La contradicción de un partido cuyo poder es absoluto, es su temor a las urnas. Morena es ejemplo, se adjudicó una mayoría parlamentaria espuria, alineó la Justicia a sus intereses, distribuye un billón de pesos anuales en su promoción particular, miles de jóvenes recorren el país asegurándose de que dicha inversión sea traducida en votos, hace uso ilegal de las instituciones intimidando sistemáticamente a opositores, sometió a los organismos electorales, invierte cantidades multimillonarias en comprar encuestas favorables. ¿Qué puede pedir, que no lo tenga?. Nada, su dominio en el país es total. Sin embargo muestra un pavor irracional a las urnas, ¿por qué?. Por que los ideólogos y estrategas conocen su debilidad; es un gigante con pies de barro, un tigre de papel, una fachada de plastilina.
Imaginemos por un momento, utópicamente, que vivimos en una democracia madura y nuestro gobierno es respetuoso de las instituciones. En ese caso el dinero de los programas asistenciales sería utilizado con criterio de necesidad social no interés electoral, tendríamos leyes favorecedoras a la libre competencia política, consejeros y funcionarios del INE garantizarían elecciones equitativas, transparentes, ordenadas y los magistrados del Trife sentenciarían conforme a las leyes vigentes. Saldrían sobrando los agentes electorales, miles y miles, que trabajan para Morena pagados por el gobierno y los funcionarios del Ejecutivo (los ejecutivos estatales) se abstendrían de participar en los comicios. Los candidatos de cualquier partido, obviamente tendrían las mismas condiciones competitivas.
¿En un país así, sueños democráticos, qué posibilidades tendría de ganar elecciones un partido cuyo líder supremo abandonó sus deberes de Presidente abrazando a los criminales y cediéndoles amplias franjas de territorio nacional, que cargó a las finanzas nacionales con una deuda superior a los seis y medio billones de pesos, que solapó un desfalco de 600 mil millones de pesos a las arcas nacionales, que protegió a funcionarios ladrones acusados de robar 15 mil millones de pesos, que todos los días mintió con cinismo frente al país, que protege a gobernadores vinculados a grupos criminales, que sus hijos son investigados por diversos delitos, que hizo colapsar los sistemas de Salud y Educación, que prometió acabar con la corrupción y la llevó a extremos inimaginables y que su heredera en la Presidencia optó por estar al servicio del partido cuyo líder hizo todo lo anterior, sin tener en cuenta que su proceder pone en riesgo la estabilidad nacional y detiene el crecimiento económico del país?.
Estoy seguro de que no tendría ninguna posibilidad de ganar, por eso necesitan los agentes electorales, mantener el ciclo de endeudamiento para inducir el voto, amedrentar a opositores con las instituciones de justicia y seguridad, recurrir a la mentira como narrativa estándar, invertir cantidades demenciales en propaganda. Necesitan esa batería de recursos ilegales como el ladrón a la oscuridad, sin ellos quedarían a merced de la voluntad popular y, profundamente antidemocráticos, jamás harán esa apuesta. Saben que, pese a las enormes ventajas, corren altos riesgos de perder la elección; el descredito social es tan poderoso como los recursos ilegales de los que disponen. Por eso, además de lo anterior, necesitan la garantía de “ganar” las elecciones contra la voluntad popular.
En esas están ahora, preparando un fraude en previsión de perder. Antes destruyen al país que reconocer una derrota, la enseñanza del líder. El temor a las urnas los radicaliza, encuentran insuficiente tener para ellos a la mayoría de los consejeros electorales del INE y a la presidenta Taddei, así que despiden de la Secretaría Ejecutiva a quien no conceden suficiente compromiso con el “movimiento”, a pesar de dar innumerables muestras de lealtad, me refiero a Claudia Espino. En su lugar impusieron a un incondicional de Taddei, rechazado anteriormente por los consejeros. Ese cambio acabó con posibles dudas sobre el compromiso de quienes integran el INE, ahora sabemos con absoluta certeza que sus funcionarios, desde el más modesto hasta la Presidenta, trabajan para Morena.
Pero ni así quedan satisfechos, como no han podido eliminar de la ley la representatividad de los partidos, validaron los votos planchados de manera que esos funcionarios leales puedan marcar votos ilegales sin el engorro de tener que meterlos a las urnas, a la hora del cierre cuenta mucho el tiempo. Es una aberración electoral que se atrevan a defender y además con cinismo inaudito. Encima de todo lo anterior, aprobaron un último candado: anular elecciones perdidas bajo cualquier sospecha de intervención extranjera.
Tenemos en curso un asalto a la voluntad nacional. Ya no les importa simular; “o ganamos las elecciones o arrebatamos, pero jamás reconoceremos una derrota”, es otra de las lecciones que les dejó el líder. En esas están, irán depurando el catálogo de chanchullos, es lo que saben hacer y lo hacen con devoción de catecúmenos en tiempos de Cuaresma. Contra este fraude en proceso, cuatro acciones específicas necesita emprender la oposición: cuidar las casillas con representantes bien provistos y capacitados, promover la participación de observadores internacionales, hacer encuestas de salida y organizar a la sociedad para que se manifieste defendiendo el voto. En las urnas, el corazón de la elección, está la única opción de triunfo, hacerla efectiva es la primera obligación de los partidos opositores y de los mexicanos libres. Mientras el voto se cuente y el resultado sea colocado afuera de la casilla, la esperanza permanece. A eso le temen, por eso preparan el fraude. No lo permitamos, si hemos visto los colmillos del coyote, evitemos que se coma las gallinas.
















