamente, somos un país donde mandan los criminales, donde se han impuesto sobre los gobiernos electos, donde unos y otros son los mismos. Hoy no existe una línea que distinga entre organizaciones criminales y gobiernos constitucionales, no podemos saber dónde empiezan unos y terminan otros; los gobernantes hacen negocio con los criminales y los criminales son elegidos gobernantes.

Esa línea quedó borrada desde que López Obrador (hay que decirlo cuantas veces sean necesarias) decidió confraternizar con los grupos del mal, entregándoles gubernaturas, senadurías, diputaciones, presidencias municipales, cargos públicos. Lo hizo a cambio de satisfacer su ambición personal de poder, en su afán por quedarse con la Presidencia del país resolvió que todo se valía y aceptó su dinero, los dejó actuar impunemente, los hizo instrumento electoral. Los abrazó frente a todo el país y se salió con la suya, ahora vemos las consecuencias; un país bajo enorme presión de nuestro mayor socio comercial y desprestigiado internacionalmente, con niveles de sangre comparables a la guerra.

Estamos así porque la narrativa triunfalista choca brutalmente con la realidad, una espantosa realidad que podemos observar al menos de tres formas objetivas: el terror de la muerte como el visto en Zacatecas, la feroz protección del régimen a sus narcogobernantes y la inestabilidad económica. Los hechos ahí están, el ecosistema criminal de Zacatecas es regla, no excepción; Rocha Moya, Marina del Pilar, Américo Villareal, Adán Augusto, Durazo, Mario Delgado y una lista interminable de políticos pertenecientes al régimen que forman parte de organizaciones criminales o aceptaron su dinero para campañas electorales y enriquecimiento personal; y la pérdida de empleos y oportunidades de inversión por la incertidumbre de no haberse firmado el Tratado de Libre Comercio.

Tengo la percepción de que ya no les importa nada, empiezan a dejar de fingir porque consideran cumplido el ciclo de secuestrar a las instituciones democráticas y porque ya no pueden tapar el sol con un dedo. Devastada la Justicia con el burdo fraude del acordeón, secuestrados los organismos electorales que les asignaron mayorías espurias en ambas cámaras, tendida una amplia red de cuarteles a lo largo y ancho del país para disuadir futuras movilizaciones, ¿qué más podrían necesitar en su afán de instalar la dictadura?. Nada, que las matanzas continúen, que sus gobernantes sigan hinchándose de dinero sucio, que la economía colapse y las deudas nos alcancen. A ellos que les preocupa, lo suyo es gobernar en la anarquía y la miseria, en su concepto de gobierno están en el camino correcto; la devastación nacional. Todo en orden, y el día de las elecciones ya tienen a su INE y Trife, si algo falla para eso está la Justicia del acordeón y si algo sale muy mal ahí está la Guardia Nacional.

Están convencidos de que completaron el ciclo para instaurar la dictadura que les permita seguir en el poder hasta depredar al país por completo, parasitarlo hasta que no aguante más. Pero han cerrado los ojos a las nubes en el horizonte: La región y el mundo se mueven a la derecha que tanto temen, el poderoso vecino ejercerá cada vez mayor presión y, sobre todo, la voluntad del mexicano en conservar su libertad. Pueden socavar las instituciones democráticas y corromper al Ejército, pero no revertir la corriente internacional ni cancelar los anhelos libertarios de un pueblo que ya se percato de su infamia. Llegaron tarde y en mal momento a la fiesta de la demagogia populista, transitan un camino cancelado.

La Weba se va de vacaciones, dos semanas dejará descansar a sus lectores. Nos vemos entonces.