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domingo, junio 7, 2026
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Hoy son las elecciones a diputados locales en Coahuila, dieciseís distritos y nueve plurinominales. Ahí el PAN decidió competir solo, sabiendo que lleva las de perder frente al PRI dominante en esa entidad. Supuestamente le habrían ofrecido cuatro distritos para ir en alianza con el PRI, los rechazó. En la tarde o mañana conoceremos los resultados de la decisión, se supone que ganará el PRI holgadamente, pero lo interesante es ver cómo queda el PAN, algunos dicen que incluso puede perder el registro.

Las alianzas siguen siendo tema principal para la elección del próximo año y las opiniones entre panistas son variadas. Marco Bonilla, por ejemplo, asegura que haría alianzas hasta con el diablo, con tal de ganar. Es una postura muy de quien busca el triunfo a cualquier precio, Oscar Flores decía que, en campaña, hasta golfas y cabrones. Tiene razón el edil y la tuvo el exgobernador, en una elección lo primero es ganar, luego ya se vería.

El problema es que la dirigencia nacional del PAN hizo ejercicios demoscópicos y encontró que colocar su logo junto al del PRI implica un alto descrédito social. Resta en lugar de sumar. Romero y los otros dirigentes han sido muy contundentes en rechazar cualquier posibilidad de competir junto al PRI. Se convencieron de que pierden, por eso votaron el acuerdo de ir solos en la pasada asamblea y lo han ratificado en los hechos, el caso de Coahuila es uno muy claro.

A ellos no les convencen las sumas aritméticas simplonas de los últimos resultados electorales, saben que los votos no se trasfieren en de un partido hacia otro en forma automática. Pero hay una obviedad política que todo dirigente debe tener presente; la necesidad de que los partidos de oposición hagan fuerza común contra el ogro electoral llamado Morena. Ahí entra en juego la inteligencia política, donde hay voluntad todo se puede.

Si el logo del PRI resta, está bien, que le hagan el fuchi. Sin embargo es poco inteligente rechazar alternativas fácticas que potencien candidaturas a presidentes municipales y diputados cuyo fin general sería contribuir a la gubernatura. Es cuestión de identificar áreas de oportunidad con sinceros criterios electorales y promover a los mejor posicionados, con independencia del partido.

Tampoco es tan sencillo como reunir a diez mentes brillantes a que repartan posiciones, en esos casos cada quien hace las interpretaciones a su medida. Por ejemplo, queriéndose cotizar alto, Alejandro Domínguez ha dicho que sin alianzas el gran perdedor sería el PAN, pues perderían la gubernatura y meterían en la cárcel a los funcionarios del gabinete. En cambio ellos conservarían su diez por ciento y en consecuencia presencia en el Congreso. Falso, el PAN puede perder, si, pero el PRI perdería hasta el registro y se quedaría sin nada. No obstante esa realidad objetiva (la votación del PRI va en caída libre), Domínguez jamás la reconocería.

¿Qué alternativas existen, entonces, para que los partidos opositores unan fuerzas contra Morena? Estando canceladas las alianzas formales por el CEN del PAN y conociendo las ambiciones mezquinas de muchos dirigentes preocupados por su interés personal, la única opción es que las dirigencias locales de Acción Nacional hagan un sincero ejercicio de generosidad política e involucren en su campaña a valiosos liderazgos regionales del PRI o de otros partidos, apoyándolos política y económicamente. Para que acuerdos así tengan éxito, sería preciso dejar fuera de las negociaciones a la dirigencia del PRI. Con ellos no llegarían a ningúna parte.

También aquí hay otro tema. Los panistas más radicales están convencidos de que todas las candidaturas deben ser para ellos. Pensar así es de mentes muy inanes, a Maru la hicieron ganar los votos de muchos priistas y de otros tantos ciudadanos sin partido. Hay conciencia social y política en el votante chihuahuense, la mayoría no ve las siglas sino al candidato, valoran y entienden las condiciones generales de cada elección. Esos panistas tampoco deben ser escuchados, entorpecen posibles acuerdos superiores.

Hasta antes de la persecución contra Maru, en el humor social prevalecía la idea de que Morena ganaría la elección, inevitablemente. Es más, muchos estaban seguros que la gobernadora entregaría la entidad, igual que otros en el pasado reciente (Corral quiso entregar y no pudo). Esas dos premisas quedaron conjuradas en las últimas semanas, Morena se exhibió como partido mediocre al fracasar estruendosamente durante la marcha pasada, hicieron el ridículo. Y ahora nadie tiene dudas de que Maru jamás entregará, de que el “hasta donde tope” va en serio.

Las condiciones electorales han cambiado en todo el país, la gente aceptó como cierto que Morena es un narco-partido, mote que ya no se quitará jamás. En Chihuahua cambiaron todavía más, por el liderazgo nacional adoptado por la gobernadora Campos tras la feroz persecución en su contra. El régimen cae a pedazos aceleradamente, pero es necesario mantener el impulso social que catalice su caída. Más que acuerdos partidistas, que son importantes y deben realizarse, lo fundamental es hacer de la lucha electoral un portentoso movimiento social.

La concentración social del sábado pasado en apoyo a Maru fue fenomenal, supongo que incluso superó las expectativas de sus organizadores. Pero si los dirigentes del PAN creen que pueden ganar las elecciones por sí mismos, empezarán las campañas derrotados. La gente quiere participar, está convencida que Morena es un partido de corruptos y criminales que terminará hundiendo al país. Ven con absoluta claridad y real temor que su futuro está en peligro. Por el bien del país y de Chihuahua, que las ambiciones políticas de unos no entorpezcan el impulso ciudadano. La rueda de la política está girando hacia la libertad, dejemos que avance.